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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Ministros de Caín

Minados los pilares institucionales, ya solo tenemos gobernantes peritos en ajustar las cuentas de Sánchez. Contra jueces, contra periodistas, contra ciudadanos que protestan, contra el Rey. Contra el Rey, por encima de todo, contra el Rey

No tenemos ministros. Tenemos delegados para las pendencias de Pedro Sánchez. Y alguien que fue expulsado de su partido por inmoral y por bloquear la institucionalidad de España, respira por la herida de Caín. Toda su vida gira en torno a un objetivo: la venganza. Vengarse de su partido y de media España que no vota a su izquierda. Vive para ello. De sus 22 ministros, ninguno ha sido nombrado para ejercer sus competencias, arreglar los trenes de España, prevenir los incendios, levantar infraestructuras hidráulicas para impedir riadas, atender a la sanidad de una ciudad autónoma que ha sido invadida por un país vecino, fortalecer los vínculos diplomáticos con nuestros socios occidentales… El jefe de todos ha prometido venganza y usa para ello a cuantos aliados ha ido hallando en el camino, a los que ha sumado a su causa a base de incluir su nombre en el BOE. Nómina pingüe y fija a cambio de compartir los mismos criterios morales: ninguno. Como los presos por Presupuestos de Otegi.

La polarización y el odio al adversario es la perfecta tapadera de los ministros para no tener que tomar medidas trabajosas. En definitiva, para no gestionar. O todos con Pedro, o los que no lo hagan, están con la derecha. Para algo Sánchez levantó el muro sobre los escombros de la España de 1978. Es verdad que lo construyó contra la derecha. Pero no contra toda ella. La supremacista de Junts y la tradicionalista del PNV le han servido durante estos años para usar el Falcon y veranear en La Mareta. Son, junto a otros, los caseros de su ciudadela. Así que están indultadas. Pero quien monta una barrera sabe que hay dos consecuencias directas: los excluidos tienden a escalarla y los incluidos, a disparar contra los escaladores. Y ahí es donde operan sus ministros.

Entre ellos, hay sicarios de convicción y otros de conveniencia. Entre los primeros se halla Óscar Puente, un perfecto compañero para su resentimiento inabarcable, son presidente y ministro como el café y la leche. Aunque la leche a veces quiera sustituir al café y luego se vea obligado a recular. Al ministro de Transportes le gusta la caricatura, el meme, el escupitinajo. Y no hace distingos: dispara contra el Rey, menosprecia a las víctimas de Adamuz, vomita contra Feijóo, contra Ayuso y contra un señor de Cuenca que lo único que le pide en redes es que zapatero (con perdón) a tus zapatos. Ha preferido siempre ser temido como tuitero que respetado como gestor. Es marca de la casa. A Pedro le gusta. Como que «Mónica, médica y madre», atice al único político que ha estado trabajando en Ceuta desde el primer día de la invasión, Juan Jesús Vivas. Al sanchismo le molaba el Vivas que no les criticó –contra la opinión de su entonces jefe, Pablo Casado– en la crisis de inmigrantes de 2021. Ahora Pedro desde la Mareta ha hecho hablar a Belinda, que es lo mismo que decir que han hecho quejarse a un pacífico ceutí como Vivas, que lleva 25 años de gobierno y conoce su ciudad como la piel de su cara, que luce una rosácea por la tensión acumulada mientras los responsables de la crisis seguían tendidos bajo la sombrilla. Uno en Lanzarote y el otro, en su palacete en París.

Luego están los mentirosos profesionales, como Marlaska. O la especialista nadadora –y guardadora de ropa– Margarita Robles. Ayer volvió a demostrarse que uno de los dos magistrados del gobierno miente. Y todo hace indicar que es el multirreprobado Marlaska. O las Elmas, Siras o Torres…, todos fogueados en las milicias del relato e inéditos en la eficiencia gestora. Minados los pilares institucionales, ya solo tenemos gobernantes peritos en ajustar las cuentas de Sánchez. Contra jueces, contra periodistas, contra ciudadanos que protestan, contra el Rey. Contra el Rey, por encima de todo, contra el Rey.

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