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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Tertulianos llamando racistas a los ceutíes

Imposible que puedan deleitarse, como hacen los ceutíes, con la Semana Santa, con el ayuno musulmán, con el festival de luces y el triunfo del bien sobre el mal en el Diwali hindú o con la deliciosa semana del Sucot judío

Una de las escenas más estupefacientes del final del verano es presenciar -lo hago en primera persona- cómo voceros socialistas que no tienen que llevar a sus hijos al cole escoltados por policías y que no están obligados a vivir confinados en sus casas para no pisar la calle llena de porquería e inseguridad, llaman a los ceutíes xenófobos y racistas. Entre las ignominias del sanchismo, esta es de las peores. El mundo al revés. Hay que tener una desvergüenza supina para dar lecciones de acogimiento, tolerancia y convivencia a una ciudad que es el ejemplo prístino de todo ello. Aquí hay que recurrir a lo de nuestros mayores: cuando seas padre, comerás huevo. Moncloa ha tocado a rebato al rebaño lanar televisivo para que desenfoque el debate y pongan la carga de la prueba en la ciudadanía española de Ceuta, además de apuntar a una conspiración judeo-masónica. Digo rusa. No en la estrategia desestabilizadora de Rabat, ni en la incuria y felonía de Sánchez desentendiéndose del problema y quedándose en la hamaca lanzaroteña. No. Ahora la culpa es de las víctimas. Y si, además, termina ocurriendo una desgracia la responsabilidad la tendrá la ultraderecha con sus bulos.

Pero lo importante es justo lo contrario: cómo por culpa del Gobierno y de sus incompetentes ministros a Ceuta la han robado su vida, su normalidad, su verano y todo apunta a que también su otoño. Y, a pesar de eso, los vecinos de la ciudad siguen siendo un espejo de pluralidad en el que mirarse. Por eso, conviene recordarles a estos desahogados serviles que abran la boca cuando no puedan poner su sombrilla en la playa del Trampolín o en la de La Ribera, cuando no les dejen pasear por La Marina, o saborear un helado cerca de El Chorrillo, o disfrutar sin miedo de las Murallas Meriníes, o tomarse relajados un té con pastas en Benzú, o contemplar sin riesgos la majestuosidad de la plaza de África: entonces podrán hablar con algo de legitimidad. Cuando sus madres no puedan salir de casa a la compra o sus niños no puedan dar patadas al balón en el parque vecino, entonces que abran la boca. Cuando puedan demostrar que ellos celebran con el mismo respeto que Ceuta las fiestas de cristianos, musulmanes, hindúes y hebreos porque tienen y gozan de un sincretismo religioso y cultura ancestral, entonces tendrán derecho a decir algo. Imposible que puedan deleitarse, como hacen los ceutíes, con la Semana Santa, con el ayuno musulmán, con el festival de luces y el triunfo del bien sobre el mal en el Diwali hindú o con la deliciosa semana del Sucot judío. Y encima todo eso ocurre en poco menos de 20 kilómetros cuadrados. Curioso que los mismos que son incapaces de aceptar la libertad de los que no opinan como ellos en la mitad de territorio que engloba la M-30 se crean con potestad para señalar a un pueblo de la talla moral e histórica del ceutí.

Este tiempo de sectarismo y degradación institucional en el que nos ha instalado Pedro Sánchez produce monstruos de cinismo inllevables. No vamos a poder comprobarlo, pero sería interesante saber si estos activistas camuflados de periodistas hubieran acogido en sus casas, con la empatía y amor con que lo han hecho los caballas, a decenas de niñas, enviadas como carnaza por su Rey contra la frontera sur de Europa, para evitar que fueran víctimas de agresiones sexuales y de las mafias. Unos ciudadanos que pisan una tierra que antes pisaron, entre otros, fenicios, cartagineses, romanos, visigodos y bizantinos, hasta la llegada del Islam, y que solo han demostrado una vocación sobre todas las demás: ser españoles, están moralmente en un lugar muy alto, inalcanzable para según qué sujetos. Ceuta es española porque quiso -pudo elegir ser portuguesa en 1640 y optó por seguir en la Monarquía española- pero, de nuevo, dio una lección de amor por todas las culturas al mantener el escudo portugués en honor a los lusos. A estos van los sincronizados de Pedro a enseñarles a ser tolerantes. Ellos.

Hay autores que identifican la isla de las sirenas, adonde arriba Odiseo para mantener un idilio con Circe, con el famoso islote de Perejil. Homero habla del demonio del fondo marino y muchos estudios creen que ese demonio era el temporal del Estrecho, y donde recaló Odiseo antes de volver a su amada Ítaca fue Ceuta. Mejor asirse a la mitología que escuchar a estos sacerdotes de la moral haciendo caja a base de denigrar a compatriotas cuya talla humana no alcanzarían aunque vivieran mil vidas.

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