A la izquierda una imagen de Marta antes del shock, y a la derecha en su estado actual

A la izquierda una imagen de Marta antes del shock, y a la derecha en su estado actualEl Debate

Marta, la joven alicantina que quedó en coma por un batido, gana una batalla judicial tras cuatro años de lucha

La Conselleria de Sanidad deberá indemnizar a la familia con 100.000 euros

Después de casi cuatro años de incertidumbre, reclamaciones y una larga batalla judicial, la familia de Marta Pérez afronta por fin una resolución que pone algo de luz al final de un camino que comenzó el 28 de septiembre de 2022. La joven de Ibi de tan solo 19 años quedó en coma después de sufrir un shock anafiláctico tras ingerir un batido, y desde entonces, batalla día a día por recuperarse.

Ahora, el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) ha reconocido parte de la reclamación de la familia y ha establecido una indemnización de 100.000 euros por el daño moral y la «pérdida de oportunidad» derivados de la asistencia sanitaria que recibió la joven. No es la compensación millonaria que reclamaban, pero sí una resolución que reconoce que en aquella historia hubo un déficit asistencial.

El periódico TodoAlicante ha tenido acceso a la resolución, que considera que existió una deficiente atención médica y encuadra las consecuencias en el concepto de «pérdida de oportunidad». La sentencia no es firme y puede ser recurrida en casación. La cantidad queda, además, muy lejos de los 4,1 millones de euros solicitados por la familia.

La historia de Marta

Pero antes de llegar a los tribunales está Marta. Una joven alegre, cariñosa, extrovertida y decidida, según la descripción de su familia. Tenía tan solo 18 años cuando se apuntó a un gimnasio de Ibi y llevaba apenas una semana cuando, al terminar una clase, el propietario le ofreció un batido de proteínas.

Marta preguntó qué contenía porque quería asegurarse de que no había ningún ingrediente al que fuera alérgica y con la información recibida lo tomó. Casi inmediatamente comenzó a encontrarse mal y acudió al centro de salud de la localidad alicantina. Allí recibió Urbason y fue enviada a casa.

Sin embargo, al llegar, explicó a sus familiares que seguía encontrándose mal y regresaron al centro sanitario apenas veinte minutos después. Esta vez Marta entró caminando.

Su estado comenzó a empeorar mientras era atendida y cada vez respiraba con mayor dificultad, su cuerpo se puso rígido y comenzó a adquirir una tonalidad azulada, hasta que dentro de la consulta sufrió una parada cardíaca. Según recuerda la familia en la web que creó para contar su historia, permaneció alrededor de diez minutos en parada antes de ser trasladada al Hospital Virgen de los Lirios de Alcoy.

«No había nada que hacer»

A partir de entonces comenzó un largo calvario para sus padres. En el hospital recibieron un pronóstico devastador y, según relatan, llegaron a escuchar que Marta no sobreviviría y que no había nada que hacer. Pero ellos se negaron a rendirse.

Durante su estancia en la UCI cuestionaron la sedación, la ventilación mecánica y posteriormente la alimentación que recibía. Insistieron ante los médicos al considerar que perdía demasiado peso y que determinados episodios de dolor podían estar relacionados con la alimentación artificial. También reclamaron atención ante diferentes episodios que, a su juicio, ponían en riesgo la vida de su hija.

Uno de los momentos más angustiosos llegó cuando Marta, ya fuera de la UCI, comenzó a respirar con dificultad. Su familia insistió para que la examinaran y finalmente se detectó un tapón de moco seco que prácticamente obstruía sus vías respiratorias. La situación se complicó y tuvo que regresar a cuidados intensivos y pasar de nuevo por quirófano.

Rehabilitación y lucha constante

Los familiares empezaron entonces otra batalla: conseguir que Marta pudiera continuar su recuperación en otro centro. Después de tres meses lograron trasladarla al Hospital del Consuelo, donde inició un proceso de neurorrehabilitación. Pero incluso entonces tuvieron que pelear por las prórrogas y por mantener los tratamientos que consideraban necesarios para su evolución.

La historia de Marta también ha sido una historia de pequeños avances. En años posteriores, su familia ha seguido compartiendo su evolución y buscando tratamientos que le permitan continuar progresando. Informaciones anteriores han recogido esos avances y la esperanza de sus padres ante señales de recuperación.

Exploración «parca»

Ahora, casi cuatro años después de aquella tarde, llega la respuesta judicial. La sentencia considera que la exploración realizada inicialmente en el centro de salud fue «parca» y que la documentación asistencial resultó deficitaria. También señala que no se realizó una exploración física exhaustiva y pone el foco en la falta de observación posterior a la administración del Urbason ante el riesgo de una anafilaxia bifásica.

El tribunal, sin embargo, también recoge circunstancias que atenúan la relación entre la asistencia médica y el desenlace. Marta llegó con las constantes estables y sin signos externos evidentes de shock; aunque comunicó sus antecedentes en recepción, no consta que esa información llegara al médico. Además, su historial de asma grave figuraba en el sistema sanitario de otra comunidad autónoma y no estaba siendo seguida por el servicio local de Alergología.

Con todos estos elementos, la Sala concluye que existió un «déficit asistencial» constitutivo de un importante daño moral y reconoce una «pérdida de oportunidad» de mejoría. Fija por ello una indemnización de 100.000 euros. No impone las costas a ninguna de las partes y recuerda que la sentencia puede ser recurrida.

Para una familia que reclamaba 4,1 millones, la cantidad está muy lejos de sus pretensiones. Pero la resolución supone también el reconocimiento de una parte de aquello que llevan años defendiendo, y es que en la atención recibida por Marta hubo aspectos que pudieron hacerse de otra manera.

La sentencia no puede devolver a Marta a aquella tarde de septiembre de 2022 ni borrar los años de hospitales, incertidumbre, rehabilitación y lucha. Tampoco cierra definitivamente el camino judicial. Pero después de casi cuatro años, su familia tiene por fin una respuesta.

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