Carles Puigdemont, en una imagen de archivo
Cataluña
Junts exige que en Cataluña «siempre se hable en catalán», pero la realidad es bilingüe y predomina el español
Solo el 15 % de los ciudadanos habla siempre en catalán con sus amigos, mínimo histórico en veinte años
Junts per Catalunya ha elevado el listón de la reivindicación lingüística al exigir que en Cataluña se hable «siempre en catalán», mientras impulsa medidas para reforzar su presencia en la vida pública. Sin embargo, las cifras de la propia Generalitat dibujan una realidad mucho más matizada: Cataluña es hoy un territorio claramente bilingüe y la lengua más utilizada en el día a día sigue siendo el español.
Según la última Encuesta de Usos Lingüísticos de la Población, el catalán solo es la lengua habitual de alrededor de un tercio de los catalanes, frente a un castellano que se consolida como idioma mayoritario. A ello se suma un dato reciente especialmente significativo: sólo un 15% de los ciudadanos declara que habla siempre en catalán con sus amigos, el nivel más bajo registrado en las dos últimas décadas.
La ofensiva lingüística de Junts
El partido de Carles Puigdemont ha convertido la cuestión lingüística en uno de sus principales campos de batalla. Bajo el argumento de que el catalán se encuentra en una situación de «emergencia», Junts presiona para que la administración, las empresas y los servicios de atención al público prioricen sistemáticamente el uso del catalán.
En el ámbito municipal, la formación ha promovido campañas para animar a los ciudadanos a no cambiar de idioma y mantener el catalán en todas sus interacciones, desde el comercio de barrio hasta la vida asociativa.
Paralelamente, la formación ha condicionado pactos políticos a la ampliación de derechos formales para el catalán, desde la atención en lengua propia en grandes compañías hasta exigencias adicionales en materia de integración de nuevos residentes. Todo ello se resume en un mensaje claro: en Cataluña, la norma debería ser hablar en catalán por defecto.
Las encuestas de la Generalitat
Frente a este discurso, la Encuesta de Usos Lingüísticos de la Población, elaborada por el instituto estadístico de la Generalitat, ofrece una fotografía mucho menos alineada con el lema de Junts. Los datos más recientes sitúan al catalán como lengua habitual de aproximadamente un tercio de los ciudadanos, mientras el castellano es la lengua de uso cotidiano de casi la mitad de la población.
Además, crece el grupo de personas que alternan ambas lenguas según el contexto, lo que confirma que la realidad social es más la de un bilingüismo asentado que la de un país donde «siempre» se hable en catalán.
Ofrenda floral de Plataforma per la Llengua durante la Diada, en una imagen de archivo
La evolución histórica también resulta elocuente: el peso del catalán como lengua habitual exclusiva ha ido disminuyendo en las últimas décadas, pese al esfuerzo institucional destinado a promover su conocimiento y su presencia en la enseñanza y en la administración. El español, por su parte, mantiene su posición como idioma principal de relación para amplias capas de la población, especialmente en las grandes áreas urbanas y en los entornos más dinámicos.
Las ampliaciones y desgloses más recientes de esta encuesta permiten observar qué ocurre en ámbitos concretos de la vida cotidiana. Uno de los indicadores más reveladores es el de la lengua utilizada con los amigos, donde se mide el idioma que los ciudadanos escogen en un entorno de máxima confianza. En este terreno, el catalán sufre un retroceso llamativo: solo un 15 % de los encuestados afirma que habla siempre en catalán con sus amigos, la proporción más baja registrada en veinte años.
Hace dos décadas, el uso del catalán en este ámbito era sensiblemente superior y competía de tú a tú con el español. Hoy, en cambio, el castellano se ha consolidado como lengua predominante entre las amistades, mientras aumenta también el uso mixto de ambas lenguas. El resultado es que el catalán pierde peso incluso en aquellos espacios donde tradicionalmente había tenido una presencia muy sólida.
En este contexto, la exigencia de que en Cataluña se hable «siempre» en catalán queda lejos de la fotografía que ofrecen las estadísticas oficiales. La sociedad catalana se estructura, en la práctica, sobre un bilingüismo amplio, con el español como lengua mayoritaria y el catalán como idioma relevante, pero en retroceso relativo como lengua exclusiva. Pretender trasladar a la calle y a la vida privada un criterio de uso único del catalán implica ignorar que una parte muy significativa de los ciudadanos tiene el castellano como lengua natural de expresión.
La política lingüística no se desarrolla sobre un vacío, sino sobre los hábitos reales de la población. Los datos de la Generalitat muestran que el catalán y el español forman parte del patrimonio común de Cataluña, pero también que el intento de imponer de facto una sola lengua en la interacción social no se corresponde con las prácticas de los propios catalanes. La brecha entre el lema de Junts y la realidad bilingüe del país es, a la vista de las cifras, difícil de obviar.