Lluís Companys en Sabadell, en 1937.
Historia
El cruel «Pacto del Hambre», la alianza promovida por Companys para acabar con los Sindicatos Libres
Fue una estrategia de exclusión laboral, entre la patronal catalana y el anarcosindicalismo, con el beneplácito de las instituciones catalanas
Cuando se proclamó la II República, Lluís Companys era Gobernador Civil de la provincia de Barcelona, cargo que dejó en junio de 1931. Companys lideró un acuerdo político-sindical entre la patronal catalana, tradicionalmente conservadora, y los sindicatos CNT y UGT. Este acuerdo tuvo como finalidad aislar y dejar de contratar a los trabajadores que estuvieran afiliados a los Sindicatos Libres. Por eso, este acuerdo se conoce como el «Pacto del Hambre».
La realidad es que no fue un acuerdo oficial ni público. Es decir, no se firmó. Fue una estrategia extraoficial o tácita que unió a actores históricamente antagónicos. Para comprender este pacto es esencial retroceder a la década de 1920, marcada esencialmente por lo que se conoce como pistolerismo.
Esta fue una violenta lucha social y sindical en Barcelona, marcada por el enfrentamiento entre sindicatos anarquistas, principalmente la CNT; sindicatos patronales, como los Sindicatos Libres, y la represión gubernamental bajo la ley de fugas, con un gran protagonismo del Gobernador Civil Severiano Martínez Anido. De 1917 a 1923 hubo 267 muertos, 583 heridos y 131 resultaron ilesas. En total 981 personas sufrieron atentados o se vieron indirectamente involucradas como consecuencia del pistolerismo.
El movimiento obrero, al frente del cual estaba la CNT y los anarquista de la Federación Anarquista Ibérica (FAI), exigía mejoras laborales y salariales con métodos radicales, que incluía huelgas, boicots y atentados. Y es bajo estos parámetros cuando, algunos sectores empresariales y personalidades de la vida política, decidieron que se debía crear un sindicato que parara a los anarcosindicalistas.
Así nació la Unió de los Sindicatos Libres, al frente del cual estuvo Ramón Sales Amenós. Estos se convirtieron en una organización alternativa sindical, de corte conservador, tradicionalista, con el apoyo de importantes instituciones a nivel nacional, para ser el instrumento de represión violenta del sindicalismo revolucionario o anarcosindicalista.
Ramón Sales, en una imagen de archivo
Así pues, los Sindicatos Libres se vieron involucrados en una espiral de violencia, la cual incluyó el asesinato de líderes obreros y, en respuesta, el anarcosindicalismo respondió con atentados y asesinatos. Se calcula que, alrededor de 200 sindicalistas de la CNT fueron asesinados por pistoleros al servicio de la patronal y de los Sindicatos Libres, entre ellos a Francesc Layret, Salvador Seguí, Francesc Comas «Paronas», Pau Sabater «El Tero», Jaume rubinat, o Elías García.
El general Severiano Martínez Anido (1862-1938), fue una figura clave en la represión del movimiento obrero en Barcelona, desde su cargo como Gobernador Civil y Militar de Barcelona (1920-1922). Su método represor tuvo dos línea. Aplicó la Ley de fugas, una práctica ilegal que consistía en fusilar a sindicalistas (principalmente de la CNT) detenidos, alegando que habían intentado escapar. La otra fue respaldar y facilitar la acción de los Sindicatos Libres. Su política represiva, que muchos historiadores califican de terrorismo de Estado, logró descabezar la CNT en Cataluña, pero a costa de una inmensa crueldad y de intensificar el ciclo de violencia.
II República
La proclamación de la II República y la posterior Generalitat con Francesc Macià al frente, no disolvió estas viejas rencillas sindicalistas. Los Sindicatos Libres, que habían sido favorecidos bajo la dictadura de Primo de Rivera, perdieron su influencia. Es en este momento cuando el anarcosindicalismo vio el momento para acabar con ellos. Y en este momento que, con la ayuda de Companys, se pone en marcha el Pacto del Hambre. La crueldad del acuerdo residía en su consecuencia directa.
Esta era dejar sin empleo y, por tanto, en la indigencia o hambre, a los trabajadores afiliados a los Sindicatos Libres. La connivencia entre la patronal catalana y UGT, CNT-FAI, convertía a los sindicalistas marginados en parias laborales.
A esto debemos unir que como en su momento Martínez Anido, el gobernador civil Companys miró hacia otro lado, fomentó la colaboración entre patronal y sindicatos y consiguió controlar los elementos más inestables del sindicalismo. Dicho de otra manera, si de 1920 a 1922 Martínez Anido había favorecido a los Sindicatos Libres, Companys en 1931 dio la vuelta a la tortilla y lo fueron los sindicatos vinculados al Pacto del Hambre.
Este pacto fue un movimiento maquiavélico de Companys. Se convirtió en un político pragmático dispuesto a sacrificar a un sector de la clase trabajadora, para asegurar la gobernabilidad y el apoyo, o al menos la neutralidad, de los poderosos sindicatos mayoritarios. Companys usó su poder para validar la marginación de los Sindicatos Libres, en favor de los sindicatos que eran cruciales para la estabilidad social y política de Cataluña.
Este pacto es un reflejo de la fragilidad de la II República y de las tensiones extremas que se vivían en Cataluña. Demuestra cómo las alianzas políticas podían formarse sobre bases tácticas y excluir violentamente a minorías, aun a costa de la subsistencia de miles de familias.
En el centro, Francesc Macià y Lluís Companys, fundadores de ERC
El Pacto del Hambre fue una estrategia de exclusión laboral, entre la patronal catalana y el anarcosindicalismo, con el beneplácito de las instituciones catalanas. Un pacto cruel, en sus consecuencias, que sirvió para reconfigurar el mapa sindical catalán, a costa de la miseria de los Sindicatos Libres.
En aquel 1931 cientos de afiliados lo dejaron de ser y pasaron a formar parte de los otros sindicatos, para mantener su lugar de trabajo. Con lo cual, debido a su pérdida de apoyo, su desarticulación y las represalias, los Sindicatos Libres apenas tenían una representación significativa o contaban con un número cuantificable de afiliados en 1931, pasando a ser una fuerza residual que se desintegró por completo en los años siguientes. La CNT, en contraste, se recuperó, contando con unos 800.000 afiliados en septiembre de 1931.