Algunos edificios no tuvieron suerte y se demolieron poco después de acabar la Exposición

Algunos edificios no tuvieron suerte y se demolieron poco después de acabar la ExposiciónArchivo

Historia

Pabellones desaparecidos de la Exposición Internacional de Barcelona

La Exposición Internacional de Barcelona de 1929 remodeló Montjuïc e impulsó el noucentismo y racionalismo mediante diversos pabellones emblemáticos y efímeros

Del 20 de mayo de 1929 al 15 de enero de 1939 se celebró la Exposición Internacional de Barcelona. Esta sirvió, entre otras cosas, para remodelar una parte de la ciudad y, en concreto, la montaña de Montjuic. A nivel arquitectónico se consolidó el noucentismo y se introdujo el racionalismo. La Exposición se desarrolló en una superficie de 118 hectáreas y con un coste de 130 millones de pesetas. De ella aún se conserva la Plaza de España, la Fuente Mágica, diferentes palacios en la Avenida María Cristina, el Palacio Nacional que es sede del Museo Nacional de Arte de Cataluña, el Pabellón Real que hoy se conoce como Albéniz, o el Pueblo Español, entre otros. Otros edificios no tuvieron la misma suerte y se demolieron poco después de acabar la Exposición. A continuación, hablaremos de alguno de ellos.

El Palacio de las Diputaciones es obra del arquitecto Enric Sagnier Villavecchia. Estaba situado en la Plaza Sant Jordi, en la intersección de la avenida de Santa Madrona con la avenida de Montanyans. Lo inauguró el rey Alfonso XII el 4 de octubre de 1929. El palacio albergaba la representación de todas las diputaciones españolas. Era de estilo gótico plateresco. En su interior destacaba una estatua ecuestre de Sant Jordi. El palacio fue derribado en junio de 1931.

El arquitecto Eusebi Bona i Puig fue el encargado del Pabellón Hispano-Suiza y de otro que veremos posteriormente. Estaba en la avenida de Montanyans. De estilo racionalista, destacaba su torre coronada por la figura de la cigüeña, símbolo de esta casa de coches. Tres de sus cuatro lados eran de vidrio, lo cual daba mucha luminosidad al pabellón.

La casa de los cubitos Maggi tuvo un stand en una de las paredes laterales del Pabellón de la Reina Victoria Eugenia. Proyectado por el arquitecto J. Pujol y construido por Joaquín Xafart.

Al final de la calle Lérida, entre el Palacio de las Artes Gráficas y el Pabellón de la Caja de Pensiones, se levantó el Pabellón de Nitrato de Chile. De estilo racionalista. Empresa que distribuía este fertilizante natural, una fuente importante de nitrógeno para la agricultura durante siglos. Sus carteles publicitarios, estilo art decó, son bien de interés cultural.

El 4 de octubre de 1929 el rey Alfonso XIII inauguró el Pabellón de la Confederación Hidrográfica del Ebro. Empresa que gestionaba el agua y los regadíos que provenían de la cuenca fluvial del río Ebro y sus afluyentes. Se construyó entre junio y septiembre de 1929. Lo proyecto el arquitecto Regino Borobio Ojeda, bajo los criterios de la arquitectura racionalista. Se colocaron tres figuras del escultor Félix Burriel Marín, alegóricas en forma de mujer, que representaban la energía hidráulica, la agricultura y la navegación. Los cuadros de los pantanos y paisaje de la cuenca del Ebro eran obra del pintor Ángel Díaz Domínguez.

En uno de los laterales del Palacio Nacional se construyó el Pabellón de Perfumerías Gal. Inspirado en el art-deco, con una torre formada por un prisma cuadrangular cortado por tres planos en la parte baja. Estabs decorado con vidrios de colores. Lo diseño el arquitecto Vicente Sáenz Vallejo y el diseñador Federico Ribas. Productos de esta empresa eran el Heno de Pravia o Lavanda Inglesa de Gal.

Donde actualmente hay la hípica de la Foixarda, se levantó el Pabellón Damians. Este era de la empresa Talleres Metalúrgicos y Fundiciones Damians. Era un edificio de dimensiones reducidas. Desapareció poco después de finalizar la exposición.

En uno de los lados del Palacio Nacional se levantó el Pabellón de los Exportadores españoles de aceite de oliva. Se inauguró el 11 de julio de 1929. Reproducía una típica masía catalana. Desapareció poco después de finalizar la exposición.

También en uno de los laterales del Palacio Nacional se levantó el Pabellón Majórica, de la casa de perlas del mismo nombre. Era obra del arquitecto Eusebi Bona i Puig, que también diseñó el de Hispano-Suiza. Allí pudieron admirarse las creaciones de esta empresa, como las perlas Indra y las Omar Pearls. También se dio a conocer la chica Majórica.

El más significativo de todos fue el Pabellón de Alemania. Está considerado una de las obras maestras del arquitecto Ludwig Mies van der Rohe. De planta rectangular, se eleva sobre un podio recubierto de travertino. La cubierta se sostenía sobre columnas cruciformes y muros de carga, con paredes de ladrillo recubierto de yeso, acero recubierto de mármol verde y ónice de Marruecos. Estaba decorado por dos estanques y una escultura titulada La Mañana de Georg Kolbe. Aunque fue derribado al terminar la exposición, por suerte lo reprodujeron, entre 1985 a 1987, en su mismo emplazamiento, los arquitectos Cristian Cirici, Ignacio Sóla-Morales y Fernando Ramos.

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