El escritor Valentí Puig, en una imagen de archivo
Entrevista
Valentí Puig, escritor: «La mejor estrategia en pro del catalán sería reconocer que Cataluña es bilingüe»
El periodista y escritor recibirá el 21 de abril el IV Premio Sant Jordi de Societat Civil Catalana
Valentí Puig (Palma de Mallorca, 1949) recibirá este martes el IV Premio Sant Jordi que concede Societat Civil Catalana –ex aequo junto con Félix Ovejero–, como reconocimiento «a su integridad intelectual, compromiso social y firme defensa de los valores constitucionales». Puig, prolífico periodista y escritor con una dilatada trayectoria, atiende a El Debate para hablar sobre política, literatura y la intersección entre ambas.
–Empecemos hablando de política. ¿Cómo lee la situación en la Cataluña post-procés?
–Estamos ante un nuevo momento en el que hay que ser muy finos y hacer una nueva estrategia para afrontar lo que está siendo ya un cambio radical del mapa político de Cataluña post-procés. Ante la perspectiva de un futuro parlamento autonómico donde el partido de Sílvia Orriols tenga un número apabullante de escaños, y que eso venga complementado por un incremento de los escaños de Vox, ¿dónde queda el término medio, el centro constitucionalista, en la política catalana? Para mí esta es la gran incógnita.
–Durante la última campaña electoral parecía que Salvador Illa quería ocupar este hueco.
–No creo que lo que representa Salvador Illa sea esa alternancia al procés, sino una acomodación a las circunstancias post-procés. Illa está intentando un nuevo pujolismo, un transversalismo… lo que no deja de ser una negación de la alternancia. Además, Illa está atado de pies y manos al destino de Pedro Sánchez, y eso marcará su futuro.
De todas maneras, parte de la sociedad catalana que se dejó seducir por el ensueño procesista está mirando para otro lado, concentrándose en un punto crítico de la vida pública, que es la inmigración. Tanto desde la vertiente de Vox como de Aliança Catalana (AC), esto está arrasando. El efecto anti-inmigración ha superado por completo el efecto pro-independencia.
–En el caso de AC, con la paradoja de que buena parte de sus votantes se definen como no independentistas.
–Es el problema de concepción original de AC: se define como un partido ultra-nacionalista, que dice que no se presentará a las elecciones españolas porque no es español y cuyos dirigentes se niegan a hablar castellano, y sin embargo está captando el voto de mucha gente que es anti-inmigración y que considera que el independentismo de la formación es relleno o aderezo.
El escritor Valentí Puig
–Y, de paso, todo ello genera un arco parlamentario con mayorías muy difíciles, o imposibles.
–Eso es un deterioro de lo que llamaríamos pluralismo crítico. La sociedad catalana se ha puesto de espaldas a la capacidad autocrítica, y eso conlleva una falta de pluralismo crítico. No hay estrategias claras. Todos los grupos que pretenden reconstruir el pujolismo miran al pasado, y mientras tanto en Cataluña la inversión extranjera recede y se descuidan grandes iniciativas como la industria de defensa o la inteligencia artificial… Todo ello, además, dentro de un notorio conformismo mediático, en buena parte.
–Estamos a pocos días de Sant Jordi. Además de un conformismo mediático, ¿ve también un conformismo en el mundo de la literatura?
–Si tú insistes durante décadas en que la esencia de Cataluña es la lengua, y en que la lengua catalana es la única que expresa la realidad cultural de Cataluña, olvidando que es una sociedad bilingüe, te metes en un camino sin salida. Se ha querido privilegiar a una de las dos lenguas por ser la única propia, y hay un rechazo al castellano como lengua de uso cultural.
Hasta que la sociedad catalana no afronte su naturaleza bilingüe –que no es producto del franquismo, sino que tiene más de 500 años– siempre habrá una deformación a la hora de lo que se espera de la literatura catalana, que es tener lectores que no quieran simplemente entretenerse. Ahora mismo, en Cataluña hay individualidades con capacidad literaria de primera, pero no hay una conexión entre ellos y los lectores, que es lo que representaba Josep Pla en los años 60, en plena dictadura.
–¿Es acaso posible defender el catalán sin imponerlo ni menospreciar el español?
–Una estrategia inteligente, o la estrategia menos negativa, sería reconocer la vitalidad lingüística de Cataluña, y no priorizar una lengua sobre la otra. Sería que el nacionalismo acabara reconociendo el hecho incontrovertible de que Cataluña es una sociedad bilingüe. El principio debería ser que todo el mundo entienda las dos lenguas, use la que use: eso nos evitaría un problema que es en gran parte propagandístico
–Ha citado a Josep Pla, sobre quien es usted un experto. ¿Qué cree que hace que sus obras sigan vigentes hoy en día y quiénes son sus herederos?
–El secreto de Pla es la claridad, conseguir que una lengua que en el siglo XIX había sido muy abstrusa y muy plagada de medievalismos se volviese una lengua clara y de gran calidad literaria. Además, también tenía el instinto del periodista para saber captar al lector. Ahora, sobre sucesores de Pla… No puede haberlos, porque estamos en otra época, con una fragmentación intelectual y moral, y nuevas formas sociales que Pla no pudo conocer.
Sin embargo, el paso de las generaciones a veces da sorpresas. ¡Qué personajes más curiosos son Albert Serra y Rosalía! ¿Era previsible que aparecieran dos talentos de esa dimensión en Cataluña? Pues han aparecido y han conectado fulminantemente con el público. Y puede ocurrir en otros sentidos.