El doctor en Ciencias Económicas y escritor Félix Ovejero

El doctor en Ciencias Económicas y escritor Félix OvejeroG. Altarriba

Entrevista

Félix Ovejero, escritor: «La Cataluña de Salvador Illa no es un oasis, sino un cementerio civil»

El autor de 'La invención del agravio' recibirá el 21 de abril el IV Premio Sant Jordi de Societat Civil Catalana

El doctor en Ciencias Económicas y escritor Félix Ovejero (Barcelona, 1957) es uno de los nombres clave del constitucionalismo en Cataluña. Posee una contundente trayectoria tanto en la academia como en la arena pública –fue uno de los firmantes del manifiesto que posteriormente germinaría en Ciudadanos–, y ha sido siempre un incansable luchador contra el nacionalismo.

El próximo 21 de abril, Ovejero recibirá el IV Premio Sant Jordi que concede Societat Civil Catalana ex aequo junto con Valentí Puig–, como reconocimiento «a su integridad intelectual, compromiso social y firme defensa de los valores constitucionales», señalan desde el jurado. Ovejero, que ha publicado recientemente el lúcido ensayo La invención del agravio, atiende a El Debate en su piso de Barcelona para reflexionar sobre el estado actual de Cataluña.

–Usted fue una de las voces más críticas contra el nacionalismo durante el procés. Hoy el gobierno de Salvador Illa nos dice que aquellos años ya son historia y que Cataluña está ‘pacificada’, ¿cree que es así?

–Es totalmente falso. Es cierto que hay menos tensión, pero porque hay fatiga de materiales. Los que estaban en el activismo nacionalista –fundamentalmente subvencionado– no pueden estar en perpetua activación. Además, en los pocos actos que hacen hoy en día en la calle haría falta poner al lado una UVI, porque tienen edades provectas.

Pero también hay otra explicación para esta bajada de tensión: que cuando gana la mafia, también impera la paz. El nacionalismo tiene un objetivo político, y si tú consigues dicho objetivo gratis, ¿para qué hacer más? En el caso de ETA es muy claro: hoy señorean el paisaje político y mental del País Vasco, son los dueños, y el resto hemos de callar. Pero también pasa en Cataluña: ¿para qué hacer ruido si ya estás consiguiendo cosas como el acuerdo para el pacto fiscal o la imposición del catalán?

–En su ensayo más reciente, La invención del agravio, destaca la paradoja de que el nacionalismo esté siendo impulsado por la izquierda, que tradicionalmente había sido internacionalista.

–La tesis del libro es que todos hemos aceptado un relato según el cual en España había un agravio ancestral que hay que corregir. Un relato según el cual existían unas genuinas naciones democráticas a las que se les puso una horma artificial, lo que llaman el «Estado español». Por eso, para resolver el problema democrático de España, se dice que hay que desmontar España, atendiendo a las demandas de los nacionalistas.

En realidad, el nacionalismo ha inventado un problema y nosotros estamos peleando con espejismos. Y, yendo a lo que me decías, este relato lo inventó el nacionalismo, pero la izquierda le dio el certificado de calidad democrática. En el proceso, durante la Transición, tuvo mucho peso una élite genuinamente pija, vinculada al PSUC y a Bandera Roja. En el libro llego a una conclusión que me resulta ingrata: que la propia Constitución Española está construida bajo el supuesto de que hay un agravio a reparar. El error está en el diagnóstico.

–Y desde entonces hasta hoy, con la influencia que tienen los nacionalistas en los gobiernos de Pedro Sánchez e Illa.

–Se están pactando las leyes con los delincuentes: es como si las leyes de violación las decidieran los violadores. Si la ley que castiga un cierto delito desaparece, naturalmente ya no se viola la ley, reajustada a demanda del delincuente. En realidad, si queremos resolver el problema de convivencia hay que atacar al nacionalismo, que es como el racismo o el sexismo: no se convive con él, sino que hay que desmontarlo.

El escritor Félix Ovejero, frente a su biblioteca

El escritor Félix Ovejero, frente a su bibliotecaG. Altarriba

–¿Cómo hacerlo?

–Lo primero es decidir si queremos una nación de ciudadanos libres e iguales o atender a los relatos falsos del nacionalismo, que además son irresolubles, porque los que diagnostican el problema son los que viven del problema. Hay que actuar en tres niveles: razones, emociones e intereses. Cuando hablo de razones me refiero a combatir la ideología y mostrar que no tiene nada de ideal igualitario, y de mostrar que lo de las balanzas fiscales es un cuento o cuál es la realidad demográfica de Cataluña.

Pero también hay que trabajar en el ámbito de las emociones –que son estímulos para que la gente se reconozca como parte de una comunidad, como por ejemplo celebrar la victoria de la selección española– y en el de los intereses, que son los diseños institucionales: por ejemplo, en el Congreso. No puede ser que en un parlamento sea decisivo alguien que diga que no atiende a los intereses de todos, como hizo Míriam Nogueras. Por ejemplo, se podría fijar que para tener representación, un partido tuviera que haber logrado apoyos suficientes en cinco o seis provincias.

–Hablando de elecciones, empezó a escribir el libro hace dos años, pero ya le veía las orejas al lobo a Sílvia Orriols y Aliança Catalana, que son nacionalismo, pero sin caretas.

–Eso ya lo veía quien no se quisiera engañar. Cataluña siempre tuvo una pátina de pensamiento progresista, lo que le otorgaba la licencia de sostener las ideas más reaccionarias del mundo, pero decorándolas de un supuesto progresismo. Esta señora [Orriols] les ha dicho a los nacionalistas: «Abandonen esta decoración, vamos a lo que hemos dicho siempre». Y esto se superpone con disposiciones racistas; está capturando un voto que está pasando en toda Europa y que no está justificado.

–Cerrando el círculo, y volviendo al inicio: Illa aseguraba hace unos días que no tiene intención de acatar la orden judicial de cumplir con el 25 % de español en las aulas. ¿Qué le parece?

–Sí... Aquí han pasado cosas muy serias. Quien ostenta el poder, lo hace de modo arbitrario y hostigante. Es un goteo, pero la intimidación existe. Mira, te pongo un ejemplo. Yo apoyo a Izquierda Española, y ellos quisieron montar un acto con gente que había sido represaliada por temas lingüísticos. En el caso de dos de las personas a las que pidieron participar, no solo no se atrevieron, sino que pidieron que ni siquiera se les mencionase. Esto no es un oasis, sino un cementerio civil.

Y en el caso del catalán… El proceso de expansión de las lenguas es una convergencia del equilibrio de Nash en matemáticas: buscas aquello con lo que te puedas entender con el mayor número de personas, porque a nadie le interesa una lengua con la que no te puedes comunicar. El problema es que en aras de frenar este curso de la historia están jodiéndole la vida a mucha gente. El ámbito educativo es importante, pero yo pienso que el problema fundamental es la exigencia laboral de la lengua.

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