Luis Gueilburt, escultor y experto en Gaudí
Entrevista
Luís Gueilburt, experto en Gaudí: «Aún podría aparecer alguna obra suya que no tenemos documentada»
Escultor y pintor, el bonaerense ha dedicado su vida a estudiar la obra de Gaudí
El escultor, pintor y escritor Luis Gueilburt nació en Buenos Aires en 1950, y en la década de 1970 vino a España, donde se enamoró de Antonio Gaudí. Gueilburt ha expuesto su obra en medio mundo y ha escrito varios libros sobre el tema. Ha dedicado su vida a desentrañar los secretos geométricos y biográficos de Gaudí.
–Hace unos días participó en la presentación en la Sagrada Familia del Camino de Gaudí. ¿Qué significa esta ruta y qué aportará al conocimiento de Gaudí?
–Es el Camino del Norte. Gaudí tuvo experiencias en su vida que lo llevaron a diferentes lugares del mundo, sin casi haber viajado. En su momento, él conoció al obispo de Astorga, el obispo Juan Bautista Grau, que era de Reus. Gaudí no viajaba lejos, pero se comunicaba con gente muy cercana.
El obispo Grau le pidió que hiciera el Palacio Episcopal de Astorga, pues el otro se había incendiado. Ya confiaba en él porque había empezado la Sagrada Familia, con lo cual tenía cierta fama. En Astorga le surgieron otros trabajos. Había hecho el Capricho para el marqués de Comillas. Después le encargaron la Casa Botines.
Por eso es tan importante este camino, porque se darán cuenta que, a parte de Barcelona, hay más Gaudí. No será una ruta de caminar como la del Camino de Santiago, pero sí de recorrer estas tres obras que estaban un poco ocultas al público general.
–Hablando de la Sagrada Familia, ¿qué es más difícil de terminar: la estructura física o el mensaje espiritual que Gaudí quería proyectar?
–La obra física va avanzando, para mi gusto, a pasos muy acelerados y la veremos terminada en vida. Yo pensé que no vería la fachada de la Gloria terminada y creo que ahora, si Dios me da salud, tendré la oportunidad de verla terminada. Gaudí decía que Dios no tiene prisa, pero creo que ahora está apurado porque la obra va a pasos agigantados.
La Sagrada Familia
Durante muchos años, todos los que vivíamos cerca de la basílica decíamos: «Bueno, es más lento de esto que la Sagrada Familia», pero ahora es al revés, ha tomado velocidad, y no sé si el camino es el correcto, pero sí que es muy acelerado. La vida espiritual no siempre va acompañada con la vida de la construcción de las obras.
–¿Cómo crees que recibiría Gaudí el uso de las nuevas tecnologías actuales?
–Le encantaría. De eso no tengo ninguna duda. Gaudí, ya en su momento, se anticipó. Mira, por ejemplo, el teodolito que utilizan los agrimensores o los aparejadores para sacar los niveles de un terreno y evaluar las distancias, Gaudí inventó un aparato de estos con unos niveles y unos trípodes para la realización del Park Güell.
Es decir, siempre utilizó lo último que había en tecnología en su momento, pero él le daba una vuelta más y convertía sus maquetas y sus dibujos en piezas de 3D. De alguna manera, al utilizar maquetas de tres dimensiones, ya estaba planificando lo de hoy día. Se anticipó a todos los inventos de su época y a todo lo que desarrollaba la ciencia o el arte.
–¿De qué manera interpretas el manejo de la luz de Gaudí en comparación con otros arquitectos de su época?
–Para Gaudí la luz era arquitectura. No era solamente dejarla entrar o dejarla salir. Para él la luz es fundamental. Cuando diseña las Teresianas hace que la luz entre como en un embudo, de mayor a menor, va llegando hasta la planta baja en un edificio de muchas plantas. Y en la Casa Batlló hace lo mismo.
En cada edificio se preocupa que la luz sea fundamental. Decía que la del Mediterráneo es inigualable, que no era igual que la del norte. Por eso su preocupación, cuando hace el Capricho de Comillas, por poner un girasol como símbolo. Buscaba la luz porque sin ella no concebía la arquitectura.
–¿Qué es lo que más te impactó del universo Gaudí cuando llegaste aquí a España y qué te hizo dedicarte a estudiarlo?
–Lo que más me impactó es que no estuviese todo estudiado. Cuando oía hablar de Gaudí o de Leonardo da Vinci, los encajaba en el mismo lugar y me parecían figuras inconmensurables e imposibles de dominar. Me extraño no solamente el desconocimiento que había, sino que yo, viniendo desde Sudamérica, sin ser arquitecto, que me dijeran si podía restaurar esto o aquello. En realidad no había nadie interesado en rescatarlo.
Por eso, hoy en día, hay muchas obras sin estudiar y que lo harán las próximas generaciones. Gaudí es demasiado grande para Cataluña, para España, para el universo. Es un personaje enorme, y con tantas lecturas, que nos perdemos en el bosque del conocimiento.
–Durante mucho tiempo has dirigido el Centro de Estudios Gaudinistas. ¿Cuál es el mito más común sobre Gaudí que has tenido que desmentir?
–Hay muchos porque últimamente van apareciendo fotografías de un Gaudí que no es real y que la gente va inventándose. Otra que era un genio. Era un señor muy ingenioso, pero no un genio. Luego están los fakes. La obra más fake que existe es el Hotel Attraction de Nueva York. Gaudí no fue allí.
