Fachada de la Cereria Lladó, Barcelona
Gastronomía
De fabricar velas a la cocina ecológica: así se ha transformado un histórico taller de Barcelona
Un espacio del siglo XIX que cambió la cera por crêpes vegetarianos en pleno Barrio Gótico
Las estrechas calles del casco antiguo barcelonés esconden historias fascinantes de reconversión urbana. Una de las más curiosas se encuentra en la diminuta Baixada de Sant Miquel, donde un antiguo taller de fabricación de velas ha renacido como cooperativa gastronómica sostenible.
Según información de Metropoli Abierta, el inmueble del número tres de esta vía histórica albergó durante décadas la Cerería Lladó, un negocio fundamental en la época previa a la electrificación de la ciudad. Mientras Barcelona dependía de la llama de las velas para alumbrarse, este establecimiento funcionaba como centro neurálgico de producción cérea, abasteciendo tanto a particulares como a comercios y templos religiosos.
La metamorfosis del espacio resulta llamativa: donde antes se moldeaba cera para crear luminarias, ahora se muelen cereales ancestrales como la espelta y el kamut para elaborar bases de pizza y crêpes. El restaurante La Cereria ha mantenido deliberadamente la denominación original como tributo a su pasado industrial, conservando además elementos arquitectónicos de la época, incluyendo el característico pavimento de baldosas bicolores.
Lo que más sorprende a los visitantes es descubrir que el acceso principal no se realiza por la fachada de la Baixada de Sant Miquel, sino a través del elegante Pasaje del Crèdit. Esta galería comercial techada, obra del arquitecto Magí Rius i Mulet y finalizada en mil ochocientos setenta y nueve, representa uno de los primeros ejemplos barceloneses de arquitectura comercial inspirada en los famosos passages parisinos.
Un detalle revelador perdura en el dintel: el rótulo original «Cerería Lladó por el pasaje» permanece visible, pintado sobre el marco granate de la entrada, como testimonio silencioso de aquellos tiempos en que la luz artificial era un lujo artesanal.
La investigación de Metropoli Abierta revela, sin embargo, ciertas incógnitas cronológicas. Los archivos catastrales fechan la construcción actual en mil novecientos cuarenta y seis, lo que genera interrogantes sobre si el edificio original fue reconstruido o si la cerería ocupó previamente otra estructura en la misma ubicación.
Actualmente, el local exhibe una colección de instrumentos musicales latinoamericanos y discos, eliminando cualquier vestigio del antiguo oficio cerero. Esta reconversión ilustra perfectamente cómo el tejido comercial del Barrio Gótico ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, manteniendo viva la memoria histórica mientras abraza filosofías contemporáneas de sostenibilidad y cooperativismo.