El canciller alemán Friedrich Merz junto al presidente Donald Trump en la Casa Blanca

El canciller alemán Friedrich Merz junto al presidente Donald Trump en la Casa BlancaAndrew Caballero-Reynolds / AFP

Cataluña

Cataluña, ante el «factor Trump»: incertidumbre comercial en un socio clave

La amenaza del presidente de Estados Unidos,, de cortar el comercio con España por discrepancias políticas con Pedro Sánchez, ha encendido las alarmas en Cataluña, uno de las comunidades autónomas más expuestas a la relación económica con Estados Unidos. Los datos de 2025 son elocuentes: el 25,2% de todas las exportaciones españolas a EE.UU. son catalanas, así como el 17,5% de las importaciones. En conjunto, el volumen de negocio bilateral entre Cataluña y el mercado norteamericano ascendió el año pasado a 9.239,8 millones de euros.

La cifra, sin embargo, ya refleja desgaste. El intercambio cayó el año pasado un 8,5% respecto a 2024, en un contexto marcado por la política arancelaria y la incertidumbre generada por la nueva Administración estadounidense. Aun así, Estados Unidos se mantiene como el quinto socio comercial de Cataluña y el segundo fuera de la Unión Europea, solo por detrás de China. Están en juego unos 4.000 millones de euros.

El posible impacto no sería homogéneo. Más del 50% de las exportaciones catalanas a EE.UU. se concentran en cuatro grandes sectores: productos farmacéuticos (16,3%), maquinaria (13,3%), perfumería y cosmética (12,4%) y agroalimentario (cerca del 10%). También destacan plásticos y productos químicos orgánicos. Una restricción comercial afectaría, por tanto, a industrias estratégicas y de alto valor añadido.

Con todo, la viabilidad real de un «corte» comercial genera dudas. Joan Riba, jefe de estudios de la Escuela Superior de Comercio Internacional de la Universidad Pompeu Fabra, recuerda que España no tiene política comercial propia: es competencia exclusiva de la Unión Europea. «Estados Unidos no puede imponer aranceles solo al vino español sin afectar al francés o al italiano», explica. Cualquier medida debería aplicarse al conjunto del mercado comunitario.

Riba advierte además de que Trump ha utilizado históricamente el comercio como instrumento de presión política. En sus palabras, el presidente «sacude el avispero» y emplea los aranceles como herramienta negociadora en conflictos que van más allá del ámbito económico. El problema, añade, es la imprevisibilidad: en el último año Washington ha anunciado, aplicado y retirado aranceles en varias ocasiones, dificultando cualquier análisis técnico estable.

Existe otra variable relevante: España importa de EE.UU. más de lo que exporta, lo que en teoría otorga margen de presión a Washington, pero también implicaría costes para empresas estadounidenses. De ahí que algunos expertos duden de que una amenaza maximalista pueda traducirse en una medida efectiva sin generar un fuerte impacto colateral.

Para Cataluña, altamente internacionalizada y con un tejido exportador diversificado pero intensamente conectado al mercado estadounidense, el riesgo no es solo arancelario. Es, sobre todo, de incertidumbre. Y en comercio exterior, la incertidumbre suele ser tan dañina como las barreras formales, apunta también Riba.

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