El presidente de Junts per Catalunya, Carles Puigdemont, en enero de 2026 en Perpiñán (Francia)
Puigdemont apoyó en 2021 a Marruecos para recuperar Ceuta y Melilla: «Son herencia de un pasado colonial»
El expresdiente de la Generalitat calificó estas plazas españolas como «ciudades africanas»
Carles Puigdemont ya tomó partido en la disputa por Ceuta y Melilla. Fue en mayo de 2021, en plena crisis diplomática entre España y Marruecos, cuando el expresidente de la Generalitat publicó un mensaje en francés en el que cuestionaba abiertamente la posición española sobre las dos ciudades autónomas y respaldaba el derecho de Rabat a plantear su soberanía.
«Espero que la UE no esté influida por la inflamación nacionalista española», escribió entonces Puigdemont. Y, a continuación, fijó su posición sobre Ceuta y Melilla: las definió como «dos ciudades africanas» que solo formaban parte de la Unión Europea por la «herencia de un pasado colonial» que había permitido a los europeos tener posesiones fuera de Europa.
Pero el mensaje iba todavía más lejos. Puigdemont afirmó que «Marruecos tiene derecho a plantear la cuestión de la soberanía» y reclamó una mesa de diálogo para resolver el conflicto. Su propuesta pasaba por sentar a España y Marruecos para abordar «la agenda de los desacuerdos».
No era, por tanto, simplemente una crítica a la gestión del Gobierno español de aquella crisis migratoria. Puigdemont cuestionaba el propio marco de la disputa territorial y reconocía a Marruecos el derecho a plantear la soberanía de unas ciudades que forman parte de España y de la Unión Europea.
Cinco años después, Ceuta vuelve a estar en el epicentro de una crisis migratoria y Puigdemont vuelve a aprovechar la situación para cargar contra España. Esta vez acusa al Gobierno de Pedro Sánchez de incompetencia y alerta de que su gestión puede acabar generando problemas para el espacio Schengen. Pero el líder de Junts añade a su discurso una reivindicación que afecta directamente a Cataluña: la transferencia a la Generalitat de las competencias en inmigración.
El razonamiento de Puigdemont es que Cataluña no debería pagar las consecuencias de las decisiones adoptadas por el Estado y que disponer de competencias propias permitiría gestionar los flujos migratorios y contar con instrumentos para actuar ante situaciones como la que ahora se vive en Ceuta y Melilla.
Así, una crisis que se desarrolla en una frontera española con Marruecos se convierte para Junts en un argumento para reclamar más poder para la Generalitat. Puigdemont responsabiliza a Sánchez de la situación, alerta de sus consecuencias en Europa y, acto seguido, reivindica que Cataluña pueda asumir competencias que actualmente corresponden al Estado.
Su portavoz en el Congreso, Míriam Nogueras, mantiene el mismo planteamiento y llega a presentar a Cataluña como un supuesto «dique de contención» europeo frente a la gestión migratoria española. Junts reclama competencias plenas en inmigración y defiende además la participación de los Mossos d'Esquadra en el control de las fronteras y su presencia en puertos y aeropuertos.
En cualquier caso, el posicionamiento de Puigdemont sobre Marruecos tiene un antecedente inequívoco. Y la crisis actual le ofrece además una nueva oportunidad para convertir un problema en la frontera española con Marruecos en una reivindicación de mayor poder para la Generalitat y de erosión del Estado.