Una pelota de fútbol, en una imagen de archivoUnsplash

Caso FCF

La sombra del nepotismo y del lucro personal amenaza con volver al fútbol base catalán

Jordi Bonet suena como candidato a las elecciones a la Federación Catalana de Fútbol, pero preocupa su cercanía con Núñez Torres

Hasta su destitución en julio 2025, Jordi Bonet fue vicepresidente y delegado de la Federación Catalana de Fútbol (FCF) en Gerona. Ha sido entrenador, expresidente de la EF Arbúcies y una figura clave en la gestión del fútbol base y territorial catalán. El presidente de la FCF, Joan Soteras, lo destituyó de su cargo tras una reestructuración de la junta, pero ahora suena como candidato a las elecciones a la FCF y tiene a su lado un personaje vinculado a temas que deberían erradicarse del fútbol: Juan Núñez Torres, que durante más de una década fue delegado en el Vallès Oriental.

Núñez consiguió transformar el fútbol base en un cortijo privado donde el nepotismo y el lucro personal se disfrazaron de gestión deportiva, bajo el amparo de un sistema que premia la lealtad ciega por encima de la decencia. No hablamos de un gestor que cometió un error puntual, sino de una estructura de beneficios cruzados que se extiende desde la nómina de su hijo hasta la cuenta bancaria de su mujer.

Es el «estilo Bonet» llevado al extremo. La política del comisionista, del favor devuelto y de la mano que siempre está abierta para recibir, nunca para dar sin interés. Mientras muchos jóvenes licenciados en gestión deportiva buscan una oportunidad por méritos propios, Carlos Núñez encontró su camino gracias al apellido. Bajo el amparo de su padre se instaló en la estructura federativa con un sueldo que, según las auditorías internas, oscila entre los 25.000 y los 45.000 euros brutos anuales.

No se critica el derecho de cualquier persona a trabajar, se denuncia la bofetada ética que supone que un directivo de peso coloque a su descendencia en el área técnica mientras él mismo supervisa las operaciones de la entidad. Es el enchufismo de manual, un favor personal pagado con las cuotas de los clubes que hoy ven cómo su dinero no iba a mejorar las instalaciones, sino a engordar la cuenta corriente de la familia Núñez.

Conflicto de interés

Durante años, la empresa familiar de Núñez, gestionada activamente por su mujer, fue la proveedora oficial de los productos cárnicos y cestas navideñas para los empleados y compromisos de la federación. El conflicto de interés es evidente. Un directivo que ayuda a decidir el presupuesto de la institución es, al mismo tiempo, el que le vende los jamones de lujo a esa misma institución.

Según informes de la oposición y datos que han salido a la luz en los últimos procesos electorales, este negocio familiar no era una minucia. Se estima que la facturación acumulada por el suministro de estos lotes superó con creces los 100.000 euros a lo largo de los años.

Resulta grotesco imaginar las cenas de directivos brindando con productos suministrados por uno de los suyos, mientras la gestión en el Vallès Oriental se desmoronaba por la falta de empatía y la mala educación que los clubes han denunciado sistemáticamente. Núñez no solo vendía jamones, vendía la integridad de su cargo.

La influencia de Núñez no se limitaba a lo económico. Se le vincula con mesas electorales señaladas por irregularidades, donde su hijo participaba activamente. Núñez y la FCF han creado una red de intereses donde el disidente es castigado y el fiel es recompensado con un cargo para su mujer o un puesto administrativo.

El retrato que Núñez ha dejado en los clubes del Vallès Oriental es la de un hombre maleducado, carente de feeling y absolutamente desconectado de las necesidades reales de los equipos. Su única preocupación parecía ser mantener su estatus en el núcleo de confianza de Joan Soteras y asegurar que los pedidos de Navidad salieran a tiempo.

La llegada de Lopa

La llegada de Carlos Lopa en 2025 para relevarlo no es más que el reconocimiento implícito de que la situación era insostenible, aunque el hecho de que Núñez siga manteniendo su silla como directivo global de la FCF demuestra que el sistema está diseñado para proteger a los suyos hasta el final.

¿Cómo podemos pedirle a un niño que no haga trampas en el campo si los que mandan en la grada presidencial tienen a toda su familia en nómina y usan la federación como su carnicería personal? La gestión de Núñez es el ejemplo perfecto de por qué el fútbol base necesita una limpieza de sangre urgente. No se trata solo de números, aunque los más de 100.000 euros en jamones y los 45.000 euros de sueldo del hijo sean cifras escandalosas, se trata de la dignidad del deporte.

Núñez representa esa vieja guardia que cree que la federación le pertenece por derecho. Su etapa como presidente del CF Mollet UE fue sólo el trampolín para saltar a un lugar donde el control de los votos y el intercambio de favores valen más que un buen proyecto deportivo. La complicidad de la FCF, que justificó estas contrataciones bajo el pretexto de que cumplían con la legalidad, es el escudo de los mediocres. La legalidad es el mínimo exigible, pero la ética debería ser el motor de una institución deportiva. Y en la gestión de Juan Núñez, la ética ha brillado por su ausencia, sustituida por el interés familiar y el beneficio propio.

El legado de Juan Núñez es un rastro de desconfianza, un hijo enchufado y una montaña de facturas por lotes de Navidad que nunca debieron pagarse con el dinero del fútbol. El fútbol base catalán merece líderes, no comisionistas. Con lo cual, si la persona de referencia o uno de los miembros de su equipo para alcanzar la presidencia de la FCF es Juan Núñez, los clubs deberían tener en cuenta quienes son las personas que se presenta, su talante, sus formas y darse cuenta que el mundo del fútbol ha cambiado a favor de la honradez y no puede ser el trampolín para beneficiar económicamente a unos pocos con el dinero de todos los clubs catalanes.