Pasiones medievales y venganza noble en el corazón de Barcelona

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Historia

Pasiones medievales y venganza noble en el corazón de Barcelona

La calle barcelonesa de n’Aroles debe su nombre a una influyente familia cuyo trágico romance prohibido acabó en ejecución

En el Barrio Gótico de Barcelona existe una calle, que se remonta al siglo XV, que a lo largo de los años ha sido el hogar de varias familias destacadas, como los Aroles, cuyos miembros ocuparon importantes posiciones en la sociedad barcelonesa en diferentes épocas. Por eso esta calle lleva su nombre, carrer de n’Aroles. De esta familia se tiene constancia de los siguientes miembros. Ramón Aroles, que en el 1451 era maestro de obras o maestro albañil, el cual se dedicaba a diseñar, dirigir y levantar viviendas, edificios. Hoy en día sería un aparejador. Bartomeu Aroles era propietario de una casa, en 1562, en la calle Rauric: Francisco Aroles era en 1579 conseller del Consejo de Ciento. Joan Aroles era misser, elegido por el Consejo de Ciento y, en 1612 diputado real y conseller en cap en 1616. Dicho de otra manera, era jurista (misser) y consejero jefe (conseller en cap) era lo que hoy equivale a alcalde de Barcelona.

¿Qué historia esconde esta calle? La calle atraviesa de la de Boquería y acaba en la calle Fernando. Antiguamente se llamó d’en Spereneu y luego d’en Mayans. En el 1520 tenía salida a la calle Fernando a través de una reja que se encontraba en el jardín de la casa de Juan de Gualbes, conseller segundo, que hoy seria primer teniente de alcalde. Este Gualbes tenía una hermosa hija de dieciocho años, llamada Isabel, cuya belleza impresionaba a los barceloneses. Debía ser la niña algo coqueta, pues era famoso que gracias a esta reja, tenía frecuentes y nocturnas entrevistas con un doncel, de cuyo nombre y clase no estaría sin duda la joven bien informada.

Cierta noche de julio de 1520, ya entrada la noche, entraron por esta calle, que ya se llamaba de n’Aroles, tres hombres cubiertos los cuales, acercándose a la reja del jardín, comenzaron a forzarla con el fin de abrirla. Su intento era dar paso a la hija de conseller, que debía fugarse aquella noche con su amante. Debieron hacer mucho ruido o, tal vez, el silencio de la noche lo multiplicó. Eso hizo que fueran descubierto, alarmándose los vecinos, y comenzaron a oírse gritos de «¡Via foral ladres!». Consiguieron escaparse sin lograr su objetivo.

Juan de Gualbes, por ciertas noticias que había recibido con anterioridad, tenia una idea de la apariencia de aquellos presuntos y desconocidos ladrones. Por eso decidió que su hija cambiara de domicilio, llevándosela a la casa que tenía en la villa de Sarriá, que por aquellos tiempos era un pueblo independiente de Barcelona. Menos segura estuvo aún allí la joven, «que no había cerrojos bastante fuertes ni muros bastante altos para guardar a la mujer que no saber ser con su honestidad candado de su virtud, y con su recato, muro de su honra», como escribe Víctor Balaguer. El amante descubrió donde estaba su amada escondida por su padre. El 4 de agosto de 1520, a medio día, penetró el amante en la casa amurallada del conseller, al frente de una partida armada, llevándose consigo a la joven y desapareciendo los dos.

Fuera de sí e irritado el padre, cuando tuvo noticia de lo ocurrido, acudió al Consejo de Ciento para pedir justicia y venganza, manifestando como a su entender no podía ser otro el raptor de su hija que un joven de noble linaje llamado Gaspar Burgués de Sant Climent mozo de liviana conducta que, a pesar de estar tonsurado y ser clérigo, vestía como caballero y era conocido por sus lances de guerra y sus travesuras amorosas. Por recelo de este joven se había visto obligado Gualbes a esconder a su hija en Sarria.

El Consejo de Ciento se tomó a pecho la venganza del enojado padre, al ser uno de los miembros más destacados de este consejo. Mandó pregonar la cabeza del raptor, ofreciendo 300 florines para quien se apoderara de él, y dispuso que saliese el veguer (corregidor) en su busca con doscientos hombres. No tardó el somatén en dar con la pareja. La hija de Gualbes fue devuelta a su padre. En cuanto al joven reclamó el privilegio de ser clérigo y hubo de ser entregado a un tribunal eclesiástico.

Sobre esta historia existe una variante. Gaspar de Burgés era hijo de Francisco de Burgés de Sant Climent, señor de Viladecans y de Gava, propietario de la Torre Roja o Torre Burguesa de Viladecans. Con respecto a lo que acabamos de explicar Dolors Sanahuja escribe...

“Transcurrido el año, el asunto aún coleaba, y Gaspart Burgés decidió dirigirse a Juan de Gualbes con un cartel de desafío. El cartel, de una gran belleza, muestra hasta qué punto los sentimientos y las pasiones son inherentes a la condición humana por encima de los tiempos y de los colectivos. Gaspart Burgés utilizó el instrumento público de un cartel para dar a conocer a todo el mundo el amor existente entre él e Isabel de Gualbes, a quien consideraba ya como su esposa porque ante los ojos de Dios ya estaban casados, porque habían yacido juntos. El tierno muchacho puntualizaba cómo la relación amorosa no había sido forzada sino voluntaria, con el consentimiento absoluto de la mujer.

El enamorado reconoce la expresa voluntad del suegro de darle muerte y más de un año después del suceso –el cartel lleva la fecha de diciembre de 1521– las circunstancias no habían variado: el honor de mossèn Juan de Gualbes continuaba herido y solo la venganza lo podía curar; por eso el pobre Gaspart tuvo que huir y se refugió en Narbona, desde donde dio a conocer, a la desesperada, la situación”.

Por lo que sabemos Gaspar Burgués Sant Climent fue condenado a muerte y decapitado en la Plaza del Rey de Barcelona el 29 de julio de 1523.

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