'Los Tercios en Albuch', cuadro del pintor José Ferré Clauzel

Historia

De nobles a bandoleros: los catalanes que defendieron con su vida el imperio español luchando en los Tercios

La realidad desmiente el relato nacionalista

Los Tercios fueron la unidad militar de élite del Imperio español durante la época y dinastía de los Austrias, desde 1534 hasta 1704. Nos legaron una fama y leyenda digna de los más grandes héroes de la Antigüedad clásica. Durante la toma de Granada en 1492 y las campañas italianas del Gran Capitán en el Reino de Nápoles, se sentaron las bases para la existencia de un ejército permanente estructurado y administrado plenamente por el monarca.

En 1503, la Gran Ordenanza reflejó la adopción de la pica larga y la distribución de peones en compañías especializadas, pero no sería hasta 1534 cuando se crearía oficialmente el primer Tercio propiamente dicho, el de Lombardía. Poco después, la Ordenanza de Génova de 1536, promulgada por el emperador Carlos I, dio vida a los Tercios de Nápoles y Sicilia, así como al Tercio de Galeras, que se convirtió en la primera infantería de marina de la historia mundial.

Para el enemigo un enfrentamiento contra estas unidades significaba casi seguro una masacre, debido a que los soldados españoles no se rendían y luchaban hasta la muerte en casi todas las batallas, siendo comparados con los hoplitas griegos o las legendarias falanges de Alejandro Magno.

Estas unidades nacieron de la necesidad de mantener un ejército permanente y preparado en distintos puntos geográficos debido a la inmensidad del imperio. Esto otorgó a las tropas un carácter multinacional, conviviendo en sus filas españoles, italianos, alemanes, valones, irlandeses e ingleses.

En ellos convivían todas las clases sociales, desde los primogénitos de la alta nobleza hasta criminales y hombres sin posesiones. Al ingresar, se activaba una meritocracia militar donde se podía ascender socialmente gracias al respeto, la disciplina y el valor, aunque los naturales de España gozaban de ciertos favores y preferencias en el momento de promocionar en igualdad de condiciones.

Tercios Viejos y Nuevos

Los tres primeros Tercios, dotados de un mando jurídico y militar absoluto bajo la figura de un veterano Maestre de Campo, se denominaron Tercios Viejos. Posteriormente, la necesidad de tropas en otros territorios americanos y europeos propició la creación de los Tercios Nuevos. Cada unidad contaba teóricamente con unos 3.000 hombres y su enorme calidad residía en la combinación eficaz de armas blancas, como largas picas de seis a ocho metros que formaban cuadros cerrados contra la caballería, con el poder de fuego de arcabuces, mosquetes y artillería ligera.

El alojamiento estaba a cargo del furriel, el cual se encargaba de que cada soldado tuviera un lugar en el que alojarse en un pueblo. Esto era el acantonamiento. El gran problema es que la soldada no estaba prevista para sustentar a una familia. La comida variaba mucho y cada uno se ocupaba de su comida. Se contaba con el previo almacenamiento de los víveres durante la marcha como parte del bagaje.

Un Capitán de los Tercios, por Augusto Ferrer Dalmau

La exitosa estrategia de los Tercios inspiró una abundante literatura militar. A diferencia del resto de soldados europeos, que actuaban como mercenarios temporales, el de los Tercios no servía al mejor postor, sino a su Rey y a la Cristiandad con la máxima lealtad, pagando con el honor y la vida. Aunque la soldada solía retrasarse y las campañas exigían soportar largos asedios durmiendo en tiendas de lona, los soldados mantenían un código de hermandad inquebrantable.

Se organizaban en camaretas, grupos de menos de diez hombres que compartían recursos y se ayudaban mutuamente para sobrevivir. En su día a día, llamaba la atención su opulenta forma de vestir; los veteranos lucían sombreros con plumas, colores vivos y ropajes lujosos de donde nació la expresión de ir muy flamenco, pareciendo auténticos príncipes de la guerra. Su única uniformidad obligatoria era el distintivo de la infantería española. Esto es la Cruz de San Andrés de color rojo.

El final de estas míticas unidades llegó con el agotamiento social, el declive imperial y la débil política exterior del reinado de Carlos II. Tras su muerte se desencadenó la Guerra de Sucesión, un conflicto que puso al imperio al borde del desmembramiento. En el 1700 los Tercios estaban prácticamente extintos y más del ochenta por ciento de los existentes eran recientes.

Con la llegada al trono de Felipe V, el nuevo monarca implantó el modelo organizativo del ejército francés. Mediante las reales órdenes de 1701 y 1702 se modificaron las estructuras de mando, y finalmente, el 28 de septiembre de 1704, un decreto real transformó oficialmente los Tercios en regimientos, cerrando definitivamente la historia de estos valientes soldados.

Catalanes en los Tercios

El nacionalismo catalán intenta demostrar que Cataluña era un país independiente de España y que nunca participó en todo lo que acabamos de contar. Sin embargo, la realidad es tozuda y, a lo largo de la historia, muchos catalanes formaron parte de los tercios españoles. Algunos eran antiguos bandoleros para redimirse. También nobles y no nobles.

Eran miembro de la nobleza Francisco de Arderna de Darnius, señor de Darnius, de San Lorenzo-Muga, de Montroig, de Busquerós, de Lavalol y de Les Illes; Francisco de Ardena Ortafá, caballero Orden de Santiago; Jerónimo de Argençola de Blanes; Jerónimo de Argençola de Vilana-Montrodón; José Sorribas Rovira, caballero Orden de Santiago; Francisco Júdice Spinola, señor de San Feliu de Lluelles; Pedro de Rubí Sabater, marqués de Rubí; José Antonio de Rubí Boixadors, marqués de Rubí y barón de Llinás; Luis de Peguera, caballero de la Orden de Santiago; José de Rocabertí, señor de Aviñó, y caballero de la Orden de Alcántara; Agustín Guillá de Llordat, gobernador de la Seu de Urgell; Ramón Xammar, caballero Orden de Calatrava; José Agulló de Pinós, marqués de Gironella; Jacinto Descallar de Fivaller, gobernador perpetuo de Puigcerdà; Ramón Francisco de Calders, señor de Segur y de Pierola; Juan de Sentmenat de Torrelles, de la casa de Torrelles.

Otro fueron Francisco de Alentor; Francisco Moradell; Grau Ribas; Damián Oller; José Francisco Albertí; José Sorribes Rovira; Juan Trassi; Enrique Pons; Salvador Terrés; Pablo Vinyes; Francisco Ferrer; Domingo Canal de Torralles; Juan Esteban de Bellet Sampsó; José Boneu; Jacinto Descallar de Ortodó; Juan Descallar Çarriera; Guillermo Bassa; José Armengol; Hortensio Armengol; Francisco de Alentor; Alberto de Benet; Alfonso Caballería.