Retrato de un gran maestre templario, por Henri Lehmann (1841)

Retrato de un gran maestre templario, por Henri Lehmann (1841)Wikimedia

Historias de Barcelona

Los últimos templarios de la Barcelona medieval: entre la historia y la leyenda

Durante casi dos siglos, la presencia de la Orden del Temple en Barcelona fue una constante

La Orden del Temple se instaló en Barcelona en el año 1134, instalándose cerca de la calle Regomir, donde fundaron Casa de Barcelona, una incorporación a la encomienda de Palau-Solità i Plegamans. Estuvieron en la ciudad hasta el 1312, cuando la bula Vox in Excelso del Papa Clemente V llevó a que sus bienes y posesiones pasaran a ser propiedad de la Orden del Hospital.

La casa del Temple estaba en el Palacio Real Menor, que después de los hospitalarios pasó a conocerse como Palacio de la Condesa, título que ostentaba la familia Requesens. Allí nació Luis de Requesens, máximo responsable con Juan de Austria de la batalla de Lepanto. Este palacio, en la época de los templarios, era una ciudad dentro de una ciudad, ya que tenían su propia jurisdicción, cementerio, huertos y establos.

La leyenda cuenta que tenían una red de túneles con los que podían llegar al puerto o salir de la ciudad amurallada. Otra de las leyendas vinculadas a ellos es que custodiaban reliquias sagradas, incluyendo el Santo Grial. También se cuenta que protegían lo que había sido el antiguo Templo de Augusto, donde hoy está el Centro Excursionista de Cataluña.

Simbología templaria

Aún hay simbología templaria en Barcelona. La iglesia de la calle Ataulfo número 4 es lo único que queda del Palacio Real Menor, y existe una calle de los Templarios, en su honor. En su tiempo fueron una pieza clave de los reyes de Aragón, y por eso eran muy respetados en la ciudad. Sin embargo, cuando a partir de 1307 empezaron a ser acusados de apostasía y de ritos secretos las cosas empezaron a cambiar.

El rey Jaime II, presionado por el Papa Clemente V, cedió a sus presiones para disolver la orden, pero los templarios no aceptaron a la primera esa decisión. El Palacio Real Menor era su fortaleza y, allí dentro, era muy difícil echarlos. El último gran comendador comprendió que el final no llegaría por las armas, sino por la codicia. Según algunas fuentes este era Ramón de Bell·lloc, que recibió del último Gran Maestre Jacques de Molay una carta el 21 de enero de 1296.

Varios miembros de la burguesía y mercaderes barceloneses, los cuales se habían enriquecido gracias a los préstamos de la Orden y a los privilegios comerciales otorgados por estos caballeros, acabaron siendo sus delatores. Al ser estos arrestados decidieron traicionarlos y dejar de pagar sus deudas.

Dibujo que representa el Palacio Real Menor

Dibujo que representa el Palacio Real MenorBarcelona entre muralles

Estos revelaron la ubicación de cámaras ocultas, túneles que conectaban el Palacio Real Menor con el mar y los benefactores de la Orden. En definitiva, conspiraron por su propio interés para sacar provecho de aquella circunstancia, pues les prometieron que podrían quedarse con una parte de los bienes confiscados.

Los últimos caballeros

La noche en la cual los últimos caballeros del Temple fueron obligados a abandonar el Palacio Real Menor para ser juzgados, según cuenta la leyenda, el gran comendador no mostró miedo, sino una gélida lucidez. Al ver que aquellos miembros de la burguesía y mercaderes entraban en el Palacio, para empezar a desmantelarlo y apropiarse de lo que les habían prometido, pronunció una sentencia contra ellos.

Lo cierto es que esta leyenda se mezcla con la de Jacques de Morlay. Este, mientras las llamas lo consumía, exclamó: «¡Clemente, yo te emplazo para que comparezcas ante el tribunal de Dios en menos de cuarenta días! ¡Y a ti, Felipe, en menos de un año! ¡Malditos, malditos! ¡Malditos hasta la decimotercera generación de vuestro linaje!». Esta maldición se cumplió.

En Cataluña fueron procesados 80 templarios procedentes de las encomiendas catalanas. El juicio tuvo lugar en el Concilio Provincial de Tarragona, que concluyó el 4 de noviembre de 1312. Todos ellos fueron declarados libres de toda culpa. Es decir, no había pruebas que los acusaran de herejía, sodomía o idolatría. Con lo cual la sentencia los absolvía y le dictaminaba que podían vivir en paz.

Aquellos hombres sobrevivieron gracias a una paga que les dio el rey Jaime II. Esta procedía de los bienes confiscados a la propia Orden. Algunos de ellos se fueron a vivir a conventos de otras órdenes, conservando los hábitos, pero ya no como militares.

Jaufred de Santa Coloma

De los templarios que vivieron en la Encomienda de Barcelona conocemos el nombre de uno de ellos. Se llamaba Jaufred de Santa Coloma y se le considera uno de los últimos, aunque hay alguna duda. En el 1319 fue enterrado en la Capilla de Santa Lucía, construcción románica integrada en la Catedral.

En la lápida se muestra, grabada, su armadura completa. En ella se pueden visualizar varias piezas metálicas diseñadas para proteger las axilas y las articulaciones. Su tumba está debajo de la de Francesc de Santa Coloma, canónigo de la Catedral de Barcelona.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas