Obras de la Sagrada Familia en 1988, en la fachada del NacimientoWikimedia

Historias de Barcelona

Cuando la Sagrada Familia era un patio de recreo: «Era nuestro parque de atracciones»

Carmen Juan recuerda cómo en los años 70 el templo inacabado de Gaudí se convertía en lugar de juegos para los niños del barrio

Hoy, la Basílica de la Sagrada Familia es uno de los mayores activos de Barcelona: la que será la iglesia más alta del mundo es también uno de los monumentos más populares del mundo, superando en 2024 los 4,8 millones de visitantes. Dar un paseo por los alrededores de esta manzana del Eixample es adentrarse en un mar de turistas haciendo cola, móviles apuntando a las torres y una cacofonía de idiomas de los cinco continentes.

Sin embargo, esto no siempre fue así, como recordaba este miércoles la periodista Carmen Juan durante la presentación de la novela El aprendiz de Gaudí, de Jesús Bastante. Ironizando con las fuertes medidas de seguridad que los periodistas asistentes tuvieron que atravesar para acceder al templo –con bandeja y detector de metales incluido–, la subdirectora de Julia en la Onda recordaba un tiempo en el que Barcelona daba la espalda a la Sagrada Familia.

El arquitecto Óscar Tusquets fue uno de los promotores, en los años 60, de una carta pidiendo frenar por completo las obras, aunque décadas después, en 2021, entonaba el mea culpa: «Yo también reconozco que me equivoqué con la Sagrada Familia, yo ya lo he dicho. ¿Cómo pudimos equivocarnos tanto?», decía en una entrevista. Hubo otros que desdeñaban la obra de Gaudí tildándola de «mona de Pascua» gigante.

Parque de atracciones

Carmen Juan, nacida en 1961, vivió durante años frente a la fachada del Nacimiento de la Sagrada Familia. «Esto era un descampado, donde sólo se levantaban cuatro torres en las que trabajaban algunos picapedreros», recordaba en la presentación de la citada novela. Eran los años posteriores al Concilio Vaticano II, y la exhuberancia de Gaudí no casaba con ciertas tendencias rupturistas.

La Sagrada Familia, entonces, pertenecía a los vecinos del barrio. Muchos fueron los que se bautizaron, se casaron o celebraron su funeral en la cripta. Entre los años 40 y los 80, parte del solar se convirtió en una cancha de baloncesto. Para Carmen Juan, el templo de Gaudí era el escenario de juegos infantiles: «Era nuestro parque de atracciones», asegura.

«Nos colábamos al volver del colegio [era alumna de las Dominicas, en la cercana calle Mallorca] y los trabajadores no nos decían nada», explica, con una sonrisa. «Jugábamos a tocar y parar, subíamos a las torres, pasábamos de una a otra…», recuerda la periodista, que también guarda en la memoria cómo subían al Parque Güell –otro rincón gaudiniano que ha pasado de los vecinos a los turistas– con la merienda.

«Esta es la memoria de todos los niños del barrio», concluía la periodista, y Jesús Bastante apostillaba: «¡Carmen sí que tiene una novela!».