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La ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz.

La ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz.EFE

La intransigencia de Díaz con la patronal juega ahora en su contra para dirigir la OIT

España vuelve a figurar entre los países cuestionados por incumplir el convenio sobre diálogo social, un precedente que puede pesar en una elección en la que votan también empresarios

Los enfrentamientos que ha mantenido Yolanda Díaz con la patronal desde su llegada al Ministerio de Trabajo podrían pasarle una inesperada factura. La ministra aspira a dirigir la Organización Internacional del Trabajo (OIT), un organismo de Naciones Unidas que mantiene a España en su denominada «lista corta» por incumplir el convenio sobre diálogo social, ámbito en el que la vicepresidenta ha protagonizado sus mayores choques con la CEOE.

El pasado mes de junio, la OIT publicó su lista de países «invitados a comunicar informaciones» a la Comisión de Aplicación de Normas de esta institución. Junto a países como Eritrea, Siria, Irak, Yemen, Rusia o Malí, España estaba incluida por el incumplimiento del Convenio 144. Esta norma obliga a garantizar «consultas efectivas» entre los representantes del Gobierno, la patronal y los trabajadores sobre los asuntos relacionados con las actividades de la OIT.

En los últimos años, la efectividad de estas consultas se había traducido a acuerdos redactados entre el Ejecutivo y los sindicatos y presentados posteriormente a la patronal para exigir su adhesión. La OIT, de hecho, ya incluyó a España en su lista por el mismo incumplimiento en 2024, cuando el conflicto llegó al ultimátum del secretario de Estado de Trabajo, Joaquín Pérez Rey, a la CEOE.

Trabajo defendió entonces haber practicado el diálogo social «más genuino e intenso» de la democracia española. Pérez Rey calificó de «un poco extravagante» la inclusión del país y llegó a afirmar que «alguna razón debe haber para que quien esté interesado quiera ver a su país en la lista». UGT y CCOO fueron más allá y acusaron a la CEOE de haber maniobrado dentro de la organización para que España fuera seleccionada.

Dos años después, la situación vuelve a repetirse, pero con un matiz importante: Díaz aspira a dirigir un organismo que ha cuestionado la gestión del diálogo social durante su etapa al frente de Trabajo. De hecho, fuentes conocedoras del funcionamiento interno de la OIT consideran que la inclusión de España en esta lista puede pasar factura a la candidatura de la ministra.

La dificultad se encuentra en el carácter tripartito de la elección. El director general es designado por el Consejo de Administración de la OIT, integrado por 28 representantes de los gobiernos, 14 de los empresarios y otros 14 de los trabajadores. Díaz deberá recabar, por tanto, no solo el respaldo diplomático de otros Estados, sino también el de las organizaciones empresariales.

Una elección compleja

El plazo para presentar candidaturas concluye el 31 de agosto. Los aspirantes participarán el 23 de septiembre en un acto público en el que expondrán su programa y responderán a las preguntas de los miembros del Consejo de Administración. Posteriormente se celebrarán audiencias privadas y la votación tendrá lugar mediante sufragio secreto el 16 de noviembre. El ganador tomará posesión el 1 de octubre de 2027.

La elección puede requerir varias rondas. Para ser elegido, un candidato debe conseguir más de la mitad de los votos emitidos. Cuando nadie alcanza esa mayoría, se elimina al aspirante con menos apoyos y se repite la votación hasta que uno de ellos supera el umbral. Las pausas entre rondas permiten a los distintos bloques negociar y reorganizar sus respaldos. En 2022, la votación se realizó a puerta cerrada y mediante papeleta secreta.

El actual director general acumula más de 35 años de experiencia en organismos internacionales y agencias de la ONU

El actual director general, Gilbert Houngbo, ofrece además un perfil muy distinto al de la vicepresidenta española. El antiguo primer ministro de Togo acumula más de 35 años de experiencia en organismos internacionales y agencias de Naciones Unidas. Antes de llegar a la OIT había trabajado en el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y presidido el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, además de ejercer como subdirector general de la propia organización.

Su trayectoria internacional únicamente se interrumpió entre 2008 y 2012, cuando fue primer ministro de Togo. Houngbo fue elegido en marzo de 2022 y se convirtió en el primer africano en dirigir la OIT. Su mandato concluye el 30 de septiembre de 2027.

Problemas de liquidez

Quien finalmente obtenga la victoria se encontrará, además, una situación financiera especialmente delicada por el retraso en el pago de las cuotas pendientes por parte de los estados miembros. Los atrasos en las contribuciones alcanzaron en 2026 los 128 millones de dólares –el nivel más elevado de la última década– y, al cierre de 2025, la organización acumulaba 232 millones de francos suizos en contribuciones pendientes de cobro, de los que 173,6 millones –el 74,8 %– correspondían a Estados Unidos.

El retraso de Washington ha provocado un agujero considerable en las cuentas del organismo. La OIT cerró el ejercicio con un déficit de 52,6 millones de dólares en su presupuesto ordinario y ha advertido de que la incertidumbre sobre el cobro de las aportaciones obliga a mantener una política financiera prudente.

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