El presidente del Consell República, Jordi Domingo.

El presidente del Consell República, Jordi Domingo.(EFE/Toni Albir)

El independentismo catalán propone cambiar la hora para diferenciarse de España

Jordi Domingo plantea en VilaWeb que comercios y entidades adopten el horario de Greenwich como gesto de rebeldía, aunque admite que bastaría con una minoría del 2%

La deriva del independentismo catalán encuentra nuevas expresiones en tiempos de vacío estratégico. Jordi Domingo, al frente del Consell de la República tras la salida de Carles Puigdemont, ha lanzado una propuesta tan simbólica como reveladora: que el soberanismo adelante sus relojes una hora respecto al resto de España.

En una entrevista concedida a VilaWeb, Domingo defiende que profesionales autónomos, pequeños negocios y entidades del independentismo adopten el meridiano de Greenwich en lugar del centroeuropeo. La lógica, según explica, pasa por comportarse «como si ya fuéramos independientes». Manifestaciones, horarios comerciales y agendas laborales funcionarían con sesenta minutos de diferencia respecto al resto del país.

El argumento recupera un viejo debate: ciertos sectores soberanistas consideran que el horario actual es herencia franquista y que Cataluña debería corregir esa anomalía geográfica. Más allá de la justificación técnica, lo que busca es generar un elemento diferenciador cotidiano frente a Madrid.

Domingo reconoce en la conversación con VilaWeb que su plan tiene vocación minoritaria desde el origen. Habla de conseguir que unas doscientas mil personas —apenas una de cada cuarenta habitantes— asuman el cambio para lograr que se distinga entre «horario español y catalán». Según su visión, eso ya constituiría una victoria simbólica y demostraría soberanía.

Las limitaciones prácticas resultan evidentes. El propio presidente del Consell admite que infraestructuras como trenes y autobuses seguirían operando bajo los parámetros oficiales, «sometidos a la opresión española». Para que la medida tuviera recorrido necesitaría el respaldo de la ANC, Òmnium y los partidos independentistas, algo actualmente improbable.

El tono de las declaraciones refleja una estrategia de expectativas rebajadas. Domingo presenta el cambio horario como parte de gestos simbólicos pensados para el largo plazo, incluyendo la posibilidad de explicar a extranjeros que existe un «horario catalán» diferenciado.

Paralelamente, el Fons Nacional Català —aquel fondo de inversión anunciado este verano— también muestra estancamiento. En la misma entrevista, Domingo admite que el objetivo es dejarlo «encaminado» al final de su mandato, dentro de cinco años, lo que equivale a aplazarlo indefinidamente.

El contraste con la etapa inicial del Consell resulta notorio. Concebido como el organismo más combativo del soberanismo post-referéndum, la entidad se ha replegado hacia lo performativo mientras su influencia se desvanece. Junts ha dejado de mencionar sus iniciativas, síntoma del distanciamiento.

A pocas semanas de cumplirse siete años de octubre de 2017, estas propuestas funcionan como termómetro involuntario: el movimiento independentista oscila entre el voluntarismo declarativo y la ausencia de tracción política real.

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