La confitería, en la zona baja, al lado del palacio Marcet

La confitería, en la zona baja, al lado del palacio MarcetArchivo

Historia

Casa Llibre o el templo del lujo y la gastronomía que encandiló a la burguesía barcelonesa

Fundada en 1912, la Confitería Guillermo Llibre fue el icónico punto de encuentro de la alta sociedad barcelonesa por su gastronomía y arte

Durante las primeras décadas de la centuria pasada, el paisaje urbano de la capital catalana experimentó una sofisticada transformación ligada al auge económico y social de la burguesía. En este contexto se inauguró la Confitería Guillermo Llibre, un establecimiento que se convirtió en el epicentro del encuentro elitista, la gastronomía de vanguardia y el comercio de arte.

Abrió sus puertas en 1912 en un espacio proyectado por el célebre arquitecto modernista Enric Sagnier Villavecchia. Estaba en el número 21 de la Plaza Cataluña. La confitería destacó desde el primer día por la belleza de su diseño. Tal fue su impacto estético que el Ayuntamiento de Barcelona le otorgó el certamen municipal a los mejores comercios del año siguiente, aunque el galardón no se entregó de manera oficial hasta 1916.

El alma de este proyecto era Guillermo Llibre, un visionario comerciante que supo conectar con los gustos de las familias acomodadas que residían en el pujante distrito del Eixample. En lugar de limitarse a la repostería tradicional, Llibre concibió una fórmula mixta muy innovadora. Esta consistió en fusionar la venta de selectos dulces e exquisitas delicias culinarias con la exhibición y comercialización de valiosas piezas artísticas. Esta propuesta evitaba que la alta sociedad tuviera que desplazarse hacia las zonas más antiguas de la ciudad, como la calle Fernando o la zona baja de la Rambla, para adquirir porcelanas finas o repostería de calidad.

El éxito fue inmediato. Acudir a la confitería de Guillermo Llibre no respondía solo a una necesidad de consumo, sino que constituía un ritual de ostentación social. El propio empresario reforzó su imagen al serle otorgado el título de proveedor de la Casa Real y hacer gala de una estrecha relación de amistad con los allegados del rey Alfonso XIII, quien solía frecuentar el local durante sus visitas oficiales o privadas a la ciudad.

El éxito de la confitería fue tal que el último día de febrero de 1925 cerró sus puertas, para abrirlas en los números 605-607 de la Gran Vía de las Cortes Catalanas, entre el Paseo de Gracia y la Rambla de Cataluña, junto al Palacio Marcet que, hasta 2024 era el Cinema Comedia. En el lugar donde estaba la confitería se construyó, entre 1950 a 1952 el Hotel Avenida Palace. En el emplazamiento de la Plaza Cataluña poco después se abrió el Café-Restaurante Savoy.

Anuncio de la nueva ubicación de Casa Llibre

Anuncio de la nueva ubicación de Casa LlibreArchivo

Inaugurada en marzo de 1925, la confitería pasó a llamarse Casa Llibre. Volvió a diseñarla Enric Sagnier. En aquel nuevo emplazamiento también estaba el reconocido Restaurante Ribas. En un mismo lugar se fusionaron la reputación gastronómica de Ribas con la tradición repostera y artística de Llibre, consolidándose como el punto de reunión predilecto de la aristocracia barcelonesa.

La fachada principal lucía dos monumentales figuras de bronce dorado realizadas por el escultor francés Paul Darbefeuille. La distribución interior destacaba por su riqueza estilística. La planta elevada albergaba cuatro salones temáticos diferenciados. Estaba un ambiente de estilo Luis XVI enfocado a la pastelería; una sala de inspiración Luis XIV dedicada a la bombonería; una estancia decorada al estilo inglés Adam donde se exhibían artículos de orfebrería de la casa parisina Christofle, de la cual Llibre poseía la concesión exclusiva; y una cuarta dependencia decorada con réplicas del mobiliario napoleónico del Palacio de Versalles, destinada a la venta de antigüedades e industrias artísticas.

Una monumental escalera doble articulaba este nivel superior con la planta baja, donde se encontraba el restaurante a cargo de Rossend Ribas, el distinguido salón de té y un moderno bar de corte americano. La parte superior contaba con una emblemática terraza jardín conocida como el Roof Garden. Este espacio al aire libre se convirtió en el enclave favorito de las familias patricias para organizar recepciones, estrechar vínculos de clase o simplemente dejarse ver durante la temporada estival.

Guillermo Llibre siempre destacó por una gran flexibilidad mercantil. En octubre de 1931, recién instaurada la Segunda República, diversificó la oferta del recinto al incorporar en los bajos un gabinete de belleza y estética femenina avalado por la prestigiosa firma internacional de Barbara Gould, quien acudió personalmente a Barcelona para la inauguración.

En octubre de 1935 el establecimiento sufrió una profunda remodelación de las salas del Roof Garden para adaptarlas al ocio nocturno, transformándolas en el célebre Dancing Oshima. Esta sala de baile cobró protagonismo en la vida nocturna barcelonesa gracias a las actuaciones de destacadas formaciones musicales de la época, como la agrupación Crazy Boys o la Napoleon's Band.

El estallido de la Guerra Civil alteró el funcionamiento del local. Tras ser incautado y socializado por las organizaciones sindicales el complejo pasó a llamarse Salón Internacional. Al término de la contienda y con el establecimiento del régimen franquista, Casa Llibre retomó en gran medida su actividad previa. En mayo de 1939 reaparecía en la prensa anunciado como salón de té y sala de baile con orquesta, aunque conjuntos como los Crazy Boys tuvieron que castellanizar su nombre comercial, pasando a denominarse Orquesta Martín de la Rosa.

El solar que ocupó Casa Llibre fue, con anterioridad, el efímero Palacio de Exposiciones de Bellas Artes (1868-1874), la sala de conciertos de Pianos Pere Estela & Francisco Bernareggi (1897-1910), el Metropolitan Cinemaway (1909-1911), el Cinema Ideal (1911-1916), que a partir de este año cambio de nombre llamándose Palace Cinema.

La trayectoria de Casa Llibre concluyó a finales de la década de 1940, cuando el inmueble fue vendido para la edificación de una infraestructura hotelera de alta categoría. En 1948 el establecimiento echó el cierre definitivo, dejando paso a la construcción del Hotel Avenida Palace, edificio que continúa presidiendo hoy en día ese aristocrático tramo de la Gran Vía barcelonesa.

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