De comienzo en comienzoElena Murillo

Septiembre no va a ser igual para todos

«La población española debe alzar la voz como muestra de identificación con unos vecinos que no están pasándolo nada bien»

El inicio de septiembre marca un cambio en el ritmo veraniego. Sin dejar atrás el calor, que se alargará durante algún mes más, el tedio propio del estío parece remitir. Ahora toca volver a la rutina que marca el trabajo, retomar la actividad que las altas temperaturas y su consecuente agotamiento hicieron detener, hacer buenos propósitos o marcar nuevos retos. Todo empieza y todo llega a su conclusión. Y así, el ansiado descanso estival toca fondo al término del mes de agosto para el común de los mortales.

Se acepta el regreso siendo conscientes de haber vivido un tiempo efímero, pero con la certeza de haber disfrutado cada instante. El periodo vacacional es algo fugaz. Cuando se hace balance de los días que quedaron atrás, se observa cómo todo ha pasado rápido; igual que la visualización del paisaje que percibe la mirada a través de la ventanilla de un tren, lo mismo que una estrella fugaz de las que iluminaron el firmamento de forma veloz en fechas cercanas al día de San Lorenzo, de la misma manera que las nubes se apresuran a desaparecer con el paso del viento, que se disipa una pompa de jabón en las manos de un niño o que se oculta el sol en uno de esos maravillosos atardeceres a orillas del mar. Con los sentimientos a flor de piel, en el dintel de la duda entre la alegría y la nostalgia, toca pasar página, guardar los recuerdos bonitos, olvidar esos otros que no nos hicieron bien y volver a empezar.

Desafortunadamente, paradojas de la vida, lo mencionado no ha sido igual para todos. Una percepción lenta del paso del tiempo se habrá dejado sentir en aquellos a los que ha tocado vivir situaciones complicadas. La incertidumbre o la espera de una mejor situación siempre hacen que los minutos se vuelvan eternos. No se me ocurre mejor ejemplo que el que se vive en Ceuta. Ni de lejos podremos hacernos a la idea de lo que supone un verano sin fiestas, un verano sin playa pese a tenerla al lado, un verano en el que los profesionales dedicados a cubrir los servicios esenciales lo han pasado saturados hasta el extremo, un verano en el que los niños no han podido salir de casa, en el que una ciudad, en definitiva, ha sido privada de libertad viviendo el mes más aciago de su vida y que se encuentra lejos de encontrar una solución.

Espero que la empatía con el pueblo ceutí quede de manifiesto esta tarde. La población española debe alzar la voz como muestra de identificación con unos vecinos que no están pasándolo nada bien. Tenemos una cita. No la pasemos por alto.

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