Estatua dedicada a Miguel Servet, obra de Dionisio Lasuén, en el Paraninfo de la Universidad de ZaragozaWikimedia

El delirio nacionalista

La imaginativa teoría de la conspiración nacionalista para 'catalanizar' al polímata Miguel Servet

Las tesis del INH carecen de rigor histórico al ignorar tanto los testimonios autógrafos de Servet como los registros notariales

Inventarse mitos para inflar relatos identitarios no tiene nada de nuevo. El problema es que, cuando la propaganda intenta hacerse pasar por historia, el resultado acaba rozando el ridículo. El ejemplo perfecto es el conocido Institut Nova Història (INH), un grupo de divulgadores y pseudohistoriadores que lleva años empeñados en catalanizar a media Europa, repartiendo partidas de nacimiento a figuras que van desde Cristóbal Colón hasta santa Teresa de Jesús.

Una de las hipótesis más surrealistas es la que encabeza Raimon Balagué al afirmar que el polímata renacentista Miguel Servet también era de origen catalán. ¿El problema? Que basta con revisar los archivos del siglo XVI para que la teoría se desmorone por completo.

Para abordar la figura histórica de Miguel Servet resulta imprescindible acudir a las declaraciones formuladas por él mismo, así como a los registros oficiales conservados en los archivos europeos. En todos sus escritos, matrículas universitarias y actas judiciales, incluidas las diligencias del proceso penal instruido en su contra antes de ser condenado a la hoguera, Servet se identificó de forma constante e inequívoca como aragonés. Sabemos que nació en Villanueva de Sigena, localidad ubicada en la comarca de los Monegros, en la provincia de Huesca, el 29 de septiembre de 1509.

En la edición de la obra «Geografía» de Claudio Ptolomeo, que preparó en 1535, la firma que estampó y que no deja lugar a dudas es Michael Servetus Villanovanus, en alusión directa a Villanueva de Sigena. En las actas de la Universidad de París, donde cursó estudios de medicina, y en los expedientes de Viena del Delfinado (Vienne), donde ejerció como médico bajo la falsa identidad de Michel de Villeneuve, consta su procedencia aragonesa. En toda su trayectoria por Toulouse, Basilea, Estrasburgo, París y Suiza, jamás utilizó el gentilicio catalán ni reivindicó vinculación alguna con Cataluña. Servet, por nacimiento, formaba parte del Reino de Aragón.

Especular e interpretar

A pesar de todas las pruebas que confirman que nació en Villanueva de Sigena, salvo que se contemple la hipótesis que sitúa su origen en Tudela por la vía materna, al ser su madre judeoconversa, el Institut Nova Història ignora el análisis de los textos y los documentos. Para defender su versión, recurren a especulaciones sobre el origen de las palabras y a interpretaciones bastante forzadas de los nombres de lugar.

Argumentan que la denominación Villanueva alude a poblaciones pertenecientes a la esfera lingüística catalana, o bien que la formula Corona de Aragón permite una asimilación según la cual ser aragonés equivalía a ser catalán. Este razonamiento comete el error de juzgar el pasado desde la óptica del presente, ignorando el contexto y la mentalidad de la época.

Retrato de Miguel Servet, en un grabadoWikimedia

La Corona de Aragón constituía una confederación de reinos y un principado, en la que Aragón y Cataluña preservaban sus propias cortes, fueros, leyes y fronteras administrativas. Confundir la pertenencia a la entidad aragonesa, con la vinculación a la sociedad catalana, evidencia una profunda incomprensión del derecho público y de la geografía institucional de la época.

El estudio de la historia exige que toda propuesta revisionista aporte evidencias inéditas, análisis documentales verificables o la refutación metodológica de las fuentes establecidas. La narrativa expuesta por el Institut Nova Història no nos enseña un solo manuscrito o documento de la época que acredite la supuesta catalanidad de Servet. Su argumentación descansa en una premisa. La existencia de un complot de censura orquestado por la Monarquía Hispánica que habría borrado o alterado cualquier rastro catalán del personaje en las fuentes europeas.

Este recurso a la teoría conspirativa resulta insostenible desde el punto de vista documental. Al convertirse en una afirmación irrefutable por su propia naturaleza, abandona el ámbito de la investigación histórica para entrar en el terreno de la fabulación. Cuando uno realiza un análisis histórico la ausencia de pruebas no puede servir como demostración de un engaño. Semejante manera de proceder anula el rigor metodológico y abre la puerta a legalizar cualquier hipótesis infundada con tal de darla por válida.

La formación intelectual de Servet desmiente cualquier tesis revisionista. Sus tratados teológicos, como De Trinitatis Erroribus o Christianismi Restitutio, obra fundamental donde describió por primera vez la circulación menor de la sangre, fueron redactados en latín. En sus cartas, apostillas e intervenciones no existen huellas de sintaxis, léxico o modismos catalanes que sugieran que esa fuera su lengua materna.

Servet fue un exponente del humanismo renacentista y de la heterodoxia religiosa europea, cuya peripecia vital se entiende en el marco de las convulsiones doctrinales del siglo XVI. Incluir a un pensador de su talla en un debate de fronteras regionales, carente de base científica, desvirtúa la verdadera naturaleza de su legado histórico.

Miguel Servet fue juzgado y condenado a morir en la hoguera por herejía. Sus escritos rechazaban el dogma fundamental de la Santísima Trinidad y criticaban el bautismo infantil, posturas inaceptables tanto para católicos como para protestantes. A instancias de Juan Calvino, el tribunal de Ginebra ordenó su ejecución, que se produjo el alto de Champel el 27 de octubre de 1553.

La tesis de Raimon Balagué carece de rigor histórico al ignorar tanto los testimonios autógrafos de Servet como los registros notariales, judiciales e impresos de la época. Como ocurre habitualmente con los trabajos publicados por el Institut Nova Història, la ausencia de pruebas documentales y la pretensión de atribuir a Cataluña cualquier hecho de relevancia histórica anulan toda su credibilidad académica. Miguel Servet debe ser juzgado a la luz de sus propias palabras y de las fuentes de su tiempo. Su figura y pensamiento pertenecen al patrimonio cultural de la humanidad, no al de Cataluña.