Por qué Sánchez sí puede acabar juzgado por traición
La juez Tardón señala sin señalar y maniata con sutileza a un presidente calamitoso que siempre se alía con el enemigo.
La juez María Tardón ha emitido un impecable auto que, en realidad, enfoca la cuestión de Ceuta desde el primer diagnóstico de Pedro Sánchez (el único decente y acertado, rápidamente desmentido por él mismo) para acabar señalando, al fondo de la instrucción venidera, al presidente del Gobierno.
La magistrada de la Audiencia Nacional entiende, como cualquier persona con dos ojos y dos oídos, que lo ocurrido en la ciudad autónoma española fue una invasión, que estuvo perfectamente orquestada por Marruecos y que supuso una violación de la integridad territorial, como dijo el propio Sánchez y ella misma recuerda con habilidad política y finura jurídica.
Su tesis coincide con la de la Policía Nacional, la del CNI y la del sentido común, que por si solo desmonta la estúpida teoría de que hasta 100.000 marroquíes pueden desplazarse en masa dentro de Marruecos, en la Fiesta del Trono, sin que el plenipotenciario Mohamed VI lo sepa, lo instigue, lo explote o las tres cosas a la vez. Pero lo hace, en este momento procesal, sin advertir del antagonismo entre esa evidencia bélica y la pastueña reacción humillada del Gobierno de Pegasus y sin adentrarse en la más que razonable sospecha de que Sánchez y compañía miraron hacia otro lado cuando, por tierra, mar y aire, la Inteligencia española en sus distintas ramas les advirtió de la que se venía encima.
Es decir, Tardón coloca de momento al Gobierno frente a su espejo, desactiva la manida acusación de lawfare y le trata casi de víctima, hasta el punto de que el incompetente Ángel Víctor Torres, mando único de la crisis nombrado para zaherir a los ceutíes, salió al momento en estampida a anunciar que se personarían en la causa como perjudicados.
¿Pero no habíamos quedado en que se trataba de una crisis migratoria? ¿En público decimos que Marruecos es un amigo del alma pero en el juzgado suscribimos un auto que le incrimina por gravísimos delitos de traición, contra la paz y contra la Nación?
Que paralelamente a la Audiencia Nacional haya trascendido que también el Tribunal Supremo ha aceptado investigar si el Gobierno conoció la amenaza y no hizo nada, dibuja un paisaje criminal para Sánchez del que esta vez no podrá librarse apelando a la famosa conspiración judicial, un mantra que solo los oídos más necios y sectarios tolera.
Y lo hace con una pulcritud que anula la réplica en formato de regüeldo pero abre la puerta a que, en el futuro, el líder socialista, su ministro del Interior y ya veremos si alguno más tengan que dar explicaciones en el banquillo y, por qué no, se tengan que enfrentar a una acusación formal por traición que ahora parece muy lejana pero no lo está tanto.
Porque si se concluye judicialmente que Marruecos calentó la avalancha, que lo hizo en su afán expansionista y que además el Gobierno incumplió su obligación de defender a España, miró para otro y a continuación se dedicó a fabricar coartadas al invasor, las consecuencias solo pueden ser el procesamiento de cuantos traidores hayan participado por acción, omisión o temor en una maniobra bélica de un país extranjero que afecta a la soberanía del país al que se deben.
Que Sánchez es un traidor, en términos morales y políticos, no es cuestionable: le debe el cargo a un terrorista, un prófugo y un golpista y se ha convertido en cómplice de los objetivos antiespañoles de los tres. Y se ha dedicado en estas semanas, además de a holgazanear con una procesada a cargo del erario, a meterse con el Rey de España y auxiliar al de Marruecos; a atacar a la Policía Nacional y blanquear a la Gendarmería marroquí y, en definitiva, a invertir la réplica esperable en un presidente cuando atacan su país, que no es desde luego ponerse del lado del atacante.
Pero además de serlo en el plano público, lo puede ser a medio plazo en el jurídico: a ver cómo sobrevive a la vergüenza de que la Justicia determine la responsabilidad de Marruecos mientras él se ponía de rodillas mirando a Rabat, abandonaba a un rincón de España codiciado por el enemigo e insultaba o perseguía a los que querían defenderlo. El comportamiento típico de un traidor. De Pedro Sánchez.