El alcalde de Manresa, Marc Aloy (centro), en la presentación de la campaña

El alcalde de Manresa, Marc Aloy (centro), en la presentación de otra campaña para favorecer el catalánAjuntament de Manresa

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«No cambies nunca»: Manresa pide a sus vecinos que sigan hablando catalán aunque les respondan en español

Según una encuesta del Ayuntamiento, más de la mitad de los manresanos tiene el catalán como lengua habitual y el 98,1 % de los manresanos lo entiende

El Ayuntamiento de Manresa (Barcelona) ha puesto en marcha una campaña con un mensaje inequívoco: «No canviïs mai» (No cambies nunca). La iniciativa anima a los catalanohablantes a mantener el catalán aunque la persona que tienen delante les responda en castellano. El argumento municipal es que cambiar de lengua por educación, por facilitar la conversación o porque se presupone que el interlocutor no entiende el catalán acaba perjudicando la normalización de esta lengua.

La campaña llega después de una encuesta municipal que refleja una realidad lingüística mucho más compleja. El 50,8% de los manresanos asegura que tiene el catalán como lengua habitual, frente al 30,6% que señala el español. Además, el 98,1 % afirma que entiende el catalán. Sin embargo, cuando un catalanohablante inicia una conversación y recibe una respuesta en castellano, el 54% reconoce que cambia también al español. Solo el 23,6% mantiene el catalán y apenas un 3,8 % pide expresamente a su interlocutor que le hable en esta lengua.

Precisamente contra este comportamiento se dirige la campaña. El Ayuntamiento considera que esa tendencia a cambiar de idioma contribuye a desplazar el catalán y pide a los ciudadanos que no lo hagan automáticamente. El alcalde, Marc Aloy (ERC), lo ha resumido con una pregunta: «Entonces, para qué narices cambiamos la lengua?». Según ha defendido, hacerlo por cortesía o por pensar que la otra persona no entenderá el catalán «hace un flaco favor» a la lengua y ha advertido que «no se puede despistar».

La iniciativa plantea así una cuestión que va más allá de los hábitos lingüísticos: hasta qué punto las administraciones deben intervenir en la lengua que utilizan los ciudadanos en sus conversaciones privadas. El Ayuntamiento sostiene que mantener el catalán puede facilitar que quienes no lo hablan tengan más oportunidades de escucharlo y aprenderlo.

El planteamiento crítico es el contrario: que una decisión tan personal como escoger en qué lengua mantener una conversación quede condicionada por una política institucional que pide expresamente no adaptarse a la elección lingüística del interlocutor.

Uso mayoritario del catalán

La encuesta muestra, además, que el catalán tiene una presencia especialmente elevada en Manresa. El 50,8 % lo señala como lengua habitual, casi veinte puntos por encima de la media de Cataluña, situada en el 32,6 %, aunque por debajo del 59,6 % registrado en el conjunto de las comarcas centrales. El 45,6 % de los encuestados asegura que siempre empieza las conversaciones en catalán y otro 20,4 % dice hacerlo muy a menudo.

La situación cambia cuando entra en juego el castellano. Más de la mitad abandona entonces el catalán y adopta la lengua de su interlocutor. Para los responsables de la campaña, precisamente ahí está «el gran reto». Marc Orriols, asesor municipal, considera que algunos catalanohablantes cambian porque tienen la «sensación de ser educados» o porque quieren facilitar la comunicación con personas recién llegadas. El Ayuntamiento defiende que mantener el catalán puede contribuir también a que esas personas tengan más oportunidades de practicarlo.

La política lingüística municipal no se limita, por tanto, a una recomendación sobre el uso de una lengua en el ámbito institucional. La campaña pretende modificar un comportamiento cotidiano: que un ciudadano que habla catalán no pase al castellano aunque su interlocutor lo utilice. Y lo hace desde la convicción de que mantener el catalán es una forma de protegerlo ante una realidad social cada vez más diversa lingüísticamente.

El estudio también apunta diferencias según el ámbito. El catalán es predominante en las administraciones catalanas, la policía y los bancos, mientras que su presencia es menor en la sanidad y en la Administración del Estado en Cataluña. En los hogares, el 43,9 % declara utilizar exclusivamente el catalán y el porcentaje se acerca al 50 % cuando se pregunta por la lengua empleada con los hijos. El castellano, en cambio, pierde peso como lengua de transmisión generacional.

La encuesta, basada en más de 600 entrevistas, ha servido al Ayuntamiento para diseñar su política lingüística. Manresa considera que su experiencia puede convertirse en referencia para otros municipios y asegura que este tipo de iniciativas ya han influido en la política de la Generalitat, que ha empezado a ofrecer subvenciones a los ayuntamientos que quieran desarrollar políticas lingüísticas similares.

La paradoja es evidente: en una ciudad donde prácticamente todos entienden el catalán y donde la mitad de la población lo identifica como su lengua habitual, el Ayuntamiento considera necesario pedir a quienes ya lo hablan que no cambien nunca de idioma para protegerlo, aún más. Una campaña que, bajo el lema «No canviïs mai», convierte una elección cotidiana entre dos lenguas oficiales en una cuestión de política lingüística.

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