Muerte de Wifredo el Velloso, pintada por P. A. Béjar
Historia
El dato histórico que irrita al nacionalismo: el origen medieval de Cataluña es profundamente hispánico
La Marca Hispánica carolingia no es, como algunos pretenden, un hecho diferencial catalán, sino que está imbricada en la historia de España
De un tiempo a esta parte, el nacionalismo catalán ha visto en la Marca Hispánica el origen que diferencia a Cataluña del resto de España. Este concepto viene del siglo VIII, cuando los carolingios gobernaban Francia y utilizaban marcas, o fronteras, para delimitar su imperio respecto a otros pueblos.
Si hablamos de la Marca Hispánica, estaba delimitada por los ríos Segre, Cardener y Llobregat, y separaba los territorios carolingios de los del Al-Ándalus musulmán. Aunque estos últimos cruzaron los Pirineos, llegando a Narbona, fueron derrotados por los carolingios liderados por Carlos Martel en la batalla de Poitiers, en el 732. Gracias a esto los francos cruzaron los Pirineos y conquistaron Gerona, en el 785, y Barcelona, en el 801.
La Marca Hispánica fue creada por Carlomagno en el 795 como estrategia defensiva, para protegerse de los musulmanes. Entre los condados que formaban parte de este territorio estaban los de Ampurias, Rosellón, Barcelona, Gerona, Besalú, Osona, Cerdaña, Pallars, Urgel, Vallespir y Ribagorza. Con el tiempo, estos –que dependían de los monarcas carolingios– se independizaron debido a la decadencia de los francos.
Sin estructura jurídica propia
Con todo, cabe destacar que este conjunto de condados no tenía una estructura administrativa unificada propia: la Marca Hispánica nunca tuvo valor jurídico, sino que era una denominación fronteriza de los territorios carolingios con los hispanos dominados por los musulmanes. Eran territorios que dependían políticamente de Aquisgrán y religiosamente de Narbona, hasta que en el 1154 el papa Anastasio IV otorgó a la sede de Tarragona el título de metropolitana.
Mapa de la Marca Hispánica en el 814
En el momento que empezaron a independizarse del Imperio Carolingio, no formaron territorios aislados. Todo lo contrario: se unieron en la lucha con otras provincias hispanas para expulsar a los musulmanes. La independencia de estos territorios que conforman, en buena parte, la actual Cataluña no debe leerse como un hecho diferencial en el origen de la misma, ya que se dio en el contexto de la Reconquista y con un marco más amplio.
Un ejemplo lo encontramos en el 1010, cuando el conde de Barcelona Ramón Borrell, el conde de Urgel Ermengol I y los obispos de Barcelona, Vic y Gerona participaron en la expedición contra Córdoba. Fue una campaña militar catalana para ayudar al califa Muhammad II contra su rival, Sulaymán al-Musta’in.
Hasta Córdoba viajaron 9.000 soldados. Entraron en la ciudad y persiguieron a los musulmanes hasta Algeciras. A finales de julio de 1010 regresaron a sus condados habiendo perdido 3.000 soldados. Como escribió el medievalista Santiago Sobrequés:
También los condados catalanes, vinculados a la Corona de Aragón, participaron el 16 de julio de 1212 en la batalla de las Navas de Tolosa, bajo el mando de Pedro II de Aragón. Los condados aportaron tropas, incluyendo caballeros y soldados de a pie, así como recursos financieros y logísticos para la campaña. La participación catalana fue fundamental para la formación de la coalición cristiana y para la victoria final.
Entre los que lucharon en las Navas de Tolosa destacamos al obispo de Barcelona Berenguer de Palou, el conde de Urgel Guerau IV de Cabrera, el conde de Ampurias Hugo IV, Sanc de Cerdaña, el vizconde de Cardona Guillem I y su hijo Ramón Folch, Guillem IV de Cervera y su hijo Ramón, Guillem Aguilló de Tarragona, o Dalmau de Creixell. Por no hablar de que Jaime I ayudó al rey Alfonso X el Sabio en la toma de Murcia (1265-1266).
El reinado de Jaime I
Hasta el reinado de Jaime I (1213-1276), Cataluña no existió como tal. Era un conjunto de condados independientes, aunque vinculados a la Corona de Aragón, como hemos visto. El único condado que heredó Jaime I, al ser proclamado rey, fue el de Barcelona. Durante su reinado se integraron a la Corona los de Urgel, Rosellón, Cerdaña y Mallorca. Estos los heredaron su hijo Pedro III (1240-1285) y los sucesivos reyes de la Corona de Aragón.
Y es a partir de ese momento cuando se consolida el territorio como entidad política, siendo Barcelona la capital. Ahora bien, esa consolidación surgió bajo la Corona de Aragón. Los antiguos condados de la Marca Hispánica, gracias a esta incorporación, y bajo el reinado de Jaime I, consiguieron formar un ente jurídico y militar consolidado que se acabó llamando Cataluña.
Esta realidad dista mucho del pensamiento nacionalista catalán, que sigue defendiendo la independencia de un ente que nunca existió, para consolidar una argumentación carente de base histórica. Aunque a algunos les pese, el origen y desarrollo de lo que luego será Cataluña, tiene sus raíces en la Reconquista.
'La rendición de Granada', de Francisco Pradilla (1882)
Hay una actuación conjunta, de ayuda militar, para derrotar al enemigo musulmán y con un objetivo común. Y esa actuación la llevaron a cabo porque sabían que la futura Cataluña formaba parte de Hispania. Y no solo sus habitantes, sino los reyes y condes lo tenían claro. Siguiendo con Jaime I, al referirse a su padre, Pedro II de Aragón, lo define como: «El más franco de cuantos hubo en España».
Con lo cual, teniendo en cuenta lo expuesto, debemos descartar que la Marca Hispánica sea el origen que diferencia Cataluña del resto de España. Todo lo contrario. La futura Cataluña fue una pieza clave de la Reconquista y ese espíritu les llevó a incorporarse a la Corona de Aragón durante el reinado de Jaime I.
La historia de Cataluña es profundamente hispánica e imposible de ocultar. Esto es lo que le duele al nacionalismo catalán que, si pudieran –y, de hecho, algunos lo han intentado– borrarían este periodo de la historia.