No se le encargaron o por lo menos no hay documentado ningún trabajo, ninguna carta, ningún escrito, ninguna factura de una obra en Nueva York. Y, sin embargo, en los años 50, cuando América parecía el imperio que iba a dominar el mundo, unos discípulos inventaron esta obra que no tiene ni pies, ni cabeza, ni sentido. Unos malos dibujos de Joan Matamala convencieron al público que Gaudí había proyectado un hotel en Nueva York, cosa que jamás hizo.
–¿Crees que beatificarlo puede ser positivo para un conocimiento global del arquitecto y del hombre?
–Considero que, para los que estudiamos su obra, que nos fijamos en el hombre, en el arquitecto, no cambiará nada. A mí no me cambiará que Gaudí sea considerado santo. Para la gente religiosa creo que si. Tu pregunta implica dos temas paralelos y en Gaudí hay muchísimos, porque está la ciencia y el arte, la religión y la incredulidad, o la fe o la no fe. Debemos esperar a ver lo que pasa.
–¿Una persona considerada humilde acaba diseñando una obra como la Sagrada Familia?
–A mi parecer Gaudí es la persona más ambiciosa que yo he conocido sobre la tierra, porque no solamente se apropió de un estilo arquitectónico. No solamente se apropió del arte Mudéjar, del arte Barroco, del arte Románico. Y no solamente eso, también se apropió de una ciudad como es Barcelona o de un país como es España.
Vista aérea de la Sagrada Familia de Barcelona
Fíjate, no solo es querer hacer la obra sino poderla ver realizada. La Sagrada Familia ya es la iglesia más grande del mundo. De alguna manera la ambición de un hombre solitario, de un hombre aparentemente humilde, trabajador, logró unir todas sus obras. Porque todas miran a la Sagrada Familia. Por eso digo que se apropió de Barcelona. La Sagrada Familia está en el centro geográfico de la ciudad de Barcelona.
Cuando le encargaron esa obra, que era una simple capilla para un pequeño pueblo obrero llamado San Martín de Provenzales, le dio la vuelta y la convirtió en la iglesia más grande del mundo. Y no solo eso, la construyó en el centro de Barcelona. Se anticipó en todo y esa es la magia de Gaudí. Nadie que no fuese ambicioso podría haber planificado todo lo que estamos hablando.
–Gaudí decía que la línea recta es el hombre y la curva es Dios. Desde tu experiencia, ¿cómo definirías la geometría de la naturaleza que él aplicaba?
–Bueno, por empezar, ahí hay un mito que intento romper pero que no creo lo consiga. Dicen que Gaudí trabajaba solo con líneas curvas. Tengo la seguridad que utilizaba la regla, el compás, la escuadra, igual que cualquier otro arquitecto, aparte de trabajar con las líneas curvas. Para él la geometría era todo. Era la manera en que nace una semilla y se convierte en un árbol.
La línea recta es fundamental para conseguir planos curvos. Se han confundido las líneas con los planos y en geometría eso es muy importante. Gaudí tenía una idea muy clara de que la geometría era la manera en que se forman todos los elementos de la naturaleza. Los cuatro elementos trabajan con la geometría y entonces forman lo que es la anatomía humana o la corpórea de un animal o una piedra. Entender la naturaleza, cómo se va conformando con los átomos, las moléculas o las estrellas, es lo que están dándole la forma a lo que él quería construir.
Él no copia la naturaleza sino que la emula. Hace como si fuese Dios construyendo el universo. Hace su propio universo y lo va construyendo con esos mismos elementos que son la luz, el espacio, la escala y la modulación de las formas.
–¿Tú has restaurado alguna obra de Gaudí?
–He trabajado en varias. Más que en obras completas, porque yo no soy arquitecto, en pequeños detalles de una reja. He trabajado nueve años en la Casa Museo Gaudí que tenía una colección muy importante de muebles y de objetos que pertenecieron a las familias que fueron clientes de Gaudí. Por lo cual restaure algunos muebles, algunas rejas, y moldes para reproducciones. Ahí es donde fui aprendiendo la diferencia de la escala del trabajo de Gaudí que lo diferencia de los demás arquitectos.
–¿Crees que el sistema educativo actual permitiría que surgiera un genio tan heterodoxo como él?
–Cuando estudió arquitectura fue la primera generación de arquitectos que salieron de la Universidad de Barcelona. Ya en su momento tuvo rifirrafes con sus profesores para poder hacer su obra. De alguna manera el hecho de que, por ejemplo, el ingeniero Torras le permitiera hacer el cálculo estructural del depósito de aguas del Parque de la Ciudadela, marca una línea. Es decir, su valor académico no es el que manda la nota de la universidad, sino que es la fuerza de cada estudiante o de cada profesional o de cada profesor ponga en su materia. Resumiendo, no es imprescindible un título.
–¿Cuántos misterios sobre Gaudí aún hay sin resolver?
–La obra de Palau Solità i Plegamans, que es una obra de ingeniería hidráulica, en los planos dice 00030. Quiere decir que él numeraba sus proyectos y era tan ambicioso que pensaba que iba a hacer 10.000 obras, cuando en realidad tiene 90 documentadas. Espero que aparezcan algunas y se resuelvan esos misterios de los que me preguntas.
Nosotros hasta la de Palau no tenemos 30 obras documentadas de la primera época. Pienso que alguna cosa más podría aparecer, al menos eso espero. Lo más importante es que sea bien estudiada para que no nos la cuelen como el Hotel de Nueva York.