Con el concepto actual de F-1 los circuitos tradicionales tienen los días contados
Madring
¿Por qué el gran premio de Madrid es mejor que el de Barcelona?
Madrid y Barcelona compiten desde hace meses por el protagonismo en el Mundial de F-1 al tener cada uno un gran premio asignado en una misma temporada
En los días previos a la celebración del Gran Premio de España en las instalaciones del recinto ferial de IFEMA Madrid, la polémica arrecia. La aparente incongruencia de celebrar una carrera en un circuito urbano en detrimento de uno de los mejores circuitos permanentes del mundo como es el de Barcelona-Cataluña, merece una reflexión.
Conviene dejar clara una premisa antes de empezar: el problema del Circuito de Barcelona-Catalunya, no es que el se haya quedado desfasado o tenga alguna carencia a nivel de infraestructura, tampoco que Barcelona sea una ciudad poco atractiva. Más bien todo lo contrario. La pista catalana ha tenido durante décadas una organización ejemplar y ha invertido una fortuna en mantener unas instalaciones que a día de hoy siguen siendo modélicas. Pero el mundo de la Fórmula 1, ha cambiado mucho desde que se inaugurara este recinto allá por 1991.
La Fórmula 1 ha cambiado
Liberty Media es la actual propietaria de los derechos de organización de la Fórmula 1 y su visión del negocio hoy es muy distinta a la que imperaba cuando Bernie Ecclestone era el dueño del cortijo. Ahí es donde Madrid encaja mejor que Barcelona. La diferencia entre el Gran Premio en la ciudad de Madrid y el del circuito de Barcelona, no está tanto en el asfalto como en todo lo que sucede alrededor de él. El aviso lo dio Chase Carey, CEO de la compañía, allá por 2017. «Queremos que cada carrera, sea lo mas parecido a una Superbowl en los países que visitamos».
Barcelona es un excelente gran premio, pero se busca más espectáculo
La Fórmula 1 ya no necesitaba una pista magnífica donde poner dos coches a competir. Ahora necesitaba un territorio, que pudiera atesorar en su interior todo aquello que convierte cada año a la Superbowl del fútbol americano en el evento deportivo y social por antonomasia del país. Se busca el espíritu de aquel pistoletazo de salida dado por Chase Carey hace diez años, un evento capaz de generar negocio, contenido, experiencias y relaciones empresariales durante varios días. Y sobre todo quiere que el acontecimiento, esté allí donde están las personas a las que las marcas quieren llegar.
El ejemplo: la Superbowl
El modelo lo marcó Miami y tras ella han llegado varios más siguiendo su modelo como Jeddah o Las Vegas. Sirva como ejemplo, que la ciudad del pecado norteamericana existe un autódromo magnífico en las afueras, pero la Fórmula 1 no quiere estar allí. Quiere que los monoplazas pasen a toda velocidad entre los neones del famoso Strip y que esa imagen dé la vuelta al mundo. En Arabia Saudí sucede algo parecido. Los jeques podrían haber construido un circuito espectacular en cualquier lugar, pero decidieron llevarlo al paseo marítimo de Jeddah. La pista es el escenario; la ciudad es el espectáculo.
Al purista, lógicamente, toda esta filosofía le chirría. Pero Liberty entiende poco de romanticismo y mucho de negocio. Por eso, el nuevo circuito de Madrid, ubicado en el entorno de IFEMA y con una integración plena con la ciudad, responde mejor a esa estrategia. No se trata solamente de llegar al circuito. Se trata de que un patrocinador pueda invitar a un cliente, a un alto ejecutivo o a un potencial socio y ofrecerle una experiencia sencilla, cómoda y extraordinaria.
Las Vegas es el ejemplo perfecto de lo que quiere la nueva F-1
Porque el patrocinio también ha cambiado radicalmente en los últimos diez años. En los tiempos de Ecclestone, buena parte del retorno se medía en audiencia televisiva, presencia en prensa y notoriedad de marca. Hoy importa mucho más, qué puedes hacer con el invitado y el público que tienes delante. Y conviene recordar, que muchas de las personas a las que una multinacional quiere influir no son aficionados al automovilismo.
Un alto ejecutivo puede sacrificar un fin de semana con su familia para acudir a un Gran Premio si se lo pones muy fácil. Si para llegar necesita un madrugón, dos horas de atasco y una logística digna de una operación militar, probablemente buscará otra excusa. Porque ahí aparece el gran problema de los circuitos tradicionales: la accesibilidad. No puedes pretender que el paddock funcione a base de helicópteros. El espacio aéreo es limitado, la seguridad también y un circuito no puede supeditar sus necesidades médicas a un continuo trajín de aterrizajes y despegues de vips.
No tantos helicópteros
Por eso no tenía demasiado sentido pensar que una multimillonaria remodelación del Jarama iba a devolver la Fórmula 1 a Madrid. Si Madrid podía tener un gran premio, la solución no pasaba por recuperar un circuito histórico en las afueras. Pasaba por llevar la Fórmula 1 a la ciudad. Algunos dirán que si Zandvoort en los Países Bajos lo consiguió por unos años, por qué no iba a ser posible con el Jarama, pero se olvida el detalle fundamental, que allí no hay alternativa y en España sí. Y además magnífica, como es el circuito de Barcelona.
La pista ubicada en Montmeló seguirá siendo una extraordinaria pista de pruebas y, llegado el caso, un excelente gran premio de reserva, pero bajo este nuevo modelo de la propiedad, ni siquiera está a salvo Spa-Francorchamps, uno de los templos sagrados del automovilismo, que tendrá que alternar en los próximos años su presencia en el calendario.
En el pasado cuando se hablaba de alternativas a Barcelona, aparecía de forma recurrente el circuito de Jerez, y sobre el papel, tenía toda la lógica: un trazado magnífico, una región con enorme atractivo y un ambiente extraordinario. Pero la Fórmula 1 no funciona solamente sobre el papel. Necesita un gran aeropuerto internacional cerca, una oferta hotelera del máximo nivel suficientemente grande y accesos cómodos en transporte público para decenas de miles de espectadores.
En definitiva, no es una cuestión de que Barcelona haya dejado de ser atractiva, es que la Fórmula 1 ha decidido que sea ella la que vaya donde están los atractivos y no al revés. Así de frío y simple se entiende ahora el negocio en la Fórmula 1.