De comienzo en comienzoElena Murillo

Santa Elena y las reliquias de la Vera Cruz

«Ojalá sirva como inspiración para imitar su vida y sea puente de intercesión ante Dios a través de la oración»

Aunque el mayor apogeo de las reliquias encuentra su desarrollo en época medieval, un momento en el que estas son el eje no sólo de la vida religiosa sino también del poder social, político y económico, sobre todo en Europa, el origen de las mismas en el cristianismo se remonta a los primeros siglos. De hecho, es bien conocido el auge que alcanzan las peregrinaciones en la Edad Media, en plena construcción de las grandes catedrales, sin otro afán que albergar restos sagrados; pero es importante reseñar que desde el inicio la Iglesia cuidó la veneración de los santos.

El Edicto de Milán pondría fin a las persecuciones cristianas, por lo que ya en el siglo IV se empezaron a construir basílicas sobre las tumbas de los mártires. Será en esta época en la que destaque Santa Elena, la madre de Constantino, promulgador del citado Edicto, que se afanaría hasta encontrar en Tierra Santa las cruces en las que fueron clavados Jesús y los ladrones, así como los clavos y el «titulus crucis». Después se ocuparía de descubrir cuál de ellas era la Vera Cruz, la que correspondió al Señor.

La mayor parte de estos restos descubiertos por la emperatriz se veneran en la basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, en Roma, mientras que el fragmento mayor de la Cruz de Cristo se encuentra en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, en Cantabria.

En la sierra de Córdoba también se ha rezado con fe a Santa Elena, una figura importante en la historia del cristianismo, en una herencia secular transmitida a lo largo de muchísimas generaciones. Dos humildes aldeas enclavadas en Sierra Morena, La Cardenchosa y Los Morenos, cuentan con una parroquia consagrada a tan insigne santa y con enorme fervor religioso se han acercado tradicionalmente en su fiesta tanto sus residentes como vecinos de otras poblaciones a los que se ha ido extendiendo su devoción a lo largo del tiempo.

Con sencillez, la gente de este pueblo ha aprendido a querer a Santa Elena y conoce bien la historia de su vida. Ahora, desde el día 18 de agosto, cuentan con una reliquia de su Titular donada por el Rvdo. Sr. D. Juan Luis Carnerero de la Torre quien fuera párroco de la misma y que siempre ha demostrado un enorme cariño a estas aldeas y, cómo no, a su patrona. Con ella seguirán venerando la memoria de la santa. Ojalá sirva como inspiración para imitar su vida y sea puente de intercesión ante Dios a través de la oración.

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