La Misión de San Carlos, en una ilustración de Louis K. Harlow de 1895
Historia
Pioneros españoles en los EE. UU.: los catalanes que fundaron la California moderna
De Lérida, Vic o Tortosa, los voluntarios catalanes jugaron un papel clave en la expansión española por Norteamérica
En el año 1769 tuvo lugar la expedición de Gaspar de Portolá o Santa Expedición a la Alta California. El motivo de la misión era frenar el avance de los rusos e ingleses desde Alaska. La expedición partió de la Baja California por mar y tierra.
A pesar de enfrentarse al escorbuto, la escasez de víveres y un terreno desconocido, el grupo logró hitos históricos. Fundaron el Presidio de San Diego y la Misión de San Carlos Borromeo en Monterrey. Un resultado trascendental fue el avistamiento de la Bahía de San Francisco. Esta gesta consolidó la presencia española en la costa oeste de los Estados Unidos (EE. UU.), estableciendo la primera red de misiones y presidios que darían origen a varias ciudades de California.
El Monterrey de California no debemos confundirlo con el de México, en el Nuevo León. La expedición por mar estaba formada por el San Carlos y el San Antonio. Casi toda la tripulación del primero enfermó de escorbuto. Por tierra, Gaspar de Portolá y fray Junípero Serra salieron de la Baja California y caminaron por desiertos y montañas, trasportando vacas, caballos y mulas que servirían para colonizar esa tierra. Al encontrarse todos en San Diego, la situación era dramática, con muchos soldados muertos o moribundos. Por ello Portolá decidió seguir a pie hacia el norte.
El líder de la expedición, Gaspar de Portolá, era natural de Os de Balaguer (Lérida). Nombrado Gobernador de las Californias desde 1767 al 1770. A él se debe la fundación de San Diego y Monterrey. Asimismo, fue el primer europeo en documentar la existencia de la bahía de San Francisco.
En esa empresa iban entre 25 soldados catalanes que pertenecían a la Primera Compañía de Voluntarios de Cataluña. Como lugarteniente tenía a otro leridano, Pere Fages Beleta, natural de Guissona. Sustituyó a Portolá como gobernador. Lideró la exploración del valle de San Joaquín y la zona del río Sacramento.
Retrato del leridano Gaspar de Portolá, de 1750
La mayoría de estos soldados catalanes se convirtieron en soldados de Cuera, que era la élite militar adaptada a la frontera americana. Estos iban vestidos con la cuera, una pieza de piel de ocho kilos de peso que resistía las flechas de los nativos.
Aunque el uniforme oficial era un sombrero, muchos de ellos usaban barretina roja en los campamentos. La dieta era monótona. Comían gachas de maíz o trigo, carne de vaca secada al sol, tortillas de maíz y, ocasionalmente, carne de venado o de oso. Un gran aficionado a la caza del oso era Pere Fages, apodado «el oso».
Voluntarios catalanes
Aquellos hombres encontraron la bahía de San Francisco por casualidad, pues buscando Monterrey se pasaron de largo y llegaron hasta ahí. Pues bien, cuando la expedición terminó, los 25 voluntarios catalanes se quedaron para fundar y proteger el Presidio de Monterrey.
Además de Portolá y Fages debemos destacar a Pere Alberni, natural de Tortosa, que comandó la Primera Compañía de Voluntarios de Cataluña. Reforzó el Presidio de San Francisco y exploró zonas del Pacífico Norte. La ciudad de Port Alberni en Canadá lleva su nombre.
El ingeniero y cartógrafo Miquel Constansó nació en Barcelona. Sus mapas fueron los primeros que detallaron la costa californiana. O el médico Pere Prat que intentó salvar del escorbuto a los hombres del San Carlos, sin éxito al contraerlo él y quedar muy debilitado.
El que dio origen a las ciudades de San Francisco, Los Ángeles y San Diego fue el mallorquín fray Junípero Serra. También el mallorquín fray Joan Crespí. Este fue el único que documentó por escrito todos los viajes por tierra en la Alta California. Sus diarios son hoy la fuente histórica más importante para conocer cómo era esa región antes del asentamiento europeo. Además bautizó el río que daría origen a Los Ángeles, Nuestra Señora de los Ángeles de Porciúncula.
Bajó el mando del capitán Agustín Callís, que sustituyó a Fages, los soldados empezaron a casarse y a traer a sus familias desde Cataluña, transformando aquel puesto militar en una comunidad. El cabo Esteban Ruiz fue el encargado de dirigir a los soldados en sus labores de albañiles, carpinteros y agricultores ante la falta de mano de obra especializada.
Valentín Planells se encargó de la logística de los almacenes reales. Con la llegada de estos soldados Monterrey se convirtió en la capital de la Alta California. Durante 30 años la lengua frecuente en las esferas de poder era el catalán.
La Misión de San Carlos Borromeo
En la primera expedición solo viajaron hombres. A falta de mujeres el gobierno español fomentó que los soldados se casaran con mujeres mestizas o criollas de México, incluso con indígenas neófitas bautizadas. Esto dio origen a lo que se conoció como los Californianos.
Los catalanes allí instalados recibían un sueldo, pero este casi nunca era en monedas. Se les compensaba en género. Es decir, ropa, pólvora, chocolate, aguardiente y herramientas. La vida cotidiana estaba marcada por la tensión entre el Presidio y la Misión. Mientras los soldados se quejaban de que los frailes controlaban toda la mano de obra indígena y la mejor comida, estos aseguraban que los soldados daban mal ejemplo a los nativos con sus juegos de cartas, su lenguaje y sus amoríos.
Al jubilarse, solicitaron concesiones de tierras, con lo cual dieron origen a lo que podríamos llamar aristocracia ganadera de California. No solo Monterrey, también San Diego, San Francisco y Santa Bárbara tuvieron a catalanes entre sus fundadores. Un hecho curioso está relacionado con Pere Fages, que se casó con Eulalia Callis, hija del capitán Agustí Callís. Esta se negó a vivir en el salvaje Monterrey y pidió el divorcio, un escándalo para la época.
El primer arzobispo de Monterrey y San Francisco, Josep Sadoc Alemany, era de Vic; y el primer obispo de Los Ángeles, Tadeu Amat Brusi era natural de Barcelona. Otros voluntarios catalanes fueron Joan Puig, Gerónimo Planeu, Antonio Yolba, Francisco de Borja, Domingo Clua, Vicente Briones, Pascual Segura, Miquel Pericás, Jordi Cervera y Mateu Chapi.