La candidata de Foc Nou a presidir ERC, Helena Solà, en una imagen de archivo

La que fuera candidata de Foc Nou a presidir ERC, Helena Solà, en una imagen de archivoEuropa Press

Cataluña

Junqueras aparenta fortaleza en su órdago al PSC mientras crece la fractura interna en ERC

Helena Solà, candidata a la presidencia de la formación en el último congreso, se da de baja proque el partido está «desorientado, sin rumbo, ni proyecto»

La crisis interna de Esquerra Republicana (ERC) suma un nuevo episodio con la decisión de Helena Solà de abandonar la militancia tras más de dos décadas en el partido. La exaspirante a la presidencia republicana en el congreso de 2024, donde encabezó la candidatura alternativa Foc Nou junto al exconsejero Alfred Bosch, ha formalizado su ruptura denunciando que la formación ha perdido el rumbo y se ha instalado en una lógica de cesiones constantes.

Solà, que obtuvo el 12,6% de los votos en aquella contienda interna, ganada finalmente por la candidatura impulsada por Oriol Junqueras, sostiene que el problema no es coyuntural, sino estructural. A su juicio, ERC ha evolucionado hacia una posición de subordinación política que diluye su proyecto nacional y su capacidad de iniciativa.

La gota que ha colmado es vaso y la paciencia de Solà es la relación con el gobierno del socialista Salvador Illa. Ella cuestiona tanto el modo en que se avaló la investidura como la posibilidad de facilitar unos presupuestos que, de momento, no han sido negociados directamente con los republicanos. En su opinión, apoyar unas cuentas ajenas sin contrapartidas claras no sería un ejercicio de responsabilidad institucional, sino una renuncia estratégica.

Junqueras y su equipo han trasladado un mensaje claro en sus contactos con agentes económicos y políticos: o se avanza en el compromiso sobre el IRPF, un elemento que consideran fundamental para dotar de más capacidad fiscal a la Generalitat, o solo habrá apoyo a instrumentos parciales como suplementos de crédito, no a unos presupuestos integrales sin esa cesión.

Lo cierto es que esta situación ha tensado la relación y ha alimentado voces que plantean incluso la opción de presentar una enmienda a la totalidad si no hay acuerdo en torno al IRPF. Este choque de prioridades ha colocado a ERC en una posición estratégica delicada: recelar de apoyar unas cuentas que, desde el PSC, presentan como necesarias para garantizar inversiones y servicios, pero que para los republicanos quedarían desprovistas de una reivindicación fiscal centralista.

Sin embargo, el malestar no se limita al eje parlamentario. La exdirigente apunta también a un problema de liderazgo y a la prolongación de mandatos en la cúpula, en referencia a los cambios estatutarios que permiten alargar etapas al frente del partido. En el trasfondo aparece una crítica a la profesionalización prolongada de determinados cargos, una cuestión sensible en una organización que se reivindica como herramienta al servicio de Cataluña.

La salida de Solà se produce en un contexto de tensión latente en el seno de ERC. La formación, que tras las autonómicas perdió la presidencia de la Generalitat y atraviesa un proceso de reconstrucción, mantiene una posición clave tanto en el Parlament, donde da apoyo estable al PSC, como en el Congreso de los Diputados, donde sus votos continúan siendo determinantes para la mayoría que sustenta al Gobierno de Pedro Sánchez.

El otro frente: Gabriel Rufián

En paralelo, otro foco de debate gira en torno al papel de Gabriel Rufián. El portavoz republicano en Madrid ha defendido abrir un espacio amplio de izquierdas para frenar a la derecha en unas futuras generales, una propuesta que no figura en las ponencias aprobadas por la militancia y que ha generado incomodidad en sectores del partido.

Mientras algunos dirigentes consideran que el debate puede ampliar la base electoral, otros lo ven como una iniciativa personal que desdibuja la identidad propia de ERC.

La dirección intenta rebajar la tensión y evitar una nueva batalla interna como la vivida en 2024. Sin embargo, la acumulación de discrepancias, sobre la estrategia nacional, las alianzas, el liderazgo y el posicionamiento ideológico, evidencia que el partido sigue buscando un equilibrio entre pragmatismo institucional y reafirmación independentista.

La marcha de Solà no altera el equilibrio orgánico inmediato, pero sí actúa como síntoma de una discusión de fondo aún no resuelta: qué debe ser ERC en esta nueva etapa y hasta dónde está dispuesta a llegar en su política de acuerdos.

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