Marruecos, tan cerca, tan lejos
¿Alguien tiene dudas de que ha sido un golpe de fuerza del Gobierno marroquí? Echarle la culpa a las mafias es de nuevo un subterfugio similar a la emergencia climática de los incendios. Los fuegos en los montes los provoca la mano humana y a los miles de marroquíes que han invadido Ceuta los envía Mohamed VI
A excepción de Ucrania, donde el contumaz Putin persevera en su error, ningún otro país europeo ha sufrido tantas agresiones contra su integridad territorial como España. ¡Menudos tiempos nos ha tocado vivir! Los partidos antiespañoles –Bildu, ERC y compañía– y Marruecos nos están demostrando entre todos lo vulnerables que somos y lo poco que creemos en nuestras propias fuerzas. Pero no se puede obviar en todo ello la enorme responsabilidad de un presidente del Gobierno que evidencia un extraño sometimiento al vecino del sur por razones que desconocemos. Un hecho, por otro lado, que da alas a los insistentes rumores de un posible chantaje de Marruecos al Gobierno español tras haber espiado Rabat los móviles de Pedro Sánchez y Margarita Robles a través del software Pegasus. De ser ciertos estos rumores ya Sánchez estaría incapacitado para seguir ocupando la silla de la Moncloa.
España está viviendo el ataque más grave a su integridad territorial de los últimos decenios. Más grave incluso que la minirrepública que quería instaurar Puigdemont. En apenas unas horas, más de cincuenta mil marroquíes invadieron suelo español. Es la mejor demostración de la fragilidad que padece España en su flanco sur. Y esa debilidad se ha visto incrementada desde que Sánchez ha llegado al Gobierno. Con un vecino como Marruecos, solo se puede actuar desde la fortaleza, nunca mostrando vulnerabilidad y sometimiento ¿Alguien tiene dudas de que lo ocurrido estos días en Ceuta ha sido un golpe de fuerza del Gobierno marroquí? Echarle la culpa a las mafias es de nuevo un subterfugio similar al que utiliza Sánchez cuando culpa al cambio climático de los graves incendios que padecemos en España. Los fuegos en los montes los provoca, en su inmensa mayoría, la mano del hombre y los miles de marroquíes que han invadido Ceuta lo han hecho por orden de Mohamed VI. Marruecos es un mal vecino. Es más: es un enemigo tenebroso que habría que tomarse muy en serio, más allá de la información que puedan tener de ese país determinados observatorios oficiales, incluido el CNI.
Nuestra nación tiene capacidad suficiente para enfrentarse a un vecino tan incómodo y pendenciero como Marruecos. Pero para ello se necesita, además de poder militar, determinación política. Europa, a pesar de sus fisuras, parece más preocupada por lo ocurrido que el gobierno impostor que hoy padecemos. Un buen número de líderes europeos, con Meloni y Von der Leyen al frente, ha manifestado su preocupación ante unas imágenes que han dado la vuelta al mundo. Como también lo ha hecho la imagen de un Sánchez desorientado, dubitativo e incapaz de dar explicaciones convincentes, y cuyo desprestigio ha aumentado en el mundo entero tras estos acontecimientos. Porque ha demostrado ser una vez más un gobernante incapaz de proteger y defender a su propia nación.
Marruecos está ahí al lado, a catorce kilómetros de Tarifa. Debería ser un buen vecino, pero no lo es. Entre países colindantes debería haber buena armonía, pero Mohamed y sus súbditos no quieren tal cosa y casi podríamos decir que no la necesitan porque nuestros gobernantes evidencian un día sí y otro también sumisión a un país que, por otra parte, es notablemente inferior al nuestro en términos de desarrollo económico, poderío militar, avances sociales y libertades públicas. No es xenofobia, es sencillamente la descripción de algo evidente.
Enviar a miles de jóvenes -muchos de ellos delincuentes, incluso algunos asesinos, y entre ellos a soldados de paisano y más de un miembro del servicio secreto- a Ceuta no puede ser obra de una mafia por muy poderosa que sea o muy bien organizada que esté. Lo que hemos visto estos días es una operación perfectamente orquestada y diseñada por los servicios de Inteligencia marroquíes. Todavía está por esclarecer el papel de nuestro vecino del sur en los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid.
Marruecos está cerca físicamente de nosotros, pero muy lejos en cuanto a mentalidad, idiosincrasia y forma de vida. Nuestros intereses y los suyos no son los mismos. Ya se ha visto. Y nuestro bienestar a Marruecos le importa un bledo. En España faltan políticos con mirada larga y amplia. Pero que no se equivoquen algunos: o lo hacen ellos, o aparecerán alternativas menos placenteras y consideradas. Lo de estos días en Ceuta, que ha provocado consternación en todas las cancillerías del mundo, es la demostración de que con Marruecos no se puede andar con paños calientes. La historia ya lo ha demostrado.