Imagen de Borja García Sousa, ginecólogo alicantino atacado por un tiburón en Maldivas

Imagen de Borja García Sousa, ginecólogo alicantino atacado por un tiburón en Maldivas@borgarso7

«Lo importante es seguir vivo»: el emocionante relato del ginecólogo alicantino atacado por un tiburón en Maldivas

Borja García Sousa cuenta en redes sociales su proceso de recuperación tras haber perdido una pierna y cómo afronta la vida desde entonces

Hay historias que parecen desafiar toda lógica. Casos en los que una persona sobrevive contra pronóstico y, tras superar el momento más crítico, debe enfrentarse a una segunda batalla: aprender a vivir con una realidad completamente distinta. Esta es la historia del ginecólogo alicantino Borja García Sousa, quien perdió una pierna tras ser atacado por un tiburón durante su luna de miel en las Maldivas y que, desde entonces, ha convertido sus redes sociales en un diario en el que comparte tanto la dureza de su recuperación como los pequeños avances que le acercan a una nueva normalidad.

El ataque tuvo lugar mientras disfrutaba de un viaje con su esposa, Ana. Las graves heridas sufridas obligaron a los médicos a amputarle una pierna para salvarle la vida, una decisión que él mismo confiesa que había asumido incluso antes de entrar en quirófano. Desde entonces, García Sousa ha querido relatar con transparencia todo el proceso de recuperación, mostrando tanto los momentos de mayor sufrimiento como los pasos que va dando hacia su adaptación.

Miembro fantasma

En una de sus últimas publicaciones ha explicado cómo fueron los primeros días tras regresar a España, cuando comenzó una rehabilitación muy diferente a la que había imaginado. «Al llegar a España los médicos me dijeron la estrategia a seguir y cómo tratar el dolor del miembro fantasma, algo insoportable en ese momento», relata.

El alicantino reconoce que desconocía por completo cómo era el proceso previo a recibir una prótesis. «Pensaba que todo comenzaba el mismo día en que te la colocan, pero todo empieza mucho antes». Mientras que en Maldivas utilizaron vendajes compresivos para darle forma, en España inició una nueva fase con una media compresiva y, posteriormente, con una funda de silicona conocida como Lainer, a la que ya define como «mi actual compañero de vida».

Aunque pueda parecer un elemento sencillo, explica que la adaptación no está siendo fácil debido al calor y la sudoración, hasta el punto de que apenas puede soportarla durante un cuarto de hora seguido.

Otro de los momentos más especiales que ha compartido fue la elaboración del primer molde de escayola con el que se fabricará el encaje de su futura prótesis. Con humor recuerda que le «envolvieron como un sándwich de jamón y queso», una experiencia que, lejos de resultarle incómoda, le llenó de ilusión porque suponía estar un paso más cerca de volver a caminar.

Ese optimismo se mezcló con el vértigo cuando tuvo por primera vez la prótesis entre sus manos. «Mi cabeza se preguntaba: '¿Cómo me apoyaré sobre ella? ¿Seré capaz? ¿Qué sentiré?'», recuerda. Sin embargo, la realidad fue distinta a la que había imaginado. «Al sostenerla, el sueño se desvaneció. Pesaba más de lo que imaginaba», admite.

Aun así, lejos de venirse abajo, decidió convertir esa impresión inicial en un nuevo reto: «Hemos trabajado mucho para llegar hasta aquí, así que no nos rendiremos». Como él mismo resume, no se trataba de volver a caminar de un día para otro, sino de «volver a creer que algún día volvería a hacerlo».

En otro de sus vídeos, Borja García Sousa ha querido regresar mentalmente a las horas más críticas tras el ataque, cuando todavía se debatía entre la vida y la muerte. Explica que, en medio del caos y mientras el equipo médico luchaba por estabilizarle, no podía evitar preguntarse qué ocurriría con su pierna. Aun así, tenía clara cuál debía ser la prioridad. «Lo importante era seguir vivo», asegura.

Según relata, una vez trasladado a Malé habló con su mujer antes de la intervención y le dejó muy claro cuál era su voluntad: «Que hagan todo lo que puedan, pero si tienen que tomar una decisión para salvarme, que no lo duden».

La confirmación llegó al día siguiente, cuando despertó tras la operación. «Le pregunté: 'No tengo pierna, ¿verdad?'. Ana me dijo que no, respiré hondo y solo pude decir: 'Perfecto, estoy vivo'». Después supo que su esposa había vivido ese momento con enorme angustia, temiendo cómo reaccionaría al descubrir la amputación. Él, sin embargo, asegura que aquel instante marcó un antes y un después en su forma de afrontar la situación.

«Sigo dando gracias a Dios»

«Entendí algo muy difícil. Esto no era una lesión temporal, no era algo que se curaría en semanas, era algo que iba a formar parte de mi vida para siempre», reflexiona. Lejos de quedarse en el dolor, asegura haber encontrado una nueva forma de entender lo sucedido.

«Aun así la vida sigue siendo maravillosa. Quizás se cerraron algunas puertas, pero tengo claro que se abrirán muchas otras», afirma. Una filosofía con la que sigue compartiendo cada avance de su recuperación y que resume con una última frase cargada de esperanza: «Por todo eso sigo dando gracias a Dios».

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