Velas encendidas, en una imagen de archivo
Historia
Supersticiones en la Cataluña de antaño: del pan boca abajo a la planta que entretenía a las brujas
Las supersticiones nacieron para reducir la incertidumbre, derivando en tradiciones para proteger el hogar y atraer buena suerte
Las supersticiones son comportamientos normales en el ser humano que forman parte de un mecanismo psicológico y cultural para lidiar con la incertidumbre. El cerebro humano busca patrones de causa-efecto para anticiparse a los peligros. Un sesgo cognitivo natural que ayuda a sobrevivir. Ciertas acciones sirven como un bálsamo emocional que da una falsa sensación de control ante situaciones difíciles. Se aprenden a través de la cultura y la familia sin que esto signifique la presencia de una enfermedad o alteración mental.
Sin embargo, las supersticiones son creencias y conductas de raíz irracional que atribuyen un carácter mágico, sagrado o sobrenatural a determinados actos, objetos o acontecimientos. Su origen antropológico se remonta a la necesidad intrínseca del ser humano de encontrar sentido a lo incomprensible, controlar el azar y aplacar el miedo a la incertidumbre, la enfermedad o los fenómenos naturales.
Desde la Antigüedad, la falta de conocimiento científico llevó a diversas culturas a desarrollar rituales protectores. Muchas de estas prácticas nacieron del paganismo grecorromano y celta, donde la naturaleza estaba poblada de espíritus benignos y malignos. Con la llegada de la Edad Media la Iglesia Católica integró o combatió estas costumbres. Algunas fueron cristianizadas, transformando amuletos paganos en imágenes reliquia o cruces, mientras que otras fueron perseguidas y catalogadas como brujería o profanación.
En Cataluña, la vivencia de la superstición está profundamente vinculada a su geografía rural, a la vida agrícola y a la rica tradición de transmisión oral recogida magistralmente por etnógrafos como Joan Amades en su obra Costumari Català. El folclore catalán fusionó rituales ancestrales de protección de la cosecha con una marcada simbología católica.
El pan boca abajo
Entre las manifestaciones supersticiosas más características del ámbito catalán podemos hablar que, en la cultura campesina, el pan representaba el sustento vital. De ahí la la prohibición tajante de dejarlo boca abajo en la mesa, gesto considerado una ofensa directa a la providencia que atracaba la mala suerte a la casa.
Las zonas montañosas, especialmente el Pirineo, como el Valle de Àneu o las tierras de la Garrotxa, fueron foco de intensas creencias en bruixes (brujas) y metzineres (hechiceras). Para proteger las viviendas del mal d'ull (mal de ojo) o de las tormentas provocadas por brujas, era habitual colocar la planta carlina, o cardo silvestre, en la puerta de entrada, pues se creía que las brujas se entretenían contando sus espinas hasta que amanecía y perdían su poder.
La chimenea era el centro neurálgico del hogar campesino. Existían rituales para ahuyentar los malos espíritus, como quemar ramas de olivo bendecidas durante el Domingo de Ramos cuando se acercaba una gran tormenta (pedregada).
Un cardo, en una imagen de archivo
Aunque el progreso científico redujo la influencia de estas creencias en la vida moderna, en muchos lugares han perdurado transformadas en tradiciones culturales, refranes y leyendas popularizadas que forman parte indiscutible del patrimonio etnológico catalán. Algunas de ellas son las que a continuación describiremos:
Hacer una cruz en el pan antes de cortarlo. Antes de empezar un pan muchas familias hacían una pequeña cruz con el cuchillo en la base. Se decía que así se bendecía el pan, se daban gracias por la comida y nunca faltaría alimento en casa.
El mantel arrugado o torcido. Si el mantel de la mesa quedaba torcido al ponerlo se creía que ese día habría peleas familiares durante la comida.
Derramar sal. Era presagio de desgracia o discusiones. Para anular el mal agüero, se debía coger una pizca de la sal derramada con los dedos de la mano derecha y tirarla por encima del hombro izquierdo.
Que te barran los pies. Se decía que si alguien te pasaba la escoba por los pies te quedarías sin casar o tendrías mala suerte en el amor. Por eso mucha gente apartaba rápidamente los pies cuando alguien barría.
Romper un espejo. Durante siglos se ha dicho que romper un espejo trae siete años de mala suerte. Antiguamente se creía que los espejos reflejaban una parte del alma y que, al romperlos, también se rompía esa protección.
Entrar con el pie derecho. Al cruzar el umbral de una casa por primera vez, o al levantarse por la mañana, debía hacerse siempre apoyando primero el pie derecho para asegurar que el día o la visita fueran prósperos.
Si te pica la mano. La creencia popular dice que si te pica la mano izquierda recibirás dinero. En cambio, si te pica la mano derecha pronto tendrás que gastar. Es una de esas supersticiones que aún hoy mucha gente recuerda y comenta cuando le empieza a picar una mano.
Si te pica la nariz. Se decía que si te picaba la nariz pronto tendrías una discusión o una pelea con alguien. Es una de esas supersticiones que todavía mucha gente recuerda de los abuelos.
Dejar el bolso en el suelo. La creencia popular dice que dejar el bolso en el suelo hace que se te escape el dinero o la prosperidad. Por eso hay personas que siempre buscan una silla o un colgador antes de dejarlo en el suelo.
Si te pitan los oídos. Cuando te pitaba un oído se decía que alguien estaba hablando de ti. Según la tradición popular si era el derecho hablaban bien y si era el izquierdo no tan bien.
Brindar con agua. Se dice que brindar con agua trae mala suerte, especialmente en celebraciones importantes. Por este motivo muchas personas prefieren no brindar si solo tienen un vaso de agua.
Tocar madera. Cuando alguien decía algo bueno o expresaba un deseo era habitual tocar madera para que la mala suerte no lo estropeara. Según una de las teorías más conocidas la madera simbolizaba la protección de los árboles y de sus espíritus.
El canto del búho o la lechuza. Oír el canto de estas aves nocturnas cerca de la ventana de una casa era considerado un presagio inminente de enfermedad o muerte en la familia.
Cortarse las uñas en domingo. O el cabello atraía a los demonios o traía dolor de muelas.