Fachada del Bar Quimet d'Horta en Barcelona

Fachada del Bar Quimet d'Horta en BarcelonaJoandrés vía Wikimedia Commons

El Quimet d'Horta: un tesoro centenario que preserva la esencia del barrio barcelonés

A lo largo de décadas, El Quimet ha sido mucho más que un lugar para comer y beber

En el corazón de Horta, un barrio que conserva su identidad propia como si estuviera atrapado en una burbuja temporal, se encuentra El Quimet d'Horta. Ubicado en la plaza Ibiza, este establecimiento trasciende la simple categoría de bar para convertirse en parte fundamental del patrimonio histórico y cultural de la zona.

Fundado en abril de 1927 por el matrimonio de Rosita Not y Quimet Carlús, el local era conocido popularmente como «el bar del loro» gracias a Juanito, un loro gris de cola roja que entretenía a los clientes imitando el silbido del revisor del tranvía e incluso anunciaba la salida del 46, que paraba justo en la entrada del establecimiento.

Sin embargo, la fama del Quimet no se debe únicamente a su peculiar mascota. Desde sus inicios, los bocadillos servidos en este local ya mostraban un carácter especial. Casi un siglo después, muchos consideran que aquí se elaboran las mejores chapatas de Barcelona, una afirmación respaldada por una impresionante carta que incluye 95 variedades de bocadillos (40 de ellos de tortilla), además de bikinis, ensaladas, tapas exclusivas como el Huevo de Horta y alternativas para veganos.

A lo largo de décadas, El Quimet ha sido mucho más que un lugar para comer y beber. El establecimiento acogió la sede de la Unión Atlética de Horta, la Unión Ciclista de Horta y el Club de Ajedrez Alfil. Hasta los años 80, era común ver entre sus mesas de mármol animadas partidas de ajedrez, parchís y dominó, convirtiendo el local en un auténtico punto de encuentro vecinal.

En 1955, Jaime Jalmar Pujol tomó el relevo como propietario, manteniendo la filosofía original del lugar. Posteriormente, en 2006, su hijo Josep Lluís asumió la dirección, restaurando elementos originales como las puertas antiguas y el característico suelo. Bajo su gestión, El Quimet se transformó en un espacio inclusivo y se enriqueció con una impresionante colección de más de 3.000 botellines de licores de todo el mundo que ahora decoran las paredes.

Actualmente, El Quimet d'Horta reúne a personas de todas las edades: desde niños que disfrutan de un Cacaolat después del colegio, señoras que meriendan con un bikini y café con leche, trabajadores que hacen una pausa, hasta barceloneses que se adentran en Horta buscando autenticidad. El ambiente mantiene el espíritu tradicional de barrio con conversaciones animadas entre vecinos de toda la vida.

En El Quimet, el tiempo parece ralentizarse, ofreciendo un respiro para disfrutar plenamente del momento entre ecos del pasado. Ya sea en una mañana de café con bocadillo, una tarde de charla y merienda, una noche de tapas y cerveza, o un domingo de vermut, sentarse en su terraza confirma el dicho local: «Horta no es ni será nunca Barcelona».

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas