Joan Bassegoda, en la Real Cátedra Gaudí

Joan Bassegoda, en la Real Cátedra GaudíWikimedia

Historia

El arquitecto que rescató a Gaudí de la bruma del misticismo y lo devolvió al reino de la geometría

La obra de Joan Bassegoda fue fundamental para la comprensión moderna del genial arquitecto

Para entender en su totalidad el legado de Antonio Gaudí uno debe profundizar en la obra del arquitecto e historiador Joan Bassegoda Nonell (1930-2012). Sus análisis no solo son el estudio del biógrafo con respecto a una obra. Con su obra, Bassegoda consiguió una comunión histórica donde el rigor académico salvo al genio de la caricatura.

Durante gran parte del siglo XX la figura de Gaudí estuvo envuelta en una bruma de misticismo mal entendido. Unos lo trataban de un arquitecto con delirios modernistas y otros por una santidad aislada del mundo. Bassegoda, desde la Real Cátedra Gaudí, de la que fue director, asumió una misión. Esta consistió el devolver al arquitecto al reino de la razón pura, demostrando que su legado no era la extravagancia sino la verdad geométrica.

Gaudí no era un soñador que dibujaba formas caprichosas en un tablero, según Bassegoda. Era un geómetra supremo que compendió, antes que nadie, que el futuro de la arquitectura no estaba en los libros de estilos históricos, sino en la observación humilde y profunda del mundo natural.

En un mundo arquitectónico dominado por la línea recta y el ángulo recto, herencia de una tradición grecolatina que Gaudí consideraba limitada, él propuso una ruptura total basada en la geometría reglada.

Bassegoda dedicó miles de páginas a explicar que el uso de los paraboloides hiperbólicos, los helicoides y los conoides no respondía a un deseo estético de deslumbrar al espectador, sino a una búsqueda de la eficiencia máxima. Bassegoda nos enseñó a ver que una columna de la Sagrada Familia no era un adorno, sino un organismo que se ramificaba como un árbol, porque esa es la manera más inteligente de distribuir la carga hacia el suelo.

Así humanizó a Gaudí, pues apartó la visión que se tenía de él, y lo presentó como un obrero del intelecto, que durante muchos días y noches calculó cómo la piedra podía liberarse de la arquitectura gótica, con arbotantes y contrafuertes. Esta manera de construir Gaudí la despreciaba, pues los consideraba errores mecánicos disfrazados de estilo.

La originalidad de Gaudí

Existía una dimensión ética de Gaudí que Bassegoda rescato. Esta era que la idea de que la originalidad consiste en volver al origen. Esta frase es el eje sobre el cual Bassegoda articuló la defensa del legado de Antonio Gaudí. Volver al origen significaba regresar a la naturaleza creada por Dios, el único arquitecto que nunca ha cometido errores de cálculo.

Bassegoda subraya que este legado es una bofetada al ego del artista contemporáneo. Gaudí no buscaba ser original en el sentido moderno de ser diferente o rupturista. Gaudí buscaba ser verdadero. Al copiar las leyes de la naturaleza estaba renunciando a su propia invención para someterse a una ley superior.

Recreación de la maqueta empleada por Gaudí en la Sagrada Familia

Recreación de la maqueta empleada por Gaudí en la Sagrada FamiliaWikimedia

Esto era un acto de humildad intelectual sin parangón para Bassegoda. El legado de Gaudí es, por tanto, una invitación a que el arquitecto deje de mirarse al espejo y empiece a mirar el crecimiento de las fibras de un hueso o la torsión de una caña del río, pues allí reside la perfección técnica que la humanidad ha ignorado durante siglos.

Bassegoda también fue el gran defensor del legado tangible y su continuidad, especialmente en lo que respecta a la Sagrada Familia. Su postura fue contundente frente a quienes pedían que el templo quedara como una ruina romántica tras su muerte.

Para Bassegoda detener la construcción habría sido el mayor insulto a la inteligencia de Gaudí. Argumentaba que Gaudí, consciente de que no vería terminada su obra cumbre, no dejó planos cerrados, que habrían quedado obsoletos, sino que dejó un idioma constructivo.

El legado de Gaudí es un código genético escrito en yeso y geometría. Bassegoda sostenía que cualquier arquitecto que dominara las leyes de las superficies regladas puede continuar la obra con la misma fidelidad con la que un músico interpreta una partitura. Con ello la arquitectura se convierte en un esfuerzo transgeneracional, una obra coral donde el individuo desaparece en favor de la idea. El legado de Gaudí no es un museo de objetos muertos, sino un organismo vivo que sigue creciendo. Y esto lo enseñó Bassegoda en sus obras.

El factor humano

No nos podemos olvidar del factor humano y artesanal en la obra de Gaudí. Bassegoda describía con detalle como Gaudí transformaba el taller en un laboratorio de experimentación donde el arquitecto, el forjador, el carpintero o el ceramista trabajaban al unísono.

El uso del trencadís no era para Bassegoda una simple técnica decorativa de reciclaje cerámico, sino una metáfora de la vida. De los fragmentos rotos y los desechos de la industria se puede construir una belleza superior. Esta capacidad para dignificar el material humilde es una de las partes del legado que Bassegoda más valoraba.

El icónico dragón de 'trencadís' en el Park Güell de Antonio Gaudí

El icónico dragón de 'trencadís' en el Park Güell de Antonio GaudíUnsplash

Su labor, la de Bassegoda, también fue crucial para limpiar el nombre de Gaudí de las acusaciones de aislamiento social. Lo consideraba un hombre profundamente conectado con su tiempo y su tierra. Un patriota de la cultura catalana que hablaba un lenguaje universal.

Recordaba Bassegoda que Gaudí no era un ermitaño huraño, sino un conversador brillante que recibía a intelectuales de todo el mundo en su taller, siempre dispuesto a explicar sus teorías con una sencillez asombrosa. Al morir atropellado por un tranvía y ser confundido con un mendigo debido a su aspecto descuidado, la humanidad de Gaudí alcanzó su cenit trágico.

Este episodio fue utilizado por Bassegoda no para alimentar el morbo, sino para subrayar el desapego material del arquitecto. Como sentenció Bassegoda el legado de Gaudí es una renuncia a la vanidad. Asimismo es la síntesis perfecta entre la mística y la mecánica.

Gracias a Bassegoda dejó de ser un decorador de cuevas para pasar a ser el ingeniero del alma. Que la belleza no es algo que se añade al final de un edificio, sino que nace de la propia estructura cuando esta es verdad. Que Gaudí no fue el último de los modernistas, sino el primer arquitecto que vio en las estructuras de la naturaleza la mejor escuela. Que cada forma tenía un porqué y esta formaba parte del orden establecido por el universo.

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas