Retrato de época coloreado y retocado con IA del obispo Salvador CasañasC. Alcalá

Historia

El obispo tradicionalista que mostró el camino al catalanismo y fue objetivo de un atentado anarquista

La vida de Salvador Casañas muestra el arte del doble juego entre el trono liberal y la fe carlista

La vida del cardenal Salvador Casañas Pagés no se puede decir que transcurriera en un despacho. Todo lo contrario, estuvo muy involucrado en la realidad de su tiempo. Es un claro ejemplo de la dualidad que puede existir entre el sentimiento de la tradición, que llevaba el carlismo como bandera, y el sentimiento catalán, sin llegar al catalanismo extremo de algunos sectores de la sociedad.

Esto provocó que tuviera enfrentamientos tanto con unos como con los otros. Era un defensor del uso del catalán en la predicación y la catequesis, al mismo tiempo que apoyaba la creación de sindicatos agrícolas y cajas de ahorro para ayudar a las clases trabajadoras, intentando frenar el avance del anticlericalismo mediante la acción social.

Nació en Barcelona en 5 de noviembre de 1834, doctorándose en Derecho canónico. Es ordenado sacerdote en 1858, pasando a ser párroco de Santa Maria del Pino y pro-rector del Seminario de Barcelona. Una etapa crucial fue su nombramiento como obispo de Urgel y Copríncipe de Andorra.

Allí estuvo de 1879 a 1901, sustituyendo al obispo José Caixal Estradé, exiliado en Roma por su defensa del Carlismo durante la III Guerra. Logró que Andorra mantuviera las instituciones medievales, pero que se construyeran infraestructuras modernas para su desarrollo económico. Su firmeza evitó que el Principado se convirtiera en el Mónaco de los Pirineos.

El obispo y la reina

Durante la Exposición Universal que se celebro en Barcelona, en 1888 la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena viajó a Barcelona para inaugurar la exposición. Era conocido, por todos, que Casañas era una figura muy respetada, conocido por su carácter caritativo y su cercanía con el pueblo, pero también era defensor de la identidad catalana.

Casañas fue invitado a una de las recepciones oficiales. Se cuenta que el encuentro con la reina regente fue muy cordial, a pesar de una pregunta que Casañas supo responder con mucha diplomacia: «Dicen por ahí, obispo, que es usted un poco carlista».

María Cristina de Habsburgo-Lorena, en una imagen de archivoWikimedia

La respuesta de Casañas fue: «Eso dicen, Majestad. Eso dicen». La reina regente buscaba con su visita a Barcelona el apoyo de la jerarquía eclesiástica catalana para dar estabilidad a la regencia y al joven Alfonso XIII. Casañas aprovechó su influencia para transmitir a la Corona las inquietudes de la sociedad catalana. Fue un momento de distensión en el que la monarquía intentó mostrarse cercana a las particularidades regionales de Cataluña a través de la Iglesia.

Esta no fue la única vez que Casañas demostró su simpatía por el Carlismo. El 6 de diciembre de 1895, bajo el pontificado del Papa León XIII, recibió el capelo cardenalicio con el título de Santi Quirico e Giulitta. Para celebrar su nombramiento como cardenal se organizó una recepción en la Embajada de España ante la Santa Sede.

Los asistentes esperaban que Casañas hiciera un brindis de carácter liberal o cortesano hacia el gobierno de Madrid. El motivo era que la reina regente había mediado para su cardenalato. Casañas alzó su copa y brindó diciendo: «Por la Tradición de la Iglesia y de España». Aquellas palabras no gustaron demasiado.

El motivo es que, para los liberales, la palabra tradición estaba vinculada al Carlismo. Algunos vieron en ese brindis un desplante calculado al sistema de la Restauración. Con ese brindis validó la postura de los sectores integristas que consideraban que el Estado liberal era esencialmente anticristiano.

Un elemento peligroso

Desde ese momento el gobierno de Cánovas del Castillo lo marcó como un elemento peligroso, por su capacidad de aglutinar a las masas católicas contra el liberalismo. La prensa tradicionalista de la época celebraron el brindis como una victoria moral, presentándolo como el cardenal que no se doblegó ante el trono liberal.

El Siglo Futuro publicó artículos donde se decía que Casañas había recordado a España que su verdadera esencia no residía en las leyes de Madrid, sino en los fueros y la fe católica antigua. Por su parte El Correo Español lo utilizó para reforzar la idea de que la jerarquía eclesiástica seguía estando, en su corazón, con la causa del pretendiente Carlos VII. En definitiva, el brindis fue una bofetada con guante de seda a la diplomacia española.

Cuando estaba en círculos privados y de confianza solía decir: «Mi labor pastoral es para todos, pero mi fe política es la vuestra», refiriéndose a la carlista. Casañas defendía a ultranza la enseñanza religiosa y los fueros, pilares del Carlismo. Es posible que, por eso, sufriera un atentado en 1905.

Víctima de un atentado

Era el 24 de diciembre de 1905 cuando el obispo de Barcelona salía de la Catedral, a las ocho de la mañana, después de haber dicho misa, por la puerta que da al claustro. Estando en la Plaza de Garriga i Bachs se le abalanzó un hombre con un cuchillo en la mano e intentó agredirlo.

Aquel hombre era el anarquista Josep Sala Comes, tejedor de Vic, conocido por participar en mítines libertarios. La rápida intervención de los acompañantes de Casañas, el decano Antonio Dachs Vilamitjana y el vicario Pedro Polo, evitó el asesinato.

Ilustración que representa el atentado

Instantes después Sala fue reducido en el claustro por un policía municipal y un peatón, quedando gravemente contusionado en la cara. Horas después Sala prestó declaración judicial y lo trasladaron a la prisión. Ese mediodía se sintió enfermo, y tuvo que visitarle el médico de la cárcel, el cual observó que Salas sufría frecuentes vómitos. Moriría al día siguiente, según la versión oficial envenenado, a pesar de que la autopsia reveló que no había veneno en su cuerpo.

Casañas falleció en Barcelona el 27 de octubre de 1908. Su entierro fue una manifestación multitudinaria de duelo popular. Esta enterrado en la capilla de Sant Josep Oriol, obra del escultor Josep Llimona. Casañas era un gran devoto y promotor de la canonización de Sant Josep Oriol, que el Papa Pío X la concedió el 20 de mayo de 1909. El 10 de noviembre de 1908 el Ayuntamiento le dedicó una calle al lado de la Iglesia de Santa María del Pino.