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tribunaEmilio del Río

Alfonso Nasarre: días de radio

Voces alojadas en nuestra memoria, voces que se alejan con el tiempo. Voces de radio. Alfonso Nasarre dedicó buena parte de su vida a ellas: primero fue una de esas voces y después tuvo la responsabilidad de elegirlas, cuidarlas y hacer posible que llegaran cada día a millones de oyentes

Se nos ha muerto como del rayo, Alfonso Nasarre, con quien tanto queríamos. La noche del 25 de agosto, por un cáncer fulminante que le detectaron hace tres semanas. Se nos ha muerto, como del rayo, a los 67 años, qué pronto, un amigo querido para los que le conocimos y disfrutamos de su amistad, un compañero de vida para Esperanza, un hermano y tío genial para sus hermanos y sobrinos, una persona honrada, simpática, honesta, centrada, templada, algo que, como escribió Chesterton «en los tiempos que corren es algo extraordinario». Para todos, un periodista, un hombre de radio.

Madrileño de nacimiento y de vocación, conocía y disfrutaba Madrid, sus calles, su vida y su gente. Quizá por eso tuvo algo de regreso a casa que, después de tantos años dedicados a la radio, su última responsabilidad profesional fuera precisamente dirigir Onda Madrid, la radio pública de la comunidad y la ciudad que tanto quiso. Allí pudo unir dos de sus grandes afectos: Madrid y la radio.

Alfonso Nasarre

Alfonso NasarreEFE

Después de licenciarse en periodismo en la Universidad Complutense empezó a trabajar como redactor en la COPE antes de llegar a ser uno de los grandes directivos de radio de nuestro país.

De sus más de cuarenta años de profesión, cerca de treinta los pasó en la radio. Comenzó en 1985 en la redacción de la COPE, donde fue redactor, cronista parlamentario y político y redactor jefe de política nacional.

Su vocación de servicio público lo llevó también, entre 1997 y 2004, a la Presidencia del Gobierno, durante los dos mandatos de José María Aznar, donde desempeñó distintas responsabilidades en la Secretaría de Estado de Comunicación y llegó a ser director general de Comunicación del Área Nacional.

En 2004, regresó a la COPE, esta vez como directivo, primero como director de Comunicación y después como director de Antena hasta 2012. Ese año se incorporó a RTVE como director de Comunicación y Relaciones Institucionales y un año después asumió la dirección de Radio Nacional de España, que ejerció entre 2013 y 2018. En 2021 volvió una vez más a la radio para dirigir Onda Madrid, responsabilidad que desempeñó hasta su fallecimiento la noche del 25 de agosto.

Hombre profundamente comprometido con el periodismo, Alfonso entendió también que la profesión se construye y se defiende desde sus asociaciones profesionales. Formaba parte desde hace años de la junta directiva de la Federación de Asociaciones de Profesionales de Radio y Televisión de España, desde la que colaboró activamente en la vida de la organización y en algunas de sus principales iniciativas, entre ellas la entrega anual de las prestigiosas Antenas de Oro y de Plata. Quería a la radio. No hablaba de ella sólo como gestor. El grupo de guasap que teníamos con unos amigos se llamaba, puso él el nombre, «viva la radio».

Su etapa en RNE

Durante cinco años, entre 2013 y 2018, Alfonso Nasarre dirigió RNE y engrandeció así una nómina extraordinaria de periodistas que han estado al frente de la radio pública española, en la que figuran nombres fundamentales de nuestro periodismo como Eduardo Sotillos, Fernando González Delgado, Diego Carcedo, Javier González Ferrari, Diego Armario o Pedro Piqueras. Una nómina que se completa, después de él, con Ignacio Elguero y Roberto Santamaría. Una relación de grandes profesionales en una radio a la que Alfonso aportó su manera de entender la radio: el respeto por el oficio, la confianza en quienes la hacen cada día y una profunda vocación de servicio público y con un profundo respeto por el oficio y por los profesionales que cada día se ponen delante de un micrófono.

Una muestra de cómo entendía el periodismo: durante su etapa en RNE se difundió la noticia de un supuesto accidente aéreo en Canarias. Muchos medios dieron la información inmediatamente; RNE no lo hizo porque sus informativos decidieron esperar hasta tener la confirmación de dos fuentes oficiales. Fueron veinte minutos de tensión mientras otros medios daban la noticia. Finalmente se comprobó que no había habido accidente. Nasarre recordaba aquel episodio con orgullo, no por haber sido los primeros, sino precisamente por haber sabido esperar. En una profesión cada vez más obsesionada con llegar el primero, Alfonso Nasarre estaba orgulloso de una ocasión en que RNE llegó después porque prefirió llegar con la verdad.

Era un persona con sentido del humor, fina ironía y una concepción nada grandilocuente del oficio. Si uno se equivoca, decía, rectifica; lo verdaderamente importante, reinvindicaba, es conservar la credibilidad.

