La afición del FC Barcelona luce la estelada durante el partido de la primera jornada de LaLiga
Historia
El creador de la estelada escribió un himno para expresar cuánto odiaba a España: «Nuestro odio es divino»
Hoy en día calles y plazas en municipios como Barcelona, Girona y Vic llevan su nombre
A lo largo de la historia del nacionalismo catalán siempre ha habido agitadores, cuya labor ha servido para reforzar el relato que sostiene este movimiento ideológico. Uno de estos personajes es Vicenç Albert Ballester i Camps, conocido como el creador de la bandera estelada que el independentismo actual sigue adoptando como principal símbolo.
Ballester nació en Barcelona el 18 de septiembre de 1872, en el seno de una familia acomodada. Se formó en la Escuela Náutica para obtener el título de piloto de la marina mercante. Esta profesión le llevó a navegar por diversos mares y a cruzar el Atlántico.
Estuvo bastante tiempo viviendo en Cuba, República Dominicana y Puerto Rico. Esta experiencia marcó su visión del mundo y la posterior estrategia política que quiso aplicar en Cataluña. Al dejar la marina mercante regresó a Cataluña. A su llegada se encontró un territorio dividido por el descontento de los sectores identitarios con el autonomismo moderado de la Lliga Regionalista y el auge de Solidaridad Catalana.
El retrato más conocido de Vicenç Albert Ballester
Ballester comprendió que Cataluña necesitaba una ruptura radical contra las vías institucionales establecidas por los gobiernos de Francesc Cambó. En 1918, inspirado por las revoluciones que había vivido en Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, ideó una nueva bandera para Cataluña. Aquí es cuando nació la conocida estelada.
Al añadirle el triángulo azul con la estrella blanca, sobre las cuatro barras, buscaba internacionalizar el conflicto catalán en un momento, para él propicio, pues estaba a punto de terminar la I Guerra Mundial. Quería apelar al derecho de autodeterminación que había promovido, en 14 puntos, el presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson.
En su discurso de enero de 1918, Wilson expuso su receta didáctica para la paz. Fijó reglas limpias mediante diplomacia pública, desarme, comercio y mares libres. Rediseñó el mapa europeo bajo la autodeterminación para que los pueblos oprimidos crearan sus propios países. Habló de la Sociedad de Naciones, un club donde los gobiernos resolverían sus conflictos dialogando y evitarían futuras guerras.
Con respecto a la autodeterminación, Wilson hablaba de Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Austria, Hungría, Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania, nuevos estados creados después de la I Guerra Mundial. En ningún momento pensó en Cataluña, porque ni era un territorio independiente ni cumplía las premisas de la autodeterminación.
Agitación popular
La estelada solo fue una pieza más dentro de la maquinaria propagandística que ideó Ballester. Creía que una causa política no podía prosperar sin agitación popular. Por eso empezó a editar publicaciones combativas y satíricas como La Tralla o L’Intransigent. Empleaba una prosa corrosiva contra la administración central. Eso hizo que más de una edición fuera confiscada por la policía, que se clausuraran las imprentas con las que trabajaba, o que acumulara más de una orden de detención y que sus huesos acabaran entre rejas.
Al darse cuenta que la censura estaba limitando su mensaje decidió llevarlo al exterior. Los contactos que tenía en América Latina se convirtieron en una retaguardia logística y financiera de primer orden. Colaboró en periódicos de la emigración como Ressorgiment en Buenos Aires y La Nova Catalunya en La Habana, asegurándose de que la propaganda independentista circulara libre por el continente americano y de manera clandestina se leyera en Cataluña.
Por lo que respecta a su faceta política esta se inició siendo socio de la Associació Nacionalista Catalana, una organización de jóvenes radicales catalanistas que estaban en contra de los políticos veteranos de Solidaridad Catalana y la Lliga Regionalista. En 1920 asumió la dirección de Unió Catalanista, plataforma política conservadora y de carácter federalista regionalista.
Bajo su presidencia, la entidad abandonó el regionalismo para abrazar la tesis de la secesión. Con la llegada de la dictadura de Primo de Rivera permaneció en la sombra, dando apoyo logístico al partido Estat Català, colaborando en las maniobras internacionales orquestadas por Francesc Macià desde el exilio y mostrando afinidad con organizaciones de acción directa como Nosaltres Sols! de Daniel Cardona.
Campañas de guerrilla
Ballester llevó a cabo una intensa agitación de guerrilla urbana basada en el uso de impresos de mano, pasquines y pegatinas masivas. Sus campañas buscaban la afirmación lingüística en el espacio público mediante llamadas al boicot comercial, animando a los ciudadanos a no consumir en establecimientos que no utilizaran el catalán en sus rótulos.
Estas iniciativas venían acompañadas de consignas diseñadas para calar de forma más rápida en la calle, entre las que destacaban proclamas como «¡nacionalistas! No compréis en las casas que no tengan rótulos en catalán», «el catalán que no es catalán no es nada» o «la escuela catalana es el plantel de los futuros patriotas».
Imagen de dos mujeres con una estelada tomada durante una manifestación
El entramado doctrinal de Ballester rechazaba, de forma absoluta, cualquier arreglo estatutario o concesión administrativa. Para la Diada de 1907 compuso un poema titulado Himne que, entre otras cosas, decía:
Ya es hora de que la Patria que nuestro corazón adora; camine toda sola hacia el Ideal que vibra; en nuestros corazones y mentes de santa libertad. No mendigamos leyes nuevas, ni pedimos clemencia; queremos para Cataluña la santa Independencia; que España se humille bajo el peso del pendón barrado.
En cuanto vibre por los aires el grito de ¡Vía fuera!; y la bandera santa ondee a nuestro lado, seremos potentes, e indómitos como vientos desenfrenados. Si acaso morimos, la gloria valdrá mucho más que el vivir; y si vivimos veremos a la Cataluña libre; formando en la sardana de los pueblos liberados»
Se retiró de la vida política en 1931, al proclamarse la II República. Pasó sus últimos años de vida en un exilio interior en El Masnou. Falleció el 15 de agosto de 1938 a los 66 años de edad. Con el restablecimiento de las instituciones democráticas se recuperó su figura como el gran teórico del separatismo catalán.
Hoy en día calles y plazas en municipios como Barcelona, Girona y Vic llevan su nombre, recordando al hombre que transformó la nostalgia regionalista en una doctrina de confrontación simbólica e ideológica.