La arquitecta y autora de 'Mi Gaudí', Chiara Curti
Entrevista
Chiara Curti, arquitecta y experta en Gaudí: «Todos sus amigos hablaban de su fe»
Publica 'Mi Gaudí', que recoge una veintena de testimonios de primera mano para dibujar la personalidad del arquitecto
Sobre Antonio Gaudí se han dicho muchas cosas, pero tal vez algunas de las más valiosas están recogidas en el libro Mi Gaudí. La biografía escrita por sus amigos. Se trata de un libro de la arquitecta Chiara Curti que da voz a aquellos que mejor conocían al genial arquitecto de la Sagrada Familia: sus amigos, sus empleados y otros artistas como Salvador Dalí.
Curti, italiana pero instalada en Barcelona desde hace más de 25 años, es una experta en la vida y la obra del arquitecto catalán. Ha comisariado varias exposiciones internacionales, ha colaborado con varias entidades gaudinianas y ha escrito La Sagrada Familia. Catedral de la luz. En el arranque del Año Gaudí, atiende a El Debate para indagar en la humanidad del genio.
–Ud. ha publicado ya varios libros y comisariado diversas exposiciones internacionales sobre Gaudí. ¿Por qué vio necesario publicar Mi Gaudí?
–He tenido la suerte de poder trabajar en muchos archivos que conservan cosas de Gaudí, y siempre lo he visto como un privilegio. Siempre ha sido por encargos concretos, de la Sagrada Familia u otras entidades, pero mientras buscaba en ellos iba encontrando muchas otras cosas. Y veía cómo las personas que conocieron a Gaudí tenían una preocupación por transmitir su persona, y no únicamente su arquitectura.
Galdric Santana y Chiara Curti, con 'Mi Gaudí'
Iba guardando todo esto en mi corazón, pero pasaron dos cosas. Primero, conversando con Mario Botta –que escribió la introducción de mi libro La Sagrada Familia. Catedral de la luz– se me quedó la noción del valor que tiene la vida interior de un artista, aquello que no puedes buscar en internet. Y segundo, que un día Esteve Camps [presidente delegado de la Junta Constructora de la Sagrada Familia] me propuso hacer algo ligero sobre Gaudí.
–Y ud. pensó en dar voz a aquellos que le conocieron más de cerca.
–Exacto, porque ninguno de ellos escribe nada pesado. Son simpáticos y alegres al hablar de Gaudí, porque parten desde la vida. A una persona se la conoce desde el amor: mi marido me ama hasta la locura pero no sabe cuántos artículos he escrito o cuántas páginas tiene mi libro. Y hay gente que conoce estos datos pero no me ama: la dinámica es totalmente distinta.
–En Mi Gaudí hay 20 testimonios. ¿Cómo fue hacer la selección?
–Exacto, hay 20 textos, ordenados cronológicamente: desde la infancia de Gaudí hasta su muerte. Hay desde personas muy intelectuales a la señora que le limpiaba la casa, y desde un niño que va a una visita con Gaudí al canónigo de Mallorca o [el pintor Joaquín] Torres García. De cada uno de ellos he seleccionado algo pequeño, pero que explique algo muy verdadero.
Y la selección ha sido un sacrificio tremendo: el trabajo más difícil ha sido excluir. Mi intención ha sido seleccionar testimonios poco conocidos, de personas que compartiesen la vida con Gaudí durante un tiempo y que den pistas sobre su humanidad, más que sobre aspectos técnicos.
–El libro, de hecho, muestra el corazón generoso de Gaudí, que organizaba, por ejemplo, meriendas para los niños huérfanos en la Sagrada Familia.
–El tema de los niños muestra la dulzura que Gaudí tenía hacia ellos. Cada uno de los testimonios aporta una parte, añade una visión. Por ejemplo, Torres García en un momento pone por escrito que no estaban de acuerdo en nada [con Gaudí], pero que le mantiene una estima y aprecio increíble.
–Sin embargo, existe la imagen estereotipada de Gaudí como un genio huraño. ¿A qué crees que se debe?
–En Mi Gaudí he querido transmitir su vida relacional, poner de manifiesto que nunca estaba solo. Y que si en un momento le hicieron esta reputación de hombre huraño y aislado fue sencillamente porque decidió estar con la población que no tenía voz. La gente de poder, que antes contaba a Gaudí entre sus amistades, cambió de visión sobre él cuando vieron que elegía a los pobres, a los que no salen en el periódico.