Para Alfonso, la radio pública tenía que hacer precisamente aquello que una emisora comercial podía permitirse no hacer. Citaba expresamente la cultura y la información internacional, ámbitos costosos o menos rentables comercialmente, y añadía una misión que consideraba esencial: «vertebrar el territorio nacional». Estaba orgulloso de RNE. Cuando hablaba de sus medios técnicos y, sobre todo, humanos, decía que su capacidad era «brutal, imbatible» y que para él fue un orgullo dirigirla.

En 2018 dirigió un curso de verano de la Complutense cuyo título es una declaración de principios: «RNE: los medios públicos mejoran tu vida». Defendía que la radio pública debía atender las dimensiones cultural, social y científica y, mediante las nuevas tecnologías, favorecer la renovación de los contenidos y la llegada de nuevos profesionales.

Resulta especialmente significativo que su hermano Eugenio (fallecido en 2024) fuera director general de RTVE en 1982 y que, tres décadas después, Alfonso llegara a dirigir RNE. Dos hermanos, dos trayectorias propias y una misma presencia destacada en la vida pública y en la historia de RTVE.

Onda Madrid: volver a empezar

Cuando llegó a Onda Madrid en agosto de 2021, de la mano de su querido José Antonio Sánchez, Alfonso volvió a hacer lo que mejor sabía: construir una radio pública de calidad, con una programación atractiva, plural y cercana, y confiar en los profesionales que la hacen cada día. Él mismo destacó desde el principio que había encontrado excelentes profesionales y apostó por una programación magnífica, que reforzara la información, el entretenimiento, la cultura y la atención a la vida de Madrid, convencido de que una radio pública debía aspirar a la máxima calidad y ofrecer a los ciudadanos aquello que justifica precisamente su condición de servicio público.

Llevó así a Onda Madrid una idea de radio que ya había defendido en RNE: una radio pública con vocación de futuro, capaz de adaptarse a las nuevas formas de escuchar y de comunicar sin perder la esencia del medio. El nuevo estudio, inaugurado en 2026, abierto a la redacción y preparado para la radio visual, el pódcast y los nuevos formatos digitales, fue seguramente la mejor expresión de esa apuesta. Alfonso había comenzado su carrera en la radio de los años ochenta y, más de cuarenta años después, seguía trabajando para construir la radio del futuro.

Alfonso Nasarre ha personificado el amor por la radio y por el oficio, que son las personas: sus maestros, sus compañeros, los redactores en quienes confiaba, las fuentes a las que había que respetar sin dejarse utilizar, la capacidad de reconocer un error.

Sigüenza

Sigüenza ocupó también un lugar especial en su vida y en la historia de Alfonso, de su esposa Esperanza y de la familia Nasarre. Entre tantos lugares asociados a su intensa vida profesional, Sigüenza pertenecía a otro territorio más íntimo: el de los afectos, los recuerdos y las raíces familiares, Sigüenza fue uno de los lugares de su educación sentimental.

Una fe vivida

Alfonso fue también un hombre de profundas convicciones católicas, vividas con naturalidad y coherencia a lo largo de su vida. Su fe formaba parte de su manera de entender el mundo, de afrontar la vida y de relacionarse con los demás; unas convicciones que nunca necesitó exhibir para que quienes lo conocieron supieran hasta qué punto eran importantes para él. Ha sido también un apoyo fundamental en estos últimos días, a la hora de afrontar con serenidad y esperanza el final de su vida. Ha podido despedirse de su familia y de sus amigos, y en una muestra de su personalidad, desde la fortaleza de su fe, era Alfonso el que acababa consolando a quienes íbamos a despedirnos de él.

Días de radio

Hay una escena al final de Días de radio, la película de Woody Allen, en la que, durante una fiesta de Nochevieja, los invitados suben a una azotea de Nueva York para recibir el nuevo año. Allí alguien se pregunta si las generaciones futuras sabrán quiénes fueron, porque el tiempo acaba borrándolo todo, por grandes o importantes que hayamos sido. Después, mientras suena la música, escuchamos la voz de Woody Allen recordar aquellas voces que oían por la radio y que, con el paso de los años, parecen alejarse cada vez más.

Voces alojadas en nuestra memoria, voces que se alejan con el tiempo. Voces de radio. Alfonso Nasarre dedicó buena parte de su vida a ellas: primero fue una de esas voces y después tuvo la responsabilidad de elegirlas, cuidarlas y hacer posible que llegaran cada día a millones de oyentes. Creía en la radio, en quienes la hacen y en quienes están al otro lado escuchándola.

Todos somos, al final, voces que se alejan con el tiempo. Pero hay voces que, antes de alejarse, se quedan para siempre en la memoria de quienes las escucharon. La de Alfonso será una de ellas.

Non omnis moriar, escribió el poeta latino Horacio, «no moriré del todo». Tampoco Alfonso Nasarre morirá del todo mientras permanezca en la memoria de quienes le conocimos y quisimos. Sit tibi terra levis: «que la tierra te sea leve», Alfonso.

  • Emilio del Río es escritor y profesor de la Universidad Complutense
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