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En primera líneaJosé Ignacio Palacios Zuasti

Los socialistas sólo aciertan cuando rectifican

Pero, como la realidad es tozuda y todas las fuentes energéticas son necesarias y compatibles, se han visto obligados a dar su brazo a torcer y, para que no se note, lo han hecho de tapadillo, con una orden publicada el viernes del Puente de la Ascensión, cuando España está cerrada por vacaciones

En mis ocho años como senador (2008-2016) ejercí como portavoz de Industria y Energía del Grupo Popular. Esto sucedió durante el segundo Gobierno de Zapatero y el primero de Rajoy.

En la etapa socialista, el ministro de Industria, Miguel Sebastián repetía que «la posición del Gobierno de España en materia nuclear es clarísima, nítida, no va a haber nuevas centrales nucleares en esta legislatura y se mantendrá la vida útil de las existentes siempre que se reúnan las condiciones de seguridad.». A lo que el secretario general de Energía, Marín Uribe, añadía: «la política del Gobierno es reducir progresivamente la participación de la energía nuclear en el suministro energético (…) avanzando en la utilización de fuentes renovables y en el desarrollo de todas las posibilidades tecnológicas que contribuyan a optimizar el ahorro y la eficiencia energética». Y este fue el guión que emplearon durante los cuatro años de esa legislatura, en los que la que la industria perdió 660.000 puestos de trabajo, que se unieron a los 2.700.000 empleos que en total se destruyeron en los ocho años de Zapatero, el recibo de la luz subió un 50% y el déficit tarifario se multiplicó por 16, elevándose hasta los 24.000 millones de euros.

El 22 de diciembre de 2011 tomó posesión el Gobierno de Rajoy, en un momento en el que la situación del país, por la herencia socialista, era de crisis total porque se descubrió que el déficit del año 2011 había sido dos puntos por encima de lo que Zapatero había dicho en el momento del traspaso de poderes. Además, la tasa de paro era del 23% –5.500.000 de parados–, 1.500.000 de hogares tenían a todos sus miembros en el paro, uno de cada dos jóvenes estaba sin trabajo, los afiliados a la Seguridad Social habían caído brutalmente, el FMI vaticinaba que España iba a estar en recesión ese año y el siguiente, y el Banco de España auguraba que el PIB iba a caer 1,5 puntos ese año y se iba a destruir otro medio millón de puestos de trabajo. Y en ese momento, con un panorama tan dramático y cuando los «hombres de negro» parecía que nos iban a intervenir, la única preocupación de los socialistas, y su primera iniciativa parlamentaria en el Senado, fue una moción, presentada el 30 de enero, en la que, en su «apuesta por las energías limpias, seguras y sostenibles» instaba «al Gobierno a fijar un horizonte de cierre gradual de las centrales nucleares al finalizar su vida de 40 años para las que fueron diseñadas o antes si los exámenes técnicos detectan circunstancias que hagan aconsejable su cierre anticipado. Desde 2013 a 2028 el parque nuclear español dejará de estar en servicio».

Esta moción se debatió en el primer pleno de la legislatura, el 8 de febrero, y el portavoz socialista dijo entonces: «Nosotros, el Grupo Parlamentario Socialista, rechazamos de plano la prórroga de las centrales nucleares más allá de los cuarenta años porque estamos convencidos, por la experiencia, de que no se trata de una energía ni barata, ni segura, ni limpia (…) en España, señorías, estamos en condiciones de poder cerrar todos los reactores nucleares cuando finalice su vida útil, es decir, en el horizonte del año 2028 (…) el Grupo Parlamentario Socialista pide en esta Cámara un calendario de cierre de la energía nuclear en España, que el parque nuclear quede cerrado del año 2013 al año 2028.» Con lo que demostró que seguían instalados en sus trasnochados prejuicios ideológicos y pretendían que se continuase con su caótica política energética.

La posición que mantuvimos desde el Partido Popular fue clara y diáfana: «vamos a seguir contando con la participación de los reactores nucleares existentes en el mix energético actual con los requisitos de seguridad que al efecto establezca el Consejo de Seguridad Nuclear (…) no estamos en situación de permitirnos infrautilización alguna de ningún tipo de fuente de energía (…) ¿Van a ir más allá de los 40 años las centrales nucleares? Irán en los términos que diga el Consejo de Seguridad Nuclear. (…) Al Gobierno del PP no le sobra ni le falta ninguna tecnología. Todas pueden aportar su parte en el mix energético y todas son importantes, tanto la renovable, como la nuclear, como la térmica, como el carbón y vamos a intentar aprovechar los mejores recursos que tenemos para hacer una energía lo más barata posible y al menor coste posible.» Y esta es la política que se aplicó durante la etapa de Rajoy.

En 2018 los socialistas volvieron al Gobierno y siguieron con la persecución política y fiscal a la energía nuclear y con esa política rancia y a contracorriente del resto del mundo de no querer ampliar la vida de los reactores instalados y no autorizar la instalación de nuevas centrales. Pero, como la realidad es tozuda y todas las fuentes energéticas son necesarias y compatibles, se han visto obligados a dar su brazo a torcer y, para que no se note, lo han hecho de tapadillo, con una orden publicada el viernes del Puente de la Ascensión, cuando España está cerrada por vacaciones, con la que han extendido la explotación de la central de Almaraz, decisión a la que, previsiblemente seguirán las del resto de reactores. Con ello, una vez más, se ha puesto en evidencia el fracaso de su política energética y se ha demostrado que solamente aciertan cuando rectifican.

  • José Ignacio Palacios Zuasti fue senador por Navarra
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