Imágenes incorporadas en el informe policial entregado a la Audiencia Nacional sobre la invasión de Ceuta
EXCLUSIVA
Marruecos se sirvió de la capacidad de movilización de las hinchadas de varios clubes de fútbol para la invasión de Ceuta
Las investigaciones apuntan al uso estratégico de las aficiones de algunos equipos, pertenecientes a las prefecturas situadas en los «puntos calientes» en origen, para la difusión de los mensajes previos al asalto del espigón del Tarajal
El informe entregado por el Centro de Extranjería y Fronteras (CENIF) de la Comisaría General de la Policía Nacional a la juez María Tardón, que investiga la invasión de Ceuta del pasado día 30 de julio, en la Audiencia Nacional, apuntó al papel «imprescindible» de las redes sociales en la llamada a la invasión de la ciudad autónoma. Una acción coordinada bajo la «dirección estratégia» de Marruecos que, a medida que avanzan las pesquisas, se ha ido perfeccionando en información úitl sobre el origen de los movimientos que llevaron al asalto simultáneo de miles de personas del espigón del Tarajal, para acceder a España.
Una entrada masiva e ilegal que ha sido celebrada con «alegría» por, entre otros, «los aficionados del Maghreb Tetuán y de los aficionados del Raja», en algunos vídeos con rótulo en árabe que han ido apareciendo días después, en canales abiertos, en concreto a partir del 4 de septiembre. En dichas imágenes, entre otrs evidencias, las hinchadas de ambos equipos de fútbol aparecen festejando el éxito de la misión, casi un mes después del estallido que mantiene colapsada Ceuta.
Lo que para los investigadores, segñun ha podido averiguar El Debate, refuerza la tesis de la planificación previa del salto que se perpetró en diferentes fases horarias, hasta tres distintas, y en las que se escalonó el mismo número de perfiles humanos empujados por el régimen alauita hasta las playas ceutíes, como resultado del «guiado activo» de las Fuerzas de Seguridad de Mohamed VI hacia los puntos de paso desprotegidos. Un escenario que contrastó con el control que Rabat sí ejerció, dos semanas después, cuando se intentó repetir la operación. Así las cosas, el documento del CENIF que, tras hacerse público, desató una crisis interna en el Gobierno de Pedro Sánchez y una campaña de lawfare contra la juez Tardón, descartaba que las mafias conocidas de tráfico de personas tuvieran capacidad para mover un flujo de semejante magnitud, como trató de deslizar La Moncloa en su relato oficial.
Muy al contrario, la campaña digital previa tras la operación se dirigió sobre todo a jóvenes de las prefecturas cercanas a Ceuta donde, ahora, ha trascendido que tienen su base social clubes como el Ittihad de Tánger o el Maghreb de Tetuán, cuyas aficiones tuvieron un protagonismo relevante en la «viralización» de algunos de los mensajes recogidos en el informe del CENIF incitando a la invasión.
Cabe recordar que Tetuán y Tánger no son un punto territorial aleatorio cualquiera en la guerra híibrida de Marruecos, sino que conforman, junto con otros enclaves como Chefchaouen, el conocido como hinterland inmediato desde el que se organizaron taxis, convoyes y grupos de WhatsApp con destino Castillejos/Fnideq. De hecho, y según el dossier del CENIF ése fue el grueso de la franja en la primera oleada de invasores que se articuló con jóvenes adolescentes y tardoadolescentes, muchos de ellos menores de edad, pertrechados con neoprenos y aletas, cuya «finalidad migratoria», en realidad, sirvió para «colapsar» la capacidad de respuesta de los servicios de seguridad españoles, antes de la penetración del grueso de los asaltantes: hombres en edad militar.
Ý es aquí donde, como ha podido confirmar este diario, se focaliza uno de los hilos de la instrucción judicial sobre la utilización de las estructuras ultras de mundo del fútbol marroquí, a nivel local, como correa de transmisión de un plan de dimensión estatal.
De hecho, más allá del sentimiento de pertenencia y de las gradas deportivas, las aficiones más radicalizadas cuentan con capacidad de disciplina, canales propios, miembros dispuestos a movilizarse en cuestión de horas y, lo que resulta más importante para la identificación del riesgo, una cultura de acción colectiva que se extiende más allá del mero ámbio deportivo y fuera de los estadios, con cánticos políticos y reivindicaciones territoriales que se repiten en concentraciones y protestas.
No es la primera vez que, por ejemplo, en Fez, se pueden leer consignas desde las hinchadas del fútbol identificando Ceuta y Melilla como parte de «una sola patria: Marruecos» o en las propias ciudades autónomas se han identificado a jóvenes ligados a los Green Boys que no son otra cosa que los ultras del Raja de Casablanca. Los seguidores del Siempre Paloma —grupo vinculado al Maghreb Atlético de Tetuán—, por su parte, han llegado hasta la puerta del Ayuntamiento de Ceuta con una pancarta que reclama la ciudad y el resto de plazas españolas del norte de África, como propias.
Los nuevos indicios, por lo tanto, sugieren que la maquinaria marroquí pudo instrumentalizar a las hinchadas como parte de la estrategia del 30-J. No, necesariamente, como implicados directos sino como un recurso-masa de acción rápida en determinadas prefecturas, capaz de actuar en bloque y con una infraestructura social compactada y lista para ser usada otra vez.
No en vano, el informe policial del CENIF describió cómo agentes uniformados y de paisano del régimen aparecieron en las imágenes incautadas en «fuentes abiertas», dando indicaciones, organizando el acceso de las masas de invasores y «dinamizando» el flujo humano. Y, todo ello, mientras el Gobierno de España insistido en no molestar a Rabat y sigue señalando la reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre devoluciones en caliente como uno de los argumentos que explicaría la avalancha, gracias a un mensaje distorsionado en las redes.