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A vuelta de páginaFrancisco Rosell

El CSN certifica que Sánchez está bien tras las vacaciones

Dado su acrisolado cinismo, no extrañaría que, después de marcharse de veraneo dejando una parte del territorio nacional tomada por Marruecos, hubiera abierto ayer el Consejo Nacional de la Defensa con una chulería de este jaez: «Joder, me voy de vacaciones y me dejáis el país hecho unos zorros. Está claro que no os puedo dejar solos»

A primera hora de la mañana de ayer, España respiró aliviada. El Consejo Nacional de Seguridad, órgano de asesoramiento del presidente con más miembros incluso que el Consejo de Ministros pese a ser una comisión delegada, certificó que Pedro Sánchez está bien después de su largo veraneo en La Mareta. Asimismo, casi con toda certeza, el Tribunal de Cuentas dará conformidad a los ingentes recursos dedicados al deleite de tan providencial estadista al no haber bien mayor por encima de él incluida la integridad de la nación y de la dicha de los súbditos del déspota.

Es más, para visarlo en buen Derecho, el presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, podrá dar fe de que, en la Carta Magna de 1978, no figura ningún artículo 13 que establezca como objeto primordial del Gobierno «la felicidad de la nación» y «el bienestar de los individuos que la componen». Al contrario de lo que determinaba la retrógrada Constitución doceañista de Cádiz que a aquel otro felón Fernando VII derogó tras prometer: «Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional». Aclarado lo cual ante tanto tiquismiquis legalista, el ministro de Exteriores Albares, maniobra presuroso para que Naciones Unidas proclame a Sánchez «Patrimonio de la Humanidad» cual réplica humana de la Alhambra de Granada reconocida así por la Unesco en 1984. ¿Acaso cabe doblete más valioso para patentizar que la España sanchista brilla más que cuando en su Imperio no se ponía el sol?

Tras el chequeo del CSN que se aguardaba con inusitado interés especialmente en Ceuta, los caballas dan por bien empleada su inseguridad e insalubridad, el miedo de sus gentes y el pavor de sus mujeres. Como los agentes policiales desplazados hasta allí que, hacinados hasta contraer sarna y alimentados con menús de hambre, han aportado lo mejor de ellos en pro del preferido del sultán bajo cuyo protectorado han de depararse grandes días a la patria. Cuando el eclipse solar del 12 de agosto, visto gracias al ahínco del Gobierno, parecía haber colmado de goce a los españoles, el eclipse de la nación lo desborda con frenesí.

Empero, dado que no hay solaz completo ni para el «César» Pedro, un vivaracho personaje ha estado a punto de joderle la marrana con sus insidias, pese a que tenía que estarle agradecido por haberle dejado meter la cabeza telemáticamente en la tenida del CSN, merced de anfitrión que no ha tenido siquiera el Rey al no aprovecharle esta vez para su opereta del fin de su temporada de baños. El perillán Juan José Vivas, presidente ceutí, remeda al furriel del entremés cervantino de El Retablo de las Maravillas que desmonta la farsa de aquella pareja de pícaros, Chirinos y Chanfalla, que llegan a un pueblo para su función de títeres con la que estafar a los lugareños haciéndoles creer lo que no ven salvo que sean cristianos viejos e hijos no bastardos. Al arribar en la villa un furrier buscando alojamiento para un destacamento de soldados y asegurar que no ven nada de lo que pregonan los sablistas, es tachado de judío converso debiendo emprenderla a espadazo limpio con aquella legión de encantados con ser timados. Como nadie quería sentirse señalado y granjearse la animadversión de Sánchez, todos tragaron ayer con lo que los randas de la «Moncloaca» tuvieron por pertinente.

Como la violación de la frontera española fungiera como asunto de segundo orden comparado con el Gran Apagón en el que había que dar pábulo a la mentira del ciberataque para tapar la gran chapuza montada para aparentar que el suministro eléctrico podría sostenerse exclusivamente con energías alternativas, esta vez se ha excluido al Rey al que, previamente, también se le vedó viajar a Ceuta dentro de la estrategia de achicamiento de espacios y asfixia a la Corona por parte del nuevo Rey Sol de carnaval poniendo en riesgo la seguridad de la nación. Teniendo sobre la mesa mil y un informes sobre la estrategia de acorralamiento de Marruecos, Sánchez antepone sitiar a Felipe VI.

Entre tanto, con sus ministros de Defensa e Interior a la greña por el papel del CNI en la invasión de Ceuta, con Robles reafirmándose en que «trasladaron información al Gobierno» y Marlaska negándolo, 'Noverdad' Sánchez disimula con estos teatrillos con los que, después de dejar pudrir las cosas, trata de resucitarse con gran prosopopeya como el desayuno de ayer del CSN que, durante estas semanas, sólo adoptó la resolución de purgar a la funcionaria que madrugó en facilitar la cifra de invasores

En ese estupefaciente estado de cosas, cuando el vivaz Vivas se asomó ayer a una cita demorada 25 días para no perturbar el largo veraneo del déspota, le debieron llover los mismos reproches que al furrier del entremés por parte de quienes se sumieron en el mismo letargo del presidente que, principiada la invasión, se retiró a sus aposentos de La Mareta. No sin antes mostrar su agradecimiento a quien auspició la «marcha azul» sobre Ceuta a la espera de adueñarse de la ciudad española apelando a una supuesta «solución definitiva», como los nazis hablaban de «solución final» para exterminar a los judíos, por boca de su ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi. Clavo que remachó ayer su colega de Asuntos Islámicos, a modo de guerra santa, exhortando a «liberar las ciudades ocupadas» en presencia del monarca y su heredero.

Sin embargo, pese a su primera manifestación en contrario, Sánchez prefiere juzgar que los invasores no serían tales, sino una especie de juglares del buen rey de Marruecos que desembarcaron la tarde noche del 30 julio para alegrar las fiestas patronales a los ceutíes con tal entusiasmo que, al no haber barco bastante, se echaron a nado. Nada que ver, por supuesto, con aprovechar la conmemoración del Dia del Trono para pegarle otro bocado a la manzana de Ceuta con la inestimable ayuda de Pedro El Valeroso al que Felipe González llamó El Cruel, al igual que Pedro I de Castilla fue apodado por sus rivales Trastámara, mientras sus partidarios lo tenían por «el Justiciero».

Dado su acrisolado cinismo, no extrañaría que, después de marcharse de veraneo dejando una parte del territorio nacional tomada por Marruecos, hubiera abierto ayer el Consejo Nacional de la Defensa con una chulería de este jaez: «Joder, me voy de vacaciones y me dejáis el país hecho unos zorros. Está claro que no os puedo dejar solos». Hubiera sido un prólogo acorde a un foro en el que la montaña parió un ratón con un ministro sin competencias en Defensa, Seguridad y Sanidad, como Ángel Víctor Torres, titular de Administración Territorial, coordinando la nada. Ante ello, hay muchos españoles que optan por no preguntar, por aquello de que ojos que no ven corazón que no sienten, quién pilota la nave de la nación tras la insania de quien no osa contrariar al Comendador de los Creyentes sabiendo lo que hay que hacer. «Hacerlo» es justo lo que le contestó Lagartijo a su sobresaliente de espada que le pedía que le dejase el último toro hasta que, llegado el día en que hubo de matarlo, el banderillero le pormenorizó al maestro cordobés todo lo que iba a hacer para, después explicárselo bien, peguntarle: «Me falta algo, maestro?». El sobresaliente de Mohamed VI seguro que no lo hará.

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