Antoni Gaudí, durante la procesión de Corpus Christi, en 1924
Una cosa que creo que es importante de este libro es que, al estar en orden cronológico, permite ver crecer a Gaudí. Él mismo lo decía: «No soy yo quien ha construido la Sagrada Familia, es la Sagrada Familia la que me construye». Creo que el gran valor del libro es que te hace ver que Gaudí no es un estereotipo ni una marca, sino un hombre que crecía junto con su obra.
–En el libro se cita a un amigo suyo, Josep F. Ràfols: «Gaudí, visto desde fuera de la fe, siempre será incomprensible». ¿Por qué?
–En esta biografía escrita por sus amigos es evidente: no hay uno que no hable de la fe de Gaudí. Es allí donde Gaudí había puesto el acento: si tú miras cualquier obra suya desde la fe, la entiendes, todo se aclara. En su obra nunca hay un juicio negativo contra la sociedad, sino una propuesta para introducir una novedad, una fe a la vez muy moderna y que volvía a los orígenes.
–A Gaudí parece que se lo quiere apropiar todo el mundo: los católicos, los catalanistas, los arquitectos, los turistas…
–Una de las intenciones del libro ha sido, precisamente, evitar hacer esto. En el libro está mi visión, pero quise hacerlo como es para decir que todas las visiones suman pero que no son exclusivas. Esta no es una biografía definitiva. De hecho, odio la palabra «definitiva», porque es matar un tema, cuando de Gaudí hay todavía tanto para estudiar...
–¿Cómo surgió la colaboración con Andrea Mastrovito, el escultor que ha creado el Agnus Dei que coronará la Torre de Jesucristo, y que aporta una ilustración a Mi Gaudí?
–Al buscar a alguien para escribir un prólogo, todo el mundo quería hacer una síntesis de Gaudí, que no es lo que yo buscaba. Sin embargo, cuando entrevisté a Andrea para L'Osservatore Romano encontré un joven humilde, que siempre hablaba de su trabajo en relación a otros.
El artista Andrea Mastrovito, junto a la propuesta ganadora para el Cordero que coronará la Sagrada Familia
Como me dijo que no es escritor, le pedí que me dibujase a su Gaudí. Y me contó que, aunque lógicamente para él es algo grande trabajar en la Sagrada Familia, no le gustaría que se le asociara a partir de ahora como un artista de la Iglesia. Tanto es así, me dijo, que la obra que hizo para la basílica de Gaudí no se la enseñó a nadie, porque le daba un poco de vergüenza.
Le pregunté que cómo lo hizo entonces, habituado a compartir su proceso. «También me da vergüenza decírtelo –me contaba–, pero yo me sentí muy acompañado por Gaudí». Hay como una amistad espiritual que trasciende el tiempo. Y al final Andrea me dibujó a su Gaudí, y me parece un honor tremendo.
–¿Ud. también se ha sentido acompañada por Gaudí?
–Te lo contestaré con una cosa que me pasó. Yo estaba trabajando en la restauración de la tumba de Gaudí, y un día, sobre las ocho de la noche, me llamaron pidiéndome que fuera un momento para tomar una decisión sobre el proceso. Yo estaba durmiendo a mi hija pequeña, y le dije: «Tengo que ir a la tumba de Gaudí».
La niña se levantó con unas lágrimas inmensas. «Pero mamá –me decía–, ¿Gaudí ha muerto?». Claro, por cómo hablaba de él, para ella Gaudí estaba vivo, era un amigo de mamá. Fue un momento que me hizo tomar conciencia de lo importante que era.
–Para terminar. Este 2026 celebramos el Año Gaudí, y se bendecirá –si Dios quiere, con León XIV– la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. ¿Qué le gustaría remarcar para que no se perdiese entre el ruido?
–Pienso que cada uno podría tomar la iniciativa de descubrir a este amigo Gaudí, de descubrir al hombre, porque Gaudí no sólo dejó una obra grande –que también–, sino la voluntad de crear una nueva sociedad, capaz de asombrarse delante de las cosas. Una nueva sociedad capaz de construir la catedral, la Sagrada Familia.