Plano del casco antiguo de Barcelona: adicional al plano general de Barcelona publicado en 1943 a la escala de 1:10 000
Un viaje de 300 años: así ha cambiado Barcelona desde el siglo XVIII
La transformación urbana y social de Barcelona desde sus murallas hasta la modernidad
La Barcelona del siglo XVIII sorprenderá a más de uno. Aunque algunos aspectos urbanísticos se han mantenido, la gran evolución de la ciudad estuvo marcada por el derribo de sus murallas. En aquel entonces, las dimensiones de Barcelona iban de norte a sur desde la Plaza Cataluña hasta el Paseo de Colón, y de este a oeste desde Las Ramblas hasta el Paseo San Juan. Posteriormente, la ciudad se amplió hacia la izquierda de Las Ramblas, hasta la actual Avenida del Paralelo, abarcando un total de 200 hectáreas.
Para entrar a Barcelona, el viajero contaba con 14 puertas o portales: el portal de los Orbs o del Ángel, en el inicio del Paseo de Gracia; el portal de Jonqueres, en la actual Plaza Urquinaona; el portal Nuevo, en el Paseo de San Juan; el portal de los Menoritas, de Sant Damià o de Campderà, en la Ciutadella; el portal de Caules, en la Vía Layetana; el portal de Framenors, al final de La Rambla; el portal de Treinta Llaves o dels Ollers, en la calle Nou de la Rambla; el portal de la Boqueria; el portal de la Puerta Ferrisa; y el portal de Santa Anna o de los Bargants.
Al decidir ampliar la ciudad hacia la izquierda de Las Ramblas, no se demolieron las antiguas murallas que bordeaban este torrente, sino que se extendieron los límites conservándolas. En esta ampliación se abrieron cuatro nuevas puertas: el portal de Tallers, en la Ronda Sant Antoni; el portal de San Antonio o de Cardona, en el actual Mercado de San Antonio; el portal de San Pablo o del Cagalell, cerca del monasterio de San Pablo del Campo; y el portal de Santa Madrona, en las Drassanes, que todavía se conserva.
Barcelona era una ciudad dominada por iglesias, conventos y monasterios, que poseían extensas tierras. Por ello, aunque la ciudad abarcaba 200 hectáreas, el espacio disponible para sus habitantes era muy limitado. Entre los edificios religiosos más destacados estaban la Catedral; Pía Almoina; las iglesias de Santos Justo y Pastor, San Miguel, Sant Jaume, Santa María del Mar, Santa María del Pi, San Felipe Neri, San Francisco de Paula, San Severo; los conventos de Santa Caterina, San Francisco de Asís, la Santísima Trinidad, San Sebastián, Junqueras, San Pedro de las Puelas, Montsión, los Carmelitas Descalzos, Capuchinos de Santa Madrona, entre otros; así como capillas como las de Santa Ágata, el Santo Espíritu, las Magdalenas y Sant Cugat del Rec.
A estos se sumaban los conventos y monasterios situados a la izquierda de Las Ramblas, como el del Carmen, San Agustín, Sant Pablo del Campo, la cartuja de Montalegre, las Jerónimas y las Capuchinas. En total, Barcelona contaba con 52 centros religiosos. Además, existían edificios oficiales como el Palau Real Mayor, la Corte del Veguer, el Palacio Real Menor, la Casa de la Ciudad, la Diputación del General, el Palacio Episcopal, y hospitales como el de la Santa Cruz y el de San Lázaro. Esto dejaba poco espacio edificable para los barceloneses.
Las plazas y calles principales de la época incluían la Plaza Nova, Pla de la Seu, calle del Obispo, Plaza del Rey, Plaza de las Coles, Freneria, Plaza del Trigo, Bajada de la Cárcel, calle Lledó, Bajada de Viladecols, calle de la Ciudad, calle de los Gigantes, Plaza de Santiago, Bajada de Santa Eulalia, Plaza de Santa Ana, Riera de San Juan, Boria, calle del Forn, calle del Hospital, calle del Carme, calle Robadors, calle del Mar o Argenteria, calle de Montcada, Plaza del Born, entre muchas otras.
El gran problema de la Barcelona amurallada era el aumento de población. Para dar cabida a todos, se decidió construir en la parte izquierda de Las Ramblas. De 1553 a 1717, la población aumentó un 300 %. En 1496, Barcelona tenía 28.655 habitantes; en 1717, 38.585; y en 1787, 106.086. Antes del inicio de la construcción del Eixample y del derribo de las murallas, a mediados del siglo XIX, la ciudad ya contaba con 231.997 habitantes.
La mayoría de los barceloneses eran analfabetos. La educación estaba reservada a eclesiásticos y personas adineradas. Solo aquellos con recursos sabían leer, escribir, sumar y restar. Los privilegiados aprendían latín, aritmética, lectura, escritura e historia sagrada, y generalmente solo los hombres tenían acceso a la educación. Para estudios superiores en gramática, retórica, dialéctica, aritmética, geometría, música y astronomía, se debía viajar a ciudades como Lérida, Perpiñán, Huesca, Toulouse, Montpellier, Aviñón, Bolonia o París.
Un hecho destacado fue el llamado eje de Fernando VII. En 1826 se proyectó esta obra con la intención de racionalizar la ciudad, creando un eje transversal de comunicación desde Las Ramblas hasta el Parque de la Ciutadella. Para ello, se derribaron varios edificios, como el convento de la Santísima Trinidad y la iglesia de Sant Jaume, construida en el siglo XIV. Se crearon dos grandes plazas a lo largo de este eje: la Plaza Real, en el lugar donde estaba el convento de los Capuchinos de Santa Madrona, y la Plaza de Sant Jaume. Así nació el eje transversal formado por las calles Princesa, Jaime I y Fernando.
Otro cambio urbanístico relevante se produjo tras las leyes de desamortización y exclaustración de Mendizábal, que permitieron vender cuatro quintas partes de las propiedades eclesiásticas en subasta pública. Por ejemplo, en el convento de Sant Josep se instaló el Mercado de la Boquería; en el convento de Santa María de Jerusalén se construyó la Plaza de la Gardunya; en la iglesia de San Vicente Paül se levantó el Palau de la Música; en el colegio de los Capuchinos de Sant Bonaventura, en La Rambla, el Hotel Oriente; y en la iglesia de los Trinitarios, el Gran Teatro del Liceo.