Un montaje fotográfico de Pedro Sánchez, Oriol Junqueras y Carles Puigdemont

Cataluña

Guerra abierta entre Puigdemont y Junqueras por el acuerdo sobre financiación pactado en secreto con Sánchez

Junts y ERC intensifican la virulencia de sus intercambios mientras la brecha que los separa se agranda

No es ningún secreto que la relación entre Oriol Junqueras y Carles Puigdemont lleva siendo mala desde que fracasó el procés, y esta enemistad se ha instalado en sus respectivos partidos. La guerra civil en el seno del separatismo catalán se ha agudizado en los últimos días después de que el líder de ERC anunciase por su cuenta el acuerdo con el Gobierno para reformar el sistema de financiación autonómica que hoy se discutirá en el Consejo de Política Fiscal y Financiera.

Aunque unos y otros lanzan en público proclamas a la unidad independentista –Míriam Nogueras llamaba a ERC a «exprimir la debilidad» de Pedro Sánchez, y los republicanos piden a Junts defender juntos la nueva financiación, que garantiza la ordinalidad para Cataluña, pero no para el resto de regiones–, la realidad es que el mensaje más repetido entre ambos bandos vendría a ser el de «traidores».

Para los de Puigdemont, en ERC se han vendido a los socialistas. Afean a los republicanos haber firmado un acuerdo para investir a Salvador Illa en el que pusieron por escrito la aspiración de un concierto económico al estilo vasco y haberse conformado con un «café para todos 2.0» en el que hay «un poco más de café», pero en el que la «llave de la caja» sigue estando en Madrid.

Mientras que algunas voces cercanas a Junts intentan meter en vereda a los de Puigdemont –destaca el caso de Jaume Giró, que defiende un retorno al posibilismo y el peix al cove de la era Pujol–, otros organismos afines a Junts se han sumado a las críticas al modelo. Ha sorprendido el caso de la patronal Foment del Treball –presidida por el exdiputado de CiU Josep Sánchez Llibre–, que emitió un comunicado tildando de «claramente insuficiente» el nuevo modelo.

Unas palabras que indignaron al presidente de la Generalitat, Salvador Illa –según fuentes presenciales recogidas por El Periódico, en la reunión celebrada con Foment y otros agentes sociales les recriminó sus críticas y les pidió una defensa «sin ambigüedades» del modelo pactado trilateralmente entre ERC, PSC y PSOE–, y que recogen el sentir de los de Puigdemont, que ya han adelantado que se inclinan por sabotear la tramitación parlamentaria del nuevo modelo.

Los problemas de Junqueras

Las críticas de Junts a ERC por conformarse por poco se ven respondidas por el pressing conjunto de republicanos y socialistas retando a los de Puigdemont a votar «no» a un modelo que, según repiten machaconamente, supondrá una inyección de 4.700 millones de euros extra para las arcas catalanas y permitirá consagrar –al menos el primer año– el ansiado principio de ordinalidad.

"Si quieren votar en contra, que lo hagan, pero que lo expliquen”, desafiaba el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián. De momento, Junqueras ya ha pedido cita para peregrinar a la «Casa de la República» en Waterloo para entrevistarse con Puigdemont, un gesto de buena voluntad que desde Junts se recibió con miradas agrias y críticas por haberlo aireado en Catalunya Ràdio, en lugar de mantenerlo discreto.

Mientras, a Junqueras le crecen los enanos dentro de su propio partido. El presidente de la formación –desde que, recordemos, ganó por la mínima, el 52%, las elecciones internas celebradas en diciembre de 2024– ve como los corrientes internos que fueron derrotados en aquellos comicios vuelven a levantar la cabeza ante un acuerdo con los socialistas que, también internamente, consideran una claudicación.

Así, la plataforma Foc Nou critican en un comunicado que lo pactado con Sánchez «no se parece en absoluto a un concierto económico», en línea con las tesis de Junts, y que representa «un paso atrás» que no resuelve el problema «de fondo» de la financiación catalana. Según recoge Crónica Global, la candidatura rovirista, Nova Esquerra Nacional, también ve con decepción lo conseguido por Junqueras.

Tanto Junts como ERC se tiran los platos a la cabeza mientras pugnan con presiones externas e internas, mientras –como señalaba Joan López en un certero análisis en El Debate– el «huevo de serpiente del supremacismo independentista» que representa Sílvia Orriols se friega las manos ante la imagen de desunión que transmiten sus dos principales caladeros de votos.