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A vuelta de páginaFrancisco Rosell

Plantar una margarita en Ceuta para que la arrase el vendaval Marlaska

Robles es la excusa para tener engañados a quienes deambulan entre el abandono y el desistimiento, incluidos quienes agradecieron la llegada de la ministra como si fuera una enfermera de la Cruz Roja

Como en el microrrelato del escritor guatemalteco Monterroso –«cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí»–, tras el jolgorio gubernamental con el apagón solar de este 12 de agosto, el eclipse español sigue aquí con Ceuta convertida en dantesco escenario. Todo ello a causa de una negligente gobernación que sume en la inseguridad y en la insalubridad a la ciudad que los 72.000 hijos de Mohamed VI –más de mil de ellos tragados por el mar– invadieron el 30 de julio para visualizar que puede caer como fruta madura ante la inanidad de una Moncloa bajo pabellón alauita.

Tras el acontecimiento astronómico que muchas televisiones acometieron como si fuera una Nochevieja estival y que el Gobierno avistó desde un palco VIP del Observatorio de Yebes con su verbena para 300 invitados, cabe aplicar el aforismo romano: «Post festum, pestum». No en vano, como acredita aquella Roma tomada por los bárbaros a los que encargó custodiar sus confines, los pueblos se abaten a sí mismos cuando abdican de sus virtudes.

Para que el caos ceutí no perturbe la holganza de Sánchez en el palacio de La Mareta, el Gobierno despliega un carrusel de ministros para que desfilen por esta plaza española como los bailarines de minué efectuando inclinaciones y mojigangas, pero sin avanzar un paso. Al entronizar tanto lugar común y canonizar tanta frase para sus trampantojos, hay que comprender que los ceutíes, hartos de estar hartos, desfoguen su cólera con tal cohorte abroncando ayer al ministrín de Interior, Fernando Grande-Marlaska, por dedicar más recursos al asueto presidencial que a preservar la frontera. Sin duda, el menguante Marlaska personifica un Gobierno dimitido de su deber primero y capitaneado por un tiktoker con extravagancias de núbil aburrido.

Sin embargo, la factoría de ficciones de La Moncloa no está cosechando precisamente éxitos. Mucho menos como aquel oros de Queipo de Llano cuando, para conquistar Sevilla la Roja de la II República, ordenó circular a sus menguadas mesnadas en tres camiones primero vestidos de requetés, luego uniformados de Regulares y finalmente acicalados de falangistas para aparentar el desembarco vía Cádiz del Ejército de África aquella tarde noche del 20 de julio de 1936. Mediante esta treta para multiplicar su centenar de efectivos, Queipo se adueñó de la capital hispalense asistido por sus arengas desde Radio Sevilla.

De hecho, el vendaval desatado ayer por Marlaska ha arramblado con la margarita que quiso injertar la víspera su colega (que no amiga) Margarita Robles tratando de llevar consuelo a los caballas al prometerles que «esto no vuelve a pasar» y que Ceuta y Melilla «son españolísimas». Entretanto, la Corte de Mohamed VI no ceja de reivindicar ambos territorios sin que la Moncloa cite a su embajadora en Madrid, pero sí al italiano, en una ópera bufa que trasluce la sumisión de Sánchez tras el hackeo marroquí de su teléfono merced al programa israelí Pegasus.

Aun así, pendiendo esa espada de Damocles sobre Sánchez, el alarde discursivo de Robles tenía pocos visos de arraigar en una Ceuta desasistida por el Gobierno, lo que inclina a sus aborígenes a hacer las maletas. Al fin y al cabo, la ministra es un comodín del que se vale Sánchez desde que le redactara la moción de censura contra Rajoy. Habiéndose pasado el ochenio deshojándose a sí misma en un caduco «sí, no, sí, no…», cual flor de enamorados, ella habitúa a comportarse a la postre como los teros argentinos que, para esconder sus nidos, en un lado pegan los gritos y, en otro, ponen los huevos. ¡Como olvidar su entrega de la cabeza de la directora del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Paz Esteban, bajo apremio separatista, pese a ensalzarla la víspera en las Cortes ante quienes están resueltos a repetir la tentativa golpista de 2017 en Cataluña!

Con aquella infamia, el balandrón Sánchez hizo con ella lo más denigrante que cabía hacer que fue perdonarle la vida para que paseara su vergüenza revistando destacamentos con esa mancha en su brocado. De hecho, al primer tapón, zurrapa. Tras aceptar comparecer en el Senado sobre la crisis de Ceuta, ayer donde dijo digo, dijo Diego echando las culpas al maestro armero para atenerse al boicot monclovita a la Cámara Alta al poseer mayoría absoluta el PP.

De ahí que a su compromiso a tambor batiente con los ceutíes hay que darle parejo valor a la de aquellas pompas patrióticas del exministro José Bono («convertible», le apostilló Guerra) que le hacía el avío al joyero Zapatero mientras negociaba con los enemigos de la nación con esa verba suya para expresar dos opiniones contradictorias simultáneamente. Al igual que Bono, el de los dominios reales en Marruecos y en República Dominicana saltando de Guinea a Venezuela, Robles es la excusa para tener engañados a quienes deambulan entre el abandono y el desistimiento, incluidos quienes agradecieron la llegada de la ministra como si fuera una enfermera de la Cruz Roja.

De hecho, su «esto no vuelve a pasar» ya está pasando, mientras Madrid y Rabat juegan una partida de ajedrez para quedar en tablas: uno asegurando que su misericordioso monarca quiere repatriar a los pobres niños que usó como carne de cañón en su marcha azul y España respondiendo que no puede devolverlos porque un escrupuloso cumplidor de la ley como Sánchez no puede contravenir una legalidad que le impone unos trámites que pueden eternizarse hasta que los menores cobren pensiones no contributivas españolas.

Como el problema reside en España, no en Marruecos, cuyo Majzén (el gobierno a la sombra del monarca) sabe que es una casa dividida y, como rezan las Sagradas Escrituras, ningún reino roto contra sí mismo subsiste, y ésa la gran hazaña de Sánchez por mantenerse en el machito cediéndolo todo salvo su poltrona, y más cogido por los dídimos por mor de un móvil infectado. Para evitar el derrumbe, España debe dejar de estar dividida, y eso es incompatible con Demoliciones Sánchez al que el dinosaurio de Monterroso se le amanece todas las mañanas.

A este respecto, habrá si le renta la maniobra del eclipse solar y no le sucede lo que al protagonista de aquel otro cuento de Monterroso a la sazón titulado «El eclipse», donde narra la historia del fraile Bartolomé Arrazola, quien fue apresado en la selva guatemalteca por unos indígenas expeditos a sacrificarlo. De pronto, cayendo en la cuenta de que, en la jornada de autos, se preveía un eclipse solar, pensó que podría librarse de la quema si atemorizaba a sus captores con oscurecer el sol sin advertir que esos mayas estaban al tanto acogiendo con burlas su amenaza.

Habrá que ver, en efecto, cuál es la reacción ciudadana tras el montaje de la Moncloa para ensombrecer la molesta realidad poniendo a los españoles a mirar al cielo para que se enajenen de lo que los circunda y anega. Más, cuando salvando las distancias y la enorme tragedia de entonces con la muerte de 21.000 militares, el brete ceutí puede complicarse estúpidamente configurándose en el particular «Desastre de Annual» sanchista como aquel del verano de 1921 por la incuria de entonces.

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