Un grupo de jubilados juega a la petanca, en una imagen de recurso

Un grupo de jubilados juega a la petanca, en una imagen de recursoMinisterio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones

Cataluña

La batalla de la petanca: vecinos y jugadores enfrentados en Calafell (Tarragona)

Dos pistas municipales, un edificio de viviendas y dos versiones enfrentadas sobre el ruido han convertido una tranquila zona de Mas Mel en el escenario de un conflicto vecinal que se arrastra desde hace años

Hay guerras que empiezan por grandes asuntos y otras que lo hacen alrededor de dos pistas de petanca. En Calafell (Tarragona), la disputa tiene algo de surrealista, pero para los vecinos y los jugadores que la protagonizan es muy real. En un lado están los residentes de un edificio de Mas Mel, que han llenado sus balcones de pancartas para reclamar que el Ayuntamiento retire las pistas. En el otro, los aficionados del Club de Petanca Mas Mel, que aseguran que no molestan a nadie y denuncian que son ellos quienes están sufriendo actos de sabotaje.

El origen del enfrentamiento se remonta a 2023. Hasta entonces, los jugadores practicaban este deporte junto a la playa. La erosión provocada por el mar obligó a buscar una nueva ubicación y el Ayuntamiento trasladó las pistas a un espacio público situado a los pies de un bloque de viviendas. Lo que para los jugadores fue un cambio de ubicación acabó convirtiéndose, con el paso del tiempo, en una fuente de tensión permanente.

Los vecinos aseguran que aceptaron inicialmente la instalación porque entendieron que sería provisional. Cuatro años después, las pistas siguen allí. Y este verano la paciencia de algunos residentes ha terminado por agotarse.

En los balcones han aparecido pancartas con mensajes contra las pistas y contra el consistorio. Los residentes sostienen que el problema no es únicamente la actividad deportiva. Hablan del golpe de las bolas, pero también de las conversaciones, las discusiones y las celebraciones de los jugadores. Algunos aseguran además que la instalación ha alterado el paso que utilizaban para dirigirse hacia el paseo marítimo y la playa.

«Dejó de ser plaza, zona viaria y paso vecinal hacia la playa», lamentan los residentes, que consideran que el Ayuntamiento debería haber buscado otra ubicación. También sostienen que han presentado varias reclamaciones ante el consistorio sin obtener una solución y denuncian que se les deriva de un área municipal a otra sin que nadie termine de resolver el problema.

La petanca como punto de encuentro

Los jugadores ofrecen una fotografía completamente distinta. Para ellos, las pistas son simplemente un equipamiento municipal en el que un grupo de aficionados se reúne para jugar y pasar un rato juntos. Rechazan que sus partidas sean especialmente ruidosas y aseguran que respetan los horarios de descanso.

«No molestamos a nadie, nos juntamos diez o doce personas de forma amistosa, para jugar de seis a ocho de la tarde. No jugamos de noche», explica Mariano Ramírez, uno de los miembros del Club de Petanca Mas Mel.

Los jugadores defienden, además, que no tienen intención de abandonar el lugar por iniciativa propia. Consideran que las pistas fueron instaladas por el propio Ayuntamiento y que, mientras el consistorio no les ordene trasladarse, seguirán utilizándolas.

El enfrentamiento ha llegado también a un terreno más desagradable. Los petanqueros denuncian que han sufrido sabotajes en las instalaciones. Según explican, alguien ha colocado silicona en repetidas ocasiones en el candado del armario donde guardan el material y han tenido que sustituirlo en varias ocasiones.

«Un par de señores nos meten silicona continuamente en el candado del armario donde guardamos el material para jugar y nos arrancaron el letrero del club en las pistas», denuncia Ramírez. Los jugadores también aseguran haber encontrado suciedad, piedras y excrementos en las pistas.

Los vecinos niegan ser responsables de estos episodios y, al mismo tiempo, aseguran haber sufrido comportamientos incívicos. Hablan incluso de bolsas con excrementos arrojadas a la entrada del edificio y de suciedad en las inmediaciones.

«No quiero pelear con nadie, pero no me gusta que me insulten», explica uno de los residentes, que insiste en que la protesta no está impulsada por ningún partido político. Las pancartas que cuelgan de las fachadas, asegura, responden exclusivamente a la iniciativa de los vecinos.

Una solución que no termina de llegar

Mientras unos piden que desaparezcan las pistas y otros reclaman su derecho a seguir jugando, el Ayuntamiento intenta encontrar una salida intermedia. El alcalde de Calafell, Ramon Ferré, ha planteado a los jugadores la posibilidad de trasladar la actividad a una zona verde situada junto a la avenida paralela a las vías del tren. El espacio está más alejado de los edificios y cuenta con árboles y bancos.

La propuesta, sin embargo, no ha convencido a los petanqueros, que argumentan que viven lejos de esa ubicación. Los vecinos consideran que la distancia respecto a las actuales pistas es suficientemente pequeña y entienden que el rechazo evidencia el enquistamiento del conflicto.

Ferré también ha reconocido que los jugadores deben ser conscientes de que la actividad puede generar molestias. Al mismo tiempo, el consistorio no ha decretado el cierre ni el traslado de las pistas.

Existe incluso otra alternativa sobre la mesa: recuperar para la petanca un tramo de playa que fue devuelto al mar después de que se demoliera una construcción levantada sobre la arena. El Ayuntamiento quiere comprobar antes cómo responde ese espacio a los temporales y, a partir de ahí, estudiar si puede convertirse en una nueva ubicación.

Pero, de momento, las bolas siguen rodando en Mas Mel.

Cada tarde, los jugadores ocupan las pistas y los vecinos observan desde sus viviendas. Las pancartas continúan colgadas en los balcones y las acusaciones cruzadas han sustituido a lo que, en principio, debería ser una convivencia sencilla entre un equipamiento deportivo y quienes viven junto a él.

El problema, a estas alturas, ya no parece ser únicamente el ruido de una bola contra otra. Es una disputa sobre el uso del espacio público, sobre dónde termina el derecho de unos a disfrutar de su ocio y dónde empieza el derecho de otros al descanso. Y, mientras Ayuntamiento, vecinos y petanqueros no encuentran un punto de encuentro, en Calafell la partida sigue abierta.

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