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Zoé Valdés
AnálisisZoé Valdés

25 años del 11 de septiembre y las lecciones no aprendidas

A mi juicio, tras la elección del alcalde islamo-comunista, Zohran Kwame Mamdani, hijo de padres islamo-socialistas, pudiéramos llegar a la conclusión de que ninguna lección se ha sacado del atentado

La obra 'Oculus' del artista español Calatrava, en la zona de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York

La obra 'Oculus' del artista español Calatrava, en la zona de los atentados del 11 de septiembre en Nueva YorkEFE

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron un antes y un después en la historia contemporánea. Los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono provocaron miles de víctimas y generaron profundas transformaciones en materia de seguridad, política internacional y cooperación entre países. Más de dos décadas después, la polémica sobre las lecciones aprendidas sigue abierto, ya que algunos consideran que se han producido avances significativos, mientras que otros creen que persisten desafíos importantes.

A mi juicio, tras la elección del alcalde islamo-comunista, Zohran Kwame Mamdani, hijo de padres islamo-socialistas, pudiéramos llegar a la conclusión de que ninguna lección se ha sacado del ataque le costó la vida a 2.996 personas, dejando además 25 mil heridos, sin contar las secuelas de enfermedades graves por el humo y el polvo en personas que estaban presentes.

Una de las principales consecuencias –lo normal– fue la reforma de los sistemas de seguridad. En Estados Unidos se creó el Departamento de Seguridad Nacional (Department of Homeland Security) y se reforzaron los mecanismos de vigilancia e intercambio de información entre agencias gubernamentales. Antes de los atentados, diversos organismos poseían información fragmentada sobre las amenazas terroristas, pero la coordinación resultaba insuficiente. Desde entonces, la cooperación entre los servicios de Inteligencia ha adquirido una importancia fundamental.

También cambiaron de manera drástica los procedimientos de seguridad aérea. Los controles en aeropuertos se hicieron más estrictos, se reforzaron las puertas de las cabinas de los pilotos y se establecieron nuevas normas para pasajeros y equipajes. Muchas de estas medidas siguen vigentes actualmente y forman parte de la rutina de millones de viajeros en todo el mundo. Lo de los controles en los aeropuertos todavía es discutible, se registra menos a personas con vestimentas islamistas, que a las personas que van vestidas normalmente, por miedo a acarrear incomodidad «religiosa» (el islam es una ideología, no una religión).

Otra lección relevante –según estudios– fue la necesidad de una cooperación internacional más intensa para combatir el terrorismo. Los grupos extremistas operan a menudo a través de fronteras nacionales, utilizando redes financieras, tecnológicas y logísticas complejas. Como consecuencia, numerosos países incrementaron el intercambio de información de Inteligencia y desarrollaron mecanismos conjuntos para prevenir ataques. Lo que no ha evitado los ataques mediante vehículos y armas blancas cuerpo a cuerpo en las calles.

Sin embargo, los acontecimientos posteriores también generaron controversias. Las intervenciones militares ad libitum emprendidas en el marco de la llamada «guerra contra el terrorismo» suscitaron debates sobre su eficacia, sus costes humanos y sus consecuencias geopolíticas. Para algunos analistas, estas operaciones contribuyeron a debilitar determinadas organizaciones terroristas. Para otros, provocaron inestabilidad en algunas regiones y generaron nuevos desafíos de seguridad.

El equilibrio entre seguridad y libertades civiles constituye otra cuestión central. Tras los atentados, muchos gobiernos ampliaron sus capacidades de vigilancia con el objetivo de detectar amenazas potenciales. No obstante, estas medidas despertaron preocupaciones relacionadas con la privacidad, la protección de datos y los derechos fundamentales. Desde entonces, las sociedades democráticas continúan debatiendo cómo garantizar la seguridad sin comprometer principios esenciales del Estado de derecho. Y nada ha mejorado, al contrario.

La prevención de la radicalización se ha convertido igualmente en una prioridad. Expertos en seguridad, educadores y organizaciones sociales han subrayado la importancia de identificar factores que pueden favorecer la captación por parte de grupos extremistas. La educación, la integración social, la lucha contra la desinformación y el fortalecimiento de las comunidades locales son algunos de los instrumentos propuestos para reducir los riesgos de radicalización.

Además, el 11 de septiembre demostró el impacto que un ataque terrorista puede tener más allá de las víctimas directas. Las consecuencias psicológicas, económicas y sociales fueron profundas. Muchas personas sufrieron traumas duraderos, mientras que sectores económicos enteros experimentaron importantes alteraciones. Por ello, la preparación ante emergencias y la restitución de las instituciones se consideran hoy elementos esenciales de la seguridad nacional. Lo que no resuelve todavía nada, porque se le sigue dando entrada a elementos de sumo peligro, y no se atiende lo suficiente a los fichados S (me refiero en este caso a los de Francia).

Más de veinte años después, el recuerdo de aquellos atentados sigue vivo. Los monumentos conmemorativos, los actos de homenaje y los programas educativos buscan preservar la memoria de las víctimas y transmitir a las nuevas generaciones la importancia de comprender lo sucedido. La verdad frente a la taqiyya (mentira islámica) desempeña un papel clave para evitar que tragedias de esta magnitud caigan en el olvido.

En definitiva, las lecciones del 11 de septiembre abarcan ámbitos muy diversos: seguridad, cooperación internacional, protección de las libertades, prevención de la radicalización y capacidad de respuesta ante crisis. Aunque existen opiniones diferentes sobre qué medidas han sido más eficaces y cuáles han generado problemas adicionales, existe un amplio consenso en que aquellos sucesos transformaron de forma profunda las políticas de seguridad y la percepción global de las amenazas terroristas.

El debate sobre lo aprendido y sobre los retos pendientes continúa siendo relevante para gobiernos, expertos y ciudadanos en todo el mundo. Pero ¿se han aprendido las lecciones desde la masa popular, la que vota? De ninguna forma, y queda claro cuando esta vota a un islamista como Mamdani para ser alcalde de una ciudad que fue herida de muerte por el terrorismo islámico.

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