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A vuelta de páginaFrancisco Rosell

De Ceuta a Isla Cristina con el buzo Sánchez sumergido

De Ceuta a Isla Cristina, España se habitúa a convertirse en gran amarradero de la inmigración ilegal y de la narcodelincuencia con la intimidación propia de un Estado paralelo al no existir para Sánchez otro Estado que su propio bienestar, con su ministro Puente ladrando contra quien se mueva incluido el Rey

Mientras se pretende instalar a la asediada Ceuta en la excepcionalidad endémica –«nueva normalidad» en la jerga sanchista– para que acampen en ella los miles de ilegales que arriben según le plazca Mohamed VI con el Gobierno español mirando a Rabat como los musulmanes a la Meca, al otro lado del Estrecho, el narcotráfico prosigue adueñándose de sus costas donde los altercados no sólo se dirimen en el mar, sino en tierra firme –como en la balacera del domingo en la población onubense de Isla Cristina– con tres muertos en un ajuste de cuentas entre clanes rivales. Entretanto, el bandarra de La Mareta vaguea dimitido de sus deberes con un Consejo de Ministros que merecería ser destituido cuasi al completo por su incompetencia tras ser invadida Ceuta por los 72.000 hijos de Mohamed con su «marcha azul» a nado sobre la ciudad española.

Transcurridos veinte días, el planificado asalto masivo ha dañado la existencia de los caballas de un modo cuasi irreversible al poner el Gobierno todos los inconvenientes para recobrar la tranquilidad quebrada coincidiendo con las fiestas patronales de la «Virgen de África». Parafraseando a Stefan Zweig en «El mundo de ayer», diríase que muchos ceutíes han perdido aquel sentimiento de seguridad que era su mayor tesoro en una bella ciudadela, cuyas instalaciones castrenses de antaño están siendo transformadas en zonas de acogimiento de inmigrantes sin que España active su devolución a Marruecos ante el pasmo incluso de la Comisión Europea.

En ese brete, hay ceutíes que no quieren permanecer en su lar para presenciar la aurora de una larga noche como se negó a sí mismo el gran literato al que el destino dejó sin patria habiendo nacido en un imperio austro-húngaro que tuvo por inmutable. Es lo que, a veces, sucede cuando se entrega lo grande al insignificante y se encomienda el porvenir de la nación a un completo incompetente que, por ende, resulta un desalmado sin escrúpulos.

Ducho en el arte del simulacro, quien vacaciona como un jubilado de oro a cuenta del contribuyente en contraste con sus colegas europeos que se rascan el bolsillo finge que se ocupa de lo que se desocupa mientras se asiste para su ocios de los recursos que resta a la defensa de sus compatriotas. Al trasladar con reiteración a la opinión pública su pose sentado en una mesa de metacrilato ante una pantalla con el rostro de sus colaboradores en aparente sesión telemática para que parezca lo que no es, tal pantomima rememora una escena de la película Good Bye, Lenin!.

En ella, su joven protagonista le monta telediarios falsos a su recalcitrante madre comunista para que, al despertar tras ocho meses en coma, no se lleve un sobresalto de averiguar que, en su letargo, ha caído el Muro de Berlín derrumbando los regímenes del Telón de Acero. Si aquel pródigo vástago construye una realidad paralela para que su progenitora piense que todo sigue igual y no perturbar su convalecencia, el «padrecito» Sánchez procura anestesiar a los españoles con una inexistente normalidad a la par que se solaza de que pasen días y vengas ollas.

Sin embargo, la indignación cunde y hace hablar hasta a algunos mudos de su partido –sobre todo los que no se pueden aislarse de su nefanda gobernación– que ya no pueden comulgar con tanta rueda de molino de paso que otros silentes que se dan de baja discretamente en un PSOE que pierde militantes a chorros. Hierve la sangre contemplar cómo se marca una foto y escapa de bureo (perdón, de buceo) tras su hola y adiós de la única vez que se acercó a Ceuta tras la intrusión masiva de inmigrantes orquestada por los servicios de inteligencia magrebíes que hackearon su móvil y el de sus ministros.

Pese lo cual, todo han sido plácemes del invadido al invasor con una obsequiosidad que ni la de Héctor Cámpora, su ayudante de cámara, con Perón. Así, a su asiduo «Camporita, che. ¿Qué hora tenés?», aquel respondía servil: «La que vos querés, mi general». Tal sumisión de Sánchez con el vecino del sur corrobora que la debilidad es el peor vicio al corromperlo todo. De ahí que, por no molestar a Marruecos, Ceuta corra el serio peligro del que alerta clamando en el desierto su presidente, Juan Jesús Vivas, quien nunca se ha sentido tan sólo como con tanto ministro de jornada.

No en vano, más que arreglar el problema, estos ministriles lo enquistan acondicionando la ciudad como gran albergue de inmigrantes para que, llegado el momento, estos saluden la entrada triunfal del sultán en la plaza española. Sin duda, sería el oprobioso colofón de la estrategia de luz de gas del régimen alauita con la connivencia de Sánchez luego de regalarle el Sáhara contraviniendo las resoluciones de la ONU siendo él tan aquiescente con una legalidad internacional que vulnera cuando le viene en gana al igual que la española.

Configurando Ceuta como apoteosis de estos «tiempos tan interesantes» –expresión que los chinos juzgan una maldición– del sanchismo crepuscular, hay que reparar también en cómo Sánchez desguarnece asimismo las fronteras al narcotráfico. Sus cárteles campan a sus anchas en el Atlántico andaluz, y dilucidan sus pendencias a tiro limpio, mientras la Policía y la Guardia Civil quedan cuasi como meros notarios con un ministro como Marlaska que los abandona a la intemperie del delito como a los guardias civiles asesinados en Barbate y los muertos en Isla Cristina. Todo ello tras desmantelar en 2022 la unidad de élite OCON-Sur, en paralelo con otra crisis con Marruecos, usando un montaje como el que ha podido descabezar la UCO por no mirar sus agentes para otro lado con respecto a la corrupción sanchista.

Tras los altercados registrados en el mar, era cuestión de tiempo que arreciaran en cualquier calle del litoral. Así, mientras el voraz incendio de Niebla estaba en vías de extinción tras devorar gran masa forestal de Huelva y de Sevilla, los veraneantes de un camping próximo a unos pinares de Isla Cristina se sobresaltaban la noche del domingo con una moto en llamas que pudo arrasarlos como el de Matalascañas hace años. No imaginaron que la moto que ardía junto a un AK-47 había sido empleada por los encapuchados que tirotearon en la vía pública a media familia del acusado de una refriega anterior feneciendo su madre, su hermana embarazada y un menor ajeno al suceso.

En estos años, Isla Cristina, a la que Manuel Carrasco ha dedicado bellísimas composiciones evocando el pasado perdido de su pueblo natal, ha visto sucumbir la actividad pesquera y como sus barcos servían para otros tráficos con los asentadores de pesca siendo reemplazados por los de una droga cuyo consumo dejó tocada a parte de su población y a otra le reportó dinero fácil con una mercancía que bullía con mayor viveza que los pescados descargados en la lonja.

De Ceuta a Isla Cristina, España se habitúa a convertirse en gran amarradero de la inmigración ilegal y de la narcodelincuencia con la intimidación propia de un Estado paralelo al no existir para Sánchez otro Estado que su propio bienestar, con su ministro Puente ladrando contra quien se mueva incluido el mismísimo Rey. Tiempos interesantes, desde luego.

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