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tribunaJosé Ignacio Palacios Zuasti

El orgullo del ministro Bolaños

En 2004, la España que recibió Zapatero crecía, generaba empleo y gozaba del respeto del concierto internacional. Por eso pudo declarar que estábamos en «la Champions League de las economías mundiales». Después, cuando estalló la crisis económica, no la quiso ver y no supo gestionarla

Al conocerse la imputación de Rodríguez Zapatero, el ministro Bolaños declaró sentirse «orgulloso del presidente Zapatero, de la labor que hizo y de los valores que encarnó». Por eso, conviene hacer un repaso para saber qué legado nos dejó el imputado.

El 12 de marzo de 2000, cuando el Partido Popular logró la primera mayoría absoluta del centro-derecha desde la restauración de la democracia, las alarmas saltaron entre los socialistas y decidieron impedir que el proyecto popular se pudiera consolidar. Por eso, en el XXV Congreso del PSOE, celebrado ese mismo año, ganó la candidatura sorpresa de José Luis Rodríguez Zapatero, que se hizo con la Secretaría General por tan sólo 9 votos de diferencia. Y, aunque Zapatero en un primer momento fue presentado como el hombre bueno, Bambi, ‘el de la ceja’, poco después con él comenzó la radicalización del PSOE y el abandono de la defensa de la socialdemocracia. Coincidiendo todo ello con el comienzo de la movilización social de la izquierda contra el Gobierno Aznar.

Meses después, y mientras que Zapatero firmaba en el palacio de La Moncloa, con el secretario general del PP, Javier Arenas, el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que era el primer paso conjunto de los dos principales partidos para erradicar el terrorismo, se dedicaba a negociar con ETA el «proceso de paz», que era la antítesis de lo que se pretendía con ese Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Y fue él quien se puso al frente de ese «Proceso» y lo gestó sin contar con el PP y de espaldas a la sociedad española. Es decir, jugó a dos bandas, con ETA y con el Gobierno, mostrando así una gran deslealtad no solo con el Partido Popular sino también con el conjunto de todos los españoles. Fue entonces cuando denominó a Arnaldo Otegui «hombre de paz».

Además, siendo jefe de la oposición, permaneció sentado al paso de la bandera de Estados Unidos en el desfile militar del 12 de octubre de 2003, lo que supuso la congelación de las relaciones bilaterales entre los dos países cuando llegó a la Moncloa. Por eso, como cuenta Juan Carlos I en su libro, fue preciso que el propio Rey se desplazara al rancho familiar del presidente George W. Bush en Texas para «disculparse» por esa actuación de Zapatero, que el Monarca califica de «error político», y poder así «desbloquear una situación de crisis» que, dice, «sin mi intervención, las tensiones seguramente se habrían agravado».

Es sabido que Zapatero llegó a la presidencia del Gobierno a raíz de tragedia del 11-M, obra del azar o no tan azar, y de las elecciones generales que se celebraron tres días después, en las que en su triunfo fue determinante todo lo que el PSOE hizo en la jornada de reflexión del 14-M, con el envío masivo de mensajes de texto y el ataque a las sedes del PP. A partir de su triunfo comenzaron los siete largos años del zapaterismo, en los que se pusieron en marcha gran parte de las rupturas que hoy vivimos, porque Zapatero y su Gobierno se convirtieron en los más activos y eficaces colaboradores políticos de los partidos y grupos que habían rechazado la Constitución o la habían aceptado a regañadientes. Fruto de esa entente fue la Ley de Memoria Histórica, obra de la revancha y del rencor, con la que dilapidó la concordia alcanzada en la Transición y con la que enfrentó a unos españoles contra otros. También abrió lo que se denominó «la España plural» y avivó el avispero catalán, dando inicio al procés cuando le prometió a Maragall que respetaría el texto y el contenido del Estatuto de Autonomía que saliese del Parlamento de Cataluña.

En 2004, la España que recibió Zapatero crecía, generaba empleo y gozaba del respeto del concierto internacional. Por eso pudo declarar que estábamos en «la Champions League de las economías mundiales». Después, cuando estalló la crisis económica, no la quiso ver y no supo gestionarla adecuadamente, negándola primero e implantando después el inútil Plan E, cuyos frutos fueron los famosos y tristes «brotes verdes». Nos dijo que no íbamos a llegar a los 4 millones de parados y poco después teníamos 4,6. Nos dijo que no habría recortes en el sistema de protección social y después se vio obligado a anunciar el mayor ajuste social de la democracia, rebajando las retribuciones de los empleados públicos, suspendiendo la revalorización de las pensiones y suprimiendo el cheque bebé. Además, y por si todo esto fuera poco, las previsiones de déficit para 2011 se desviaron en dos puntos, dejó las reservas del Estado casi nulas y le mintió a Rajoy cuando le hizo el relevo en la presidencia del Gobierno, por lo que en marzo de 2012 este tuvo serios problemas para poder pagar las nóminas de los funcionarios.

Esta es la «labor» y estos son los «valores» que Zapatero encarnó, esos de los que Bolaños dice sentirse «orgulloso». Es cierto que Zapatero, que en octubre de 2021 dijo que «ser socialista es tener normalmente muy poco y estar dispuesto a dar mucho» hizo otras cosas como presidente: amplió la ley del aborto, algo que lo dejamos para los amantes de la necrofilia, y legalizó el matrimonio homosexual, que pertenece a otro ‘orgullo’, ese que algunos celebran en el mes de junio.

  • José Ignacio Palacios Zuasti fue senador por Navarra
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