Tania Head, en una imagen de archivo
Cataluña
La catalana que engañó a Estados Unidos inventándose que sobrevivió al ataque terrorista del 11-S
Durante años, Tania Head se hizo pasar por una víctima del 11-S, e incluso llegó a liderar la red de supervivientes
Durante seis años, la historia de Tania Head personificó la capacidad de superación y el sufrimiento del pueblo estadounidense tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Su relato no era solo una crónica de supervivencia. Era una narración heroica en medio del infierno de polvo y acero del World Trade Center. Detrás de la emotiva voz de la mujer que lideró a las víctimas no había una ejecutiva financiera neoyorquina, sino la catalana Alicia Esteve Head, que, como antes Enric Marco con Mauthausen, se inventó que era víctima del 11-S.
Según el testimonio que ella contaba, el 11 de septiembre de 2001 Tania Head se encontraba en el piso 78 de la Torre Sur del World Trade Center trabajando para la firma de inversión Merrill Lynch. Cuando el vuelo 175 de United Airlines se estrelló contra el edificio la explosión devastó la planta. Tania afirmaba haber sido proyectada por el impacto y sufrir graves quemaduras en su brazo izquierdo.
En su testimonio no faltaban guiños cinematográficos. Alicia aseguraba que un hombre agonizante le confió su alianza de boda para que se la entregara a su esposa y que fue rescatada entre las llamas por Welles Crowther, el célebre «héroe de la pañoleta roja» que dio su vida por salvar a decenas de personas. Su tragedia también tenía su dosis de romanticismo al asegurar que su prometido, a quien llamaba cariñosamente Dave, había fallecido ese mismo día en la Torre Norte.
Se hizo miembro de la World Trade Center Survivors' Network («Red de Supervivientes del World Trade Center»). Gracias a su dinamismo, empatía y habilidad organizativa fue nombrada presidenta de la asociación. Su figura pasó a ser indispensable en los actos institucionales del Ground Zero. Guiaba a personalidades como el alcalde Michael Bloomberg o el gobernador George Pataki por las ruinas del atentado, rompiendo a llorar en los momentos precisos frente a las cámaras de televisión.
Grietas en el relato
Mientras una parte de la sociedad la admiraba, empezaron a surgir dudas sobre la veracidad de su historia. Algunos medios empezaron a preguntarse si existía Tania Head o quién se escondía detrás de ella. Alicia Esteve Head había nacido en Barcelona en 1973 en el seno de una familia de la alta burguesía catalana. Su entorno familiar no estuvo exento de controversia. Su padre Francisco Esteve Corbella y su hermano Francisco Javier habían sido condenados, en los años noventa, por falsedad en documento mercantil, a ocho años de cárcel cada uno, por el caso Planasdemunt.
Se supo que el 11-S, mientras la Torres Gemelas colapsaban y se cobraban la vida de 2.753 personas, Alicia Esteve no estaba en Manhattan. Estaba en Barcelona, asistiendo a sus clases del máster en la ESADE Business School. Compañeros de clase y profesores confirmarían que la joven catalana no faltó a sus compromisos académicos durante aquellas fechas, siguiendo la tragedia norteamericana a través de la televisión.
La mentira empezó a desmoronarse a finales de verano de 2007. El diario The New York Times, tras detectar incongruencias en sus relatos y ante la constante negativa de Head a conceder entrevistas sobre detalles específicos, inició una rigurosa investigación periodística. A lo largo de la misma descubrió varias cosas.
La firma Merrill Lynch declaró que nunca había tenido en su plantilla a nadie bajo el nombre de Tania Head ni de Alicia Esteve, ni registraba su presencia en las oficinas del World Trade Center. La familia del joven Dave, que efectivamente había fallecido en la Torre Norte, confirmó que jamás habían oído hablar de ninguna prometida llamada Tania ni conocían a la mujer que afirmaba haber compartido la vida con su hijo. Las quemaduras que Alicia mostraba en su brazo, que utilizaba como prueba irrefutable de su vivencia, eran secuelas de un accidente de tráfico sufrido años atrás en España.
Desenmascarada
En septiembre de 2007, The New York Times publicó un extenso reportaje donde desenmascaraba punto por punto la mentira. Ante la publicación, Alicia Esteve contrató abogados, rehusó explicaciones y desapareció de la noche a la mañana de la ciudad de Nueva York. La Survivors' Network la apartó de inmediato de su cargo, sumiendo a los verdaderos afectados en un profundo estado de conmoción e incredulidad.
Uno de los aspectos más desconcertantes del caso de Alicia Esteve es que nunca buscó un beneficio económico directo. Durante sus años al frente de la asociación de supervivientes, jamás cobró un salario ni malversó los fondos de la organización. De hecho llegó a donar dinero de su propio bolsillo para apoyar las causas de la red.
Su afán no era el dinero, sino algo mucho más complejo desde la perspectiva psicológica. La búsqueda desesperada de atención, notoriedad y validación emocional. Su impostura encaja en lo que los especialistas denominan el síndrome de Münchhausen aplicado al trauma, donde el individuo necesita asumir el rol de víctima devastada para recibir afecto, estatus y comprensión social.
Para los supervivientes, personas que arrastraban secuelas físicas y trastornos de estrés postraumático severos, el descubrimiento de que su guía y confidente era una mentirosa supuso un sentimiento de traición y vergüenza. La vulnerabilidad invadió a un colectivo que le había abierto su corazón y compartido sus secretos más íntimos. Tras su huida de Estados Unidos, Alicia Esteve regresó a España. Se supo que trabajó en diversas empresas en Barcelona e incluso en proyectos audiovisuales en la Comunidad Valenciana, procurando siempre mantener un perfil bajo y eludiendo las preguntas de la prensa sobre su pasado.
Su historia ha sido objeto de libros, artículos de investigación y documentales como La mujer que no estaba allí, que analizan la pasmosa facilidad con la que una persona puede infiltrarse en la memoria colectiva de una nación sirviéndose del dolor ajeno. Alicia Esteve no solo inventó una vida. Profanó el duelo de miles de familias para convertirse en la protagonista de una tragedia que nunca le perteneció.