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El astrolabioBieito Rubido

Lo sabían y no hicieron nada

El dinero no falta en esa satrapía para cometer atentados, construir una autopista en el Sahara, sobornar a políticos españoles, construir el mayor estadio de África o crear un sistema represor como pocos hay en el mundo. Pero para darles una vida digna a sus conciudadanos... para eso no hay dinero

Nerón tocaba la cítara mientras ardía Roma y Sánchez aconsejaba una lista de canciones que un asesor de la Moncloa le había confeccionado previamente mientras España sufría el ataque más serio a su integridad desde 1898, cuando perdimos Cuba. Siendo grave esa negligencia, lo es peor saber, como supimos ayer, que el Gobierno poseía información previa de esa invasión y no hizo absolutamente nada. Dejó a su suerte a ochenta mil ciudadanos españoles en manos de una horda de casi setenta mil marroquíes, donde los menores eran los menos y donde se entremezclaban delincuentes, locos, soldados disfrazados de refugiados y hasta miembros de los servicios de inteligencia marroquíes. Resulta muy inquietante la información que manejan los servicios secretos españoles, según la cual entre los asaltantes había gente tenebrosa –«cronometrada» es la expresión que utilizan– que se puede activar en cualquier momento para promover enfrentamientos físicos con la población ceutí, es decir, española. Sánchez lo sabía y se fue de vacaciones a La Mareta, mientras miles de nacionales sufrían un verdadero infierno. Ya saben, «si necesitan ayuda, que la pidan…».

Pura negligencia que se ve incrementada con las versiones enfrentadas entre la ministra de Defensa y el responsable de Interior. Dos jueces que deberían saber lo que es ajustarse a las leyes. Desidia y descuido, que es lo que caracteriza a este Gobierno. La incuria en que se encuentran nuestras carreteras, nuestras vías férreas, los hospitales de Ceuta, las condiciones de los agentes del orden… y así tantas y tantas competencias y obligaciones de un gobierno que está empeñado en conjurarse contra sus propios gobernados. Se entiende el desánimo que se registra entre la mayoría de la ciudadanía.

Un tipo como Marlaska tan solo cuenta con doce agentes para tramitar asilos o expulsiones en Ceuta. Allí ahora mismo hay miles de solicitudes y, con una docena de funcionarios, la espera supondrá mantener esa situación más de un año. En ese período estallará un grave conflicto social. Es lo que quiere Marruecos. Creer, como cree Sánchez, que esta es una crisis más solo nos puede llevar a la tragedia, lo que no queremos que ocurra, pero llegará y no será bueno.

Tratar de engañar a los ciudadanos diciendo que no sabían nada es una de las melonadas políticas con más estulticia que recuerdo. Si de algo sabe el CNI es de Marruecos. Al agente de inteligencia al que se le haya escapado el movimiento organizado por el propio Gobierno marroquí de miles y miles de supuestos refugiados para entrar en España habría que suspenderlo a perpetuidad. Pero eso no ocurrirá porque los agentes sabían bien lo que pasaba y sí informaron. Sánchez lo sabía, mientras la cítara –convertida ahora en una playlist con sus canciones favoritas– recorría el universo de TikTok al mismo tiempo que un gran estallido social tomaba cuerpo en las calles de Ceuta.

Marruecos, como todos los países que no respetan ni la democracia ni los derechos humanos, nos golea en número de espías y malvados. Nada menos que 70.000 agentes entrenados para el mal, según un informe. El dinero no falta en esa satrapía para cometer atentados, construir una autopista en el Sáhara, sobornar a políticos españoles, construir el mayor estadio de África o crear un sistema represor como pocos hay en el mundo, pero para darles una vida digna a sus conciudadanos, un horizonte de futuro a sus jóvenes o una ayuda a los padres para cuidar de sus hijos, para eso el sátrapa y sus élites no tienen dinero.